Una discusión acalorada

El papá de Xenia dio un golpecito al fuego con un palo.  Las llamas se habían apagado, dejando un brillo caliente en los carbones.  “Hija, nuestra parrilla está lista.  Ve a traer la carne que tu mamá tiene en la cocina”.

Xenia torció los ojos.  “Madrastra”.  La niña pateó una piedra en el piso.  “Yo no quiero hablar con ella.  Dile a Néstor que vaya”.

Papá dejó de enfocarse en el fuego y frunció el ceño.  “¿Qué está pasando?”

“Ella siempre me grita y me da órdenes”, aseguró Xenia.  “No importa lo que yo esté haciendo, siempre viene y dice: ‘Xenia, haz esto… Xenia, haz lo otro’.  Entonces yo me enojo y le grito también, entonces…”

Su padre le hizo señas para que se acercara.  “Creo que nuestro fuego está muriendo.  Tráeme una botella de la gasolina que uso para la cortadora de césped.  Eso hará que el fuego vuelva a encenderse”.

“¡No, papá!  Lo he visto en las películas.  Jamás debes usar la gasolina con el fuego.  ¡Habrá una explosión!”

“Eres una jovencita muy sabia.  ¿Cómo puedo hacer que el fuego vuelva a encenderse con fuerza y estar a salvo al mismo tiempo?”

Xenia miró extrañada a su padre.  Él debería saber estas cosas.  “Te acercas y soplas muy suavemente.  Eso casi siempre funciona”.

La sonrisa en la cara de papá hizo que sus ojos brillaran con la misma fuerza que las estrellas que descansaban en el cielo que los cubría.  “Creo que así es como deberías tratar con tu madrastra.  Sé que ha sido difícil para ti vivir lejos de tu mamá y que otra persona esté aquí.  Pero, tal vez, si le hablas con gentileza, verás otro lado de tu madrastra”.

Xenia negó con la cabeza.  “Es muy difícil.  No puedo hacerlo”.

El padre sopló suavemente las brasas.  “No te olvides que Jesús es el Príncipe de Paz.  Como tú lo conoces, llevas Su paz en tu interior y puedes mostrarla a las demás personas.  Voy a conversar también con tu madrastra, pero la próxima vez que tengas una discusión, recuerda que puedes soplar suavemente en el fuego, en lugar de causar una explosión.  Muéstrale a tu madrastra la paz y el amor que Dios ha puesto en tu corazón al obedecerla y hablarle con bondad”.

Xenia meditó en esas palabras.  Siempre se había dirigido a su madrastra como un puercoespín con sus púas levantadas: erizada, enojada, a la defensiva.  Con razón siempre discutían.  Las cosas nunca volverían a ser como antes que su mamá se fuera de la casa, pero lanzar gasolina al fuego no sería bueno para nadie.

“Está bien, papá”, admitió Xenia.  “Así lo haré”.  —  DIANNE J. WILSON

VIVE EN PAZ CON LOS DEMÁS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:18

¿Te enfadas rápidamente con las personas si te dicen algo que te molestan?  Aun cuando sientas que te lastiman o te hacen enojar con sus palabras, no tienes que permitir que tu ira cause una explosión.  Si conoces a Jesús, Él te ha dado Su Espíritu para que puedas mostrar Su paz y amor a los demás, incluso in medio de una discusión acalorada.  Confía en que Dios te ayudará a responder a otros con gentileza, para que puedan ver la calidez de Su amor.

Clave de Hoy
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