Saca la basura
Papá cerró la cajuela del carro.
—Muy bien, todo está empacado. ¡Vamos!
—¡Espera! —gritó mamá—. Ariana y Nolan, por favor, saquen la basura de sus habitaciones y de la cocina antes de irnos.
—Iré a las habitaciones —dijo Ariana.
Nolan fue a la cocina y miró la bolsa de basura. Ni siquiera estaba llena. «La sacaré cuando regresemos», pensó, y corrió para asegurar su lugar en el auto.
Unas horas más tarde, llegaron al estacionamiento del hotel.
—Parece que hubo una tormenta de viento por aquí —comentó la madre—. Los tachos de basura están volteados y hay desperdicios regados por todos lados.
Papá asintió.
—Quizá algunos mapaches hicieron una fiesta.
—Hablando de basura… —mamá volteó a ver al asiento trasero—. ¿Sacaron la basura?
—¡Sip! —anunció Ariana con orgullo.
Hubo un largo silencio y el padre miró a Nolan por el espejo retrovisor.
—¿Y tú?
—Estaba casi vacía —declaró Nolan—. Me pareció que podía esperar.
—¡Oh, no! —exclamó la madre—. Esta mañana tiré una comida podrida —ella suspiró—. Ojalá hubieras hecho lo que te pedí, hijo. En un par de días, ¡la cocina olerá como un botadero de basura!
—Esto me hace acuerdo de una historia verdadera —señaló el padre—. Hace cuarenta años, la ciudad de Filadelfia tenía un tremendo problema de basura. Los recolectores de basura hicieron una huelga y los desperdicios se apilaron por toda la ciudad; ¡hubo un olor terrible por veinte días!
—¡Qué asco! —Ariana arrugó la nariz.
—Entonces decidieron quemar la basura y cargar las cenizas en un barco, para llevarlas muy lejos. El barco viajó a siete países diferentes, pero nadie quería recibir las cenizas.
—Bueno, al menos no tenemos tanta basura en nuestra cocina —expresó Nolan.
—No, pero el pecado es como la basura de la que no podemos deshacernos por nosotros mismos —respondió papá—. Pero, a diferencia de ese barco, conocemos a Alguien que siempre está dispuesto a llevárselo si se lo pedimos.
La respuesta era fácil.
—Jesús —afirmó Nolan—. Podemos confesarle nuestro pecado y Él se llevará la basura y nos dejará limpios —el niño suspiró—. Lamento no haberte obedecido. Sacaré la basura en el instante mismo que lleguemos a la casa.
Papá sonrió.
—¡Para entonces, vas a necesitar un matamoscas, una mascarilla y guantes!
Matt Shoemaker
JESÚS SE LLEVA NUESTRA BASURA
VERSÍCULO CLAVE: 1 Juan 1:9
SI CONFESAMOS NUESTROS PECADOS, ÉL ES FIEL Y JUSTO PARA PERDONARNOS LOS PECADOS Y PARA LIMPIARNOS DE TODA MALDAD.
¿Hay algún pecado maloliente que hace peso en tu corazón? ¿Tienes basura en tu vida que necesitas que alguien la saque? Pídele a Jesús que se la lleve. Él murió y resucitó para salvarte del pecado y siempre está dispuesto a sacar tu basura. Cuando le confiesas tu pecado, ¡Él con gusto te perdonará y se lo llevará!
