Bendiciones sazonadas
—¿Qué estás haciendo, tía Laura? —Débora se trepó en el taburete para ver mejor el limón que su tía estaba rallando—. Dijiste que ibas a hacer ponquecitos de arándanos… ¿pero les estás poniendo cáscara de limón? —la niña hizo una mueca.
—Es mi ingrediente secreto —respondió la tía Laura, mientras agregaba la ralladura de la cáscara de limón en la mezcla.
La mueca de Débora se quedó estampada en su cara.
—Pero nadie come cáscara de limón.
La tía Laura soltó una carcajada.
—No, no directamente de la fruta —ella midió la sal y dijo—: Tampoco nadie come sal directamente de la cuchara.
Deb rio.
—¡Eso sería terrible!
La tía Laura se puso a batir la mezcla.
—La cáscara del limón y la sal son condimentos que agregan sabor para que los ponqués sepan mejor.
—No entiendo cómo funciona eso —comentó Débora. Ella apoyó los brazos en el mesón—. Tampoco entiendo a qué se refería Jesús cuando digo que las personas son la sal de la tierra.
—¡Las personas pueden actuar como sal! —aseguró la tía Laura, limpiándose las manos en su delantal—. Como seguidores de Jesús, podemos confiar en que Él nos ayudará a mezclar Su verdad y Su amor en lo que decimos y hacemos —ella empezó a poner la masa en los moldes para los ponqués—. Si hacemos eso, entonces agregamos el ingrediente extra de la fe a nuestras palabras y acciones. De cierta manera, lo «sazonamos» con la bondad de Dios.
—¡Ya lo entiendo! —exclamó la niña—. Si digo y hago cosas que demuestran que tengo fe en Jesús, entonces agrego sabor, al igual que la sal —ella brincó para bajarse del taburete y abrir la puerta del horno para la tía Laura—. Pero ¿cómo sé si lo estoy haciendo bien?
—Eso es fácil —afirmó su tía, deslizando el molde con los ponqués en el horno—. Cuando tus palabras y acciones se alinean con lo que Dios dice en la Biblia y la bondad y el amor que Jesús nos ha mostrado, ¡dejas un rastro de bendiciones dondequiera que vayas!
—Quiero ser una bendición —declaró Débora. Ella se dirigió al fregadero y tomó un trapo. Con él, secó unas gotas de masa derramada en el mesón—. ¿Eso agrega un poco de sabor a tu día? —preguntó Deb con una sonrisa.
La tía Laura la abrazó y dijo:
—¡Esa sí que es una bendición que puedo saborear!
Elena Dee
SÉ UNA BENDICIÓN
VERSÍCULO CLAVE: Colosenses 4:6
QUE SU CONVERSACIÓN SEA SIEMPRE CON GRACIA, SAZONADA COMO CON SAL, PARA QUE SEPAN CÓMO DEBEN RESPONDER A CADA PERSONA.
¿Tus palabras y acciones revelan tu fe en Jesús? ¿«Sazonas» tu día con conversaciones y acciones que reflejan el amor que Jesús te ha mostrado? Confía en que Dios te guiará en lo que dices y en lo que haces, para que otras personas puedan ver Su verdad, Su amor y Su bondad en tu vida. ¿Puedes pensar en algunas personas a las que quieres ayudar? ¡Demuéstrales a otros tu fe y sé una bendición para ellos!
