Hermanos y hermanas
Nora dejó que la puerta se cerrara con fuerza justo en el momento en que su hermano la alcanzó.
—Bueno, gracias —dijo Lucio con sarcasmo.
—Tú nunca me esperas con la puerta abierta —respondió Nora.
—Tú nunca me esperas con la puerta abierta —remedó Lucio.
Nora hizo una mueca.
—No me remedes.
—No me remedes.
—¡Basta, Lucio! —gritó Nora.
—¡Basta, Lucio! —se oyó el eco.
Nora corrió a su habitación y dio un portazo.
Al día siguiente mientras Nora y su amiga Zoe caminaban a la casa desde la parada del autobús, el hermano de Zoe, Tito, las alcanzó.
—¿Cómo te fue en el examen de ortografía, hermanita? —le preguntó.
—¡Genial! —contestó Zoe—. ¡Escribí bien todas las palabras!
—¡Qué excelente! —Tito empezó a correr para alcanzar a su amigo—. ¡Haré palomitas de maíz cuando lleguemos a la casa! —gritó mirando hacia atrás.
Zoe sonrió y se despidió con la mano mientras su hermano se iba.
Nora miró a su amiga.
—¿Tú y Tito siempre son tan amables el uno con el otro?
—Antes peleábamos mucho —explicó Zoe—. Pero hemos estado aprendiendo de Jesús en la iglesia y de cómo Él nos ama tanto que murió por nosotros y quiere que amemos a otros y vivamos en paz. Eso significa que nos deben importar los sentimientos de otras personas, incluso si no se portan bien con nosotros. Así que lo intenté y Tito también lo intentó, ¡y realmente hizo la diferencia! A veces nos olvidamos, pero ahora nos llevamos mucho mejor que antes.
«Tal vez debería intentar lo mismo con Lucio», pensó Nora.
Lucio llegó a casa en el momento en que Nora corría por las gradas, así que ella esperó con la puerta abierta para que su hermano pasara.
—¿Qué te pasa? Algo anda mal contigo.
—No me pasa nada —respondió Nora.
—No me pasa nada —repitió Lucio.
Nora solo rio y fue a su habitación. Durante la cena, Nora le pasó las patatas a Lucio antes de servirse ella misma.
—¿Cómo te fue en la escuela? —preguntó.
—Terrible —fue la respuesta de Lucio—. No entiendo las multiplicaciones.
—Te puedo ayudar más tarde, si quieres —ofreció Nora.
Lucio se quedó perplejo.
—¿Por qué?
—Porque quiero hacerlo —contestó Nora.
Lucio la miró extrañado, y Nora casi no podía creerlo cuando su hermano le pasó el pollo para que ella pudiera tomar primero una presa.
«Gracias, Jesús», oró Nora en silencio. «Por favor, ayúdanos a aprender a vivir en paz».
Janice M. Jones
SÉ UN PACIFICADOR EN TU HOGAR
VERSÍCULO CLAVE: Salmo 34:14
APÁRTATE DEL MAL Y HAZ EL BIEN, BUSCA LA PAZ Y SÍGUELA.
¿Eres amable con tus hermanos? ¿O les fastidias y los tratas mal, especialmente cuando ellos te tratan del mismo modo? No es fácil ser amable con alguien que no está siendo amable contigo, pero Jesús puede ayudarte a llevar la paz a tus relaciones. Confía en que Él te ayudará a demostrar Su amor a tus hermanos y a llevar la paz a tu hogar.
