El dedo roto

Marisela disfrutaba mucho al ser parte del comité de planificación del grupo de jóvenes, pero frunció el ceño cuando Julio compartió su idea para una actividad.  “¿Qué tal si planeamos un programa evangelístico para los jóvenes de nuestra comunidad?”, sugirió.  “Podemos asignar a cada persona del grupo de jóvenes algo qué hacer.  Así todos estarían involucrados”.

Al señor Monroy, quien era el líder de jóvenes, le gustó la idea.  “Eso encajará muy bien con el estudio bíblico que estoy planificando para las próximas semanas”.

“Pero algunos niños nunca quieren hacer nada”, objetó Marisela.  “No sé cómo podríamos involucrarlos si no están interesados.  ¿Qué haremos con ellos?  ¿O tal vez no tiene importancia?  ¿En verdad los necesitamos?”

“No los necesitamos”, aseguró Gabriela, otra miembro del comité, moviendo su cabeza en un gesto negativo.

Julio no estaba de acuerdo.  “Queremos que todos participen”, insistió.

“A ver, pensemos”, indicó el señor Monroy.  Entonces se dirigió a Marisela: “Hace algunos días te rompiste el dedo pulgar.  ¿Eso tiene importancia?  ¿Qué tan importante es tu pulgar?”

“¿Mi pulgar?”, preguntó Marisela, sorprendida.  Ella rio al bajar la mirada para ver su dedo envuelto en vendajes.  “No creía que lo usaba mucho… hasta que no pude usarlo para nada.  Ahora que está roto, me doy cuenta de cuánto en verdad lo necesito.  ¡Es mucho más importante de lo que me imaginaba!”

“Sí, eso creí”.  El señor Monroy sonrió.  “Y Dios dice que eso es exactamente lo mismo que sucede con los creyentes que son parte de Su iglesia.  Todos los que confían en Jesús componen el cuerpo de Cristo y cada miembro, sin excepción, es importante, al igual que cada órgano de nuestro cuerpo físico.  Cada persona tiene una tarea por cumplir en el cuerpo de Cristo para que este funcione apropiadamente”.

“Eso tiene sentido”, admitió Marisela, “pero…”  Ella frunció el ceño.  “Todavía no sé cómo lograremos que los demás chicos ayuden, si no quieren”.  Entonces miró nuevamente su pulgar.  “¿O creen que ellos querrán ayudar si les demostramos que son necesarios?”

Julio asintió.  “Sí, creo que si hacemos énfasis en que cada persona tiene un papel en nuestro programa de evangelismo y ayuda para la comunidad, más chicos querrán ayudar”.

“Buena idea”, afirmó el señor Monroy.  “¡Manos a la obra!”  —  DEANA L. ROGERS

ERES IMPORTANTE

VERSÍCULO CLAVE: 1 CORINTIOS 12:27 (NVI)

USTEDES SON EL CUERPO DE CRISTO, Y CADA UNO ES MIEMBRO DE ESE CUERPO.

¿Crees que nadie te necesita o que no tienes la capacidad para servir a Jesús?  Si así piensas, estás en un error.  Las cosas que hacen podrían parecer pequeñas a tus ojos, pero cada parte del cuerpo de Cristo es necesaria.  ¿Qué puedes hacer para servir y demostrar a la gente el amor de Cristo?  ¿Ayudar a las personas para que encuentren un asiento en la iglesia?  ¿Acercarte a un niño que no tenga amigos?  ¿Enviarle una tarjeta a alguien que esté enfermo?  Piensa en algo que podrías hacer y luego hazlo.  Eres importante en la familia de Dios.