En sus ojos

“Mamá, ¿vamos a traer a las nuevas gatitas esta semana?”, chilló Serena llena de esperanza.

“¡Sí!”  Carlos daba brincos de alegría.  “¡No puedo esperar más!”

Su madre rio.  “Ahora que lo mencionan, hijitos… ¡llegarán como en una hora!  Pero tengo que decirles algo”.  La voz de mamá se elevó por encima de los gritos de emoción.  “Estas gatitas tienen problemas en sus ojos.  La señora que las ha estado cuidando me contó que nadie las quería por eso.  Todavía no he visto fotografías, entonces no sé qué tan grave es el problema.  Solo quería que lo supieran.  No se verán como ninguno de los gatos que encontrarían en una tienda de mascotas y vamos a tener que darles medicina todos los días”.

“¿Se van a sanar algún día, mamá?”, preguntó Serena.

La madre suspiró.  “No sé, mi vida.  Pero sí sé que son gatitas muy dulces.  Son hermanas y la señora quería que se quedaran juntas, que fueran a un buen hogar con personas que las amaran y cuidaran, sin importar su apariencia”.

“No me molesta cómo se vean”, habló Serena con convicción.  “¡Solo quiero cuidarlas bien!”

“Sé que lo harás”, aseguró mamá con una sonrisa.

Carlos le entregó a su madre una bolsa de comida para gato.  “¿Sabes?  Algo me dice que vamos a ver a nuestras nuevas gatitas como Dios ve a las personas.  Nadie es perfecto… todos tenemos problemas.  Pero Dios nos ama de todos modos”.

Serena estuvo de acuerdo con su hermano mayor.  “¡Carlos tiene razón!  Y las amaremos porque son nuestras gatitas, no por cómo se ven o por lo que puedan hacer”.

Mamá parpadeó para contener las lágrimas.  “Ellas nos necesitan, del mismo modo que nosotros necesitamos que Jesús nos sane con Su amor.  Somos tan preciosos en Sus ojos”.

“No me importa cómo se vean los ojos de nuestras gatitas, mamá.  Solo quiero amarlas y cuidarlas, así como Jesús cuida de nosotros”, susurró Carlos.

“Yo también, hijitos”.  La madre abrazó a sus hijos.  “¡Ahora terminemos de armar nuestro paraíso gatuno!”  —  SAVANNAH COLEMAN

MIRA A LOS DEMÁS A TRAVÉS DE LOS OJOS DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 5:8 (NTV)

DIOS MOSTRÓ EL GRAN AMOR QUE NOS TIENE AL ENVIAR A CRISTO A MORIR POR NOSOTROS CUANDO TODAVÍA ÉRAMOS PECADORES.

¿Has pensado alguna vez en cómo Jesús te ve a ti y a las demás personas?  El no se enfoca en nuestras imperfecciones o nuestras cicatrices.  Al contrario, Jesús nos acepta como somos y nos sana con Su amor.  Por eso deberíamos ver a los demás del mismo modo, para que podamos compartir de Su amor con ellos.  ¿Cómo puedes poner en práctica el ver a otros con los ojos de Jesús en este día?