El faro

—¡Ya casi llegamos! —exclamó Jefté. Él salió corriendo por el sendero hacia el faro en la ensenada de Peggy, en Canadá. Él cruzó las enormes rocas planas que rodeaban el edificio. No se dio cuenta de que su mamá hizo una pausa para ayudar a su hermana menor, Sara, a trepar a un peñasco. Mientras su familia admiraba el océano, Jefté subió por unas gradas de madera que habían sido talladas en la roca, que llevaban a uno de los faros más fotografiados en el mundo.

El niño inclinó su cabeza hacia atrás al contemplar con asombro el edificio blanco con rojo.

—Mamá, ¿podemos entrar?

Cuando ella no contestó, Jefté se dio la vuelta, examinó una multitud de extraños y su madre no estaba allí. Su corazón latió con fuerza.

—Mamá, ¿dónde estás?

—Estoy aquí —mamá y Sara se acercaron desde un costado.

Jefté exhaló y abrazó a su madre con fuerza.

—Pensé que me había perdido.

—Estabas mirando al lugar equivocado —le dijo ella, abrazándolo también con fuerza—. Te estaba observando desde allá —ella apuntó al peñasco.

—¡Yo trepé esa roca grande! —exclamó Sara, brincando de emoción—. Ahora subamos al faro.

—No podemos entrar —indicó su madre—. Este edificio tiene más de cien años —ella guio a sus hijos alrededor del faro—. Piensen en todos los marineros y pescadores que se salvaron por este rayo de luz.

—¿Cómo les ayudaba allá en el mar? —preguntó Sara, mirando fijamente el océano.

—Cuando estaba oscuro o con neblina, dirigían a los botes hacia la luz del faro. Esa luz los guiaba a tierra. Sin ese rayo, no sabrían en cuál dirección ir y podrían haberse perdido en el mar.

Jefté arrugó las cejas.

—Eso sería aterrador… como cuando creí que estaba perdido, pero peor.

—Estabas mirando en la dirección equivocada. Yo siempre estuve cerca —aseguró mamá, rodeando el hombro de su hijo con su brazo—. Igual que Jesús. Él es la luz del mundo. El Señor te salvó del pecado y siempre estará allí para guiarte, especialmente cuando tengas miedo o no sepas qué hacer… así como un faro brilla en la oscuridad para ayudar a las personas a que encuentren el camino.

Mamá sacó su cámara. Jefté saludó como un marinero y eso hizo reír a Sara. La madre les sacó una fotografía y exclamó:

—¡Esa la vamos a enmarcar!

Elena Dee

JESÚS ES LA LUZ QUE NOS GUÍA

 VERSÍCULO CLAVE: Juan 8:12

JESÚS LES HABLÓ OTRA VEZ, DICIENDO: «YO SOY LA LUZ DEL MUNDO; EL QUE ME SIGUE NO ANDARÁ EN TINIEBLAS, SINO QUE TENDRÁ LA LUZ DE LA VIDA».

¿Hay veces en que no estás seguro de qué hacer en una situación complicada? Si te sientes perdido, pídele ayuda a Jesús. Él es la luz del mundo y puedes confiar en que Él te guiará en medio de las dificultades. Jesús te da una guía a través de Su Palabra, la Biblia, y Él también ha puesto personas en tu vida a las que puedes ir a pedir ayuda, como un amigo, un miembro de tu familia o un adulto de confianza. No importa lo que estés pasando; nunca estás solo cuando Jesús es la luz que te guía.