Paz en medio del ruido
Lisbeth estaba espantada con el ruido que golpeó sus oídos cuando entró en el refugio de animales detrás de su mejor amiga. Nunca había oído tantos ladridos en su vida.
—No siempre es así —explicó Gina. Ella había sido voluntaria por mucho tiempo, pero esta era la primera vez que Lisbeth había venido con ella y su amiga.
Ellas caminaron por un pasillo con jaulas, y parecía que todos los perros estaban ladrando. Lisbeth sonrió cuando vio una perrita solo acostada en su jaula. No se veía enojada, ni enferma ni nada parecido; solo se veía en paz, como si realmente no le molestara todo el ruido que hacían los otros perros.
—¿Recuerdan lo que dice la Biblia sobre tener paz? —gritó la madre de Gina para que la oyeran entre los ladridos de los perros—. Dice que debemos hacer nuestra parte para vivir en paz con los demás, aun si el mundo a nuestro alrededor no es pacífico. Creo que la señorita Rubí entendió el mensaje —ella apuntó a la perrita que Lisbeth había notado—. Pero tenemos algo que ella no tiene —continuó la mamá de Gina—. Ya que pertenecemos a Jesús, tenemos Su paz y amor en nuestros corazones. Eso es lo que nos permite en verdad tener paz.
Ellas pasaron tiempo jugando con los perritos y dándoles mucho amor. Después, fueron a dejar a Lisbeth a su casa y, cuando caminaba hacia la puerta, pudo escuchar los gritos. Desde que su madre se había casado de nuevo, siempre había ruido en la casa.
Lisbeth abrió la puerta. Su hermano mayor estaba peleando con uno de sus hermanastros. Sus hermanas gemelas peleaban por una muñeca. Una de sus hermanastras estaba chillando. Ella se tapó los oídos.
Había veces en que Lisbeth acompañaba a los demás. Cuando todos estaban enojados, era difícil no estarlo también. Pero hoy quería algo diferente.
Lisbeth caminó hacia su hermanastro menor y se sentó junto a él. El pequeño no se había unido a los gritos, pero tampoco se veía muy feliz.
—¿Quieres jugar algún juego? —preguntó Lisbeth—. Jugaré contigo.
—¿Afuera? —preguntó David, con los ojos muy abiertos mientas miraba todo lo que sucedía a su alrededor en la sala.
Lisbeth rio.
—Claro —la niña quería ayudar a traer paz a su hogar, pero no tenía que quedarse en medio del caos para hacerlo.
Emily Acker
VIVE DE MANERA PACÍFICA
VERSÍCULO CLAVE: Romanos 12:18
SI ES POSIBLE, EN CUANTO DE USTEDES DEPENDA, ESTÉN EN PAZ CON TODOS LOS HOMBRES.
Cuando todos a tu alrededor gritan y están malhumorados, ¿te unes a ellos? ¿O tratas de ser la única persona con paz en ese lugar? Si conoces a Jesús como tu Salvador, puedes tratar a los demás de una manera pacífica y amorosa, aun cuando el enojo estalla y nadie se pone de acuerdo. Confía en que el Señor te ayudará a hacer lo posible para mantener la paz. ¿Hay algo que puedas hacer, con la ayuda de Dios, para que tu hogar sea más pacífico?
