Asientos reservados

—¡Apúrate, papá! —insistió Abelardo mientras su padre conducía a toda velocidad por la autopista hacia el estadio de béisbol. Era la primera vez que iba a un partido de las ligas mayores, y no quería perderse nada—. ¡Si llegamos tarde, no encontraremos un buen lugar para sentarnos!

—No te preocupes, hijo. No nos quitarán nuestros asientos. Nuestros boletos están aquí —papá dio unas palmaditas al bolsillo de su chaqueta—. Comprados y pagados. Nuestros lugares están reservados para nosotros.

—Reservados… eso significa que están guardados para nosotros, ¿verdad?

—Correcto —afirmó su padre mientras entraba en el estacionamiento del estadio—. La gente hace reservaciones todo el tiempo, para boletos de avión, habitaciones en hoteles, restaurantes y… —papá dio palmaditas en su bolsillo otra vez—. Para los asientos en los juegos de béisbol —él miró a su hijo—. Puede que no lo sepas, pero cuando confiaste en Jesús como tu Salvador en el campamento, el mes pasado, Él hizo una reservación también para ti en ese instante.

—¿En serio? —Abelardo miró a su padre, sorprendido.

—¡Sí! —exclamó papá—. Ahora tienes una reservación en el cielo y siempre habrá un lugar allí para ti. Jesús la pagó Él mismo al morir en la cruz por tus pecados y al resucitar de entre los muertos, y cuando regrese algún día, tendrás tu propio lugar especial en el nuevo mundo perfecto que el Señor creará.

Estacionaron el automóvil y se apuraron para entrar al estadio.

—¿Estás seguro de que nos guardaron nuestros asientos? —preguntó Abelardo mientras veía la multitud de espectadores—. ¡Si no lo hicieron, vamos a tener que estar de pie todo el partido!

Su padre sonrió al ver los talones de sus boletos e hizo señas a un hombre que estaba ayudando a la gente a encontrar sus asientos.

—Ese caballero nos mostrará a dónde debemos ir —indicó papá—. Vamos.

Abelardo siguió a su padre en medio del ruido de la multitud y pronto los vio: dos asientos vacíos.

—¡Qué bien! —expresó el niño—. ¡Aquí están, papá! ¡Esperándonos!

Mientras se sentaban en sus puestos, el padre le dijo a su hijo:

—Estos asientos son excelentes, pero no son nada en comparación con tener reservaciones en el cielo, ¿no crees? Me alegra que haya un lugar guardado para los dos allá.

Abelardo sonrió y asintió, antes de voltear la mirada al campo de juego y ver el partido.

JONNYE R. GRIFFIN

RESERVA TU LUGAR EN EL CIELO

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 1:3-4

[DIOS NOS HA DADO] UNA ESPERANZA VIVA, MEDIANTE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO DE ENTRE LOS MUERTOS, PARA OBTENER UNA HERENCIA… RESERVADA EN LOS CIELOS PARA USTEDES.

¿Alguna vez te has preocupado de no tener un lugar reservado en el cielo? Si has confesado que eres pecador y confiaste en Jesús como tu Salvador, has recibido un lugar en Su Reino eterno que nunca te será quitado. Si no has puesto tu confianza en Jesucristo como tu Salvador, no esperes más. Confía en Jesús hoy y tendrás un lugar con Él por toda la eternidad. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).