Llevar mucho fruto

—¡Mira todas esas calabazas! —exclamó Tadeo, emocionado por ayudar a su tía Carolina con la cosecha de su huerto de calabazas. Los frutos anaranjados adornaban el piso del enorme campo.

La tía Carolina sonrió.

—¿Sabías que cada calabaza tiene quinientas semillas adentro?

—No, pero sí sé que la tarta de calabaza es deliciosa —comentó el niño.

Su tía despeinó cariñosamente el cabello de su sobrino y después entró cuidadosamente en el campo, asegurándose de plantar sus pies en la tierra y no en las plantas. Tadeo levantó su pierna para evitar pisar los zarcillos y la enredadera. Se detuvo junto a un montículo de tierra.

—¿Qué es esto?

—Aquí es donde sembré la semilla que creció hasta convertirse en la calabacera.

—¿Una semilla? —el niño arrugó la cara—. ¿Una semilla produjo todos estos tallos?

Varios zarcillos con grandes hojas verdes salían de la planta principal como si fueran los tentáculos de un pulpo, y se estiraban y serpenteaban a lo largo del campo.

—¡Pero hay muchas calabazas en cada zarcillo! —agregó Tadeo.

—Una semilla puede producir mucho fruto —la tía Carolina le dio palmaditas en el hombro—. Después de recoger las calabazas, llévalas a la cerca.

—Está bien.

Tadeo arrancó una calabaza pequeña de la planta y luego una más grande. Mientras las cargaba hacia la cerca, su pie se enredó en un zarcillo. El niño dejó las calabazas en el piso y desenredó cuidadosamente su tobillo de la planta. Una vez que estuvo libre, enderezó el zarcillo con delicadeza mientras arrancaba los frutos maduros a su paso. Cuando terminó, la enredadera se estiraba hasta la cerca, donde la tía Carolina estaba observándolo.

—¡Coseché ocho calabazas de este zarcillo solamente! —exclamó Tadeo—. Fue un buen tallo.

La tía sostuvo una calabaza.

—Esto me hace pensar en Jesús. Él nos provee alimento espiritual, así como un tallo saludable ayuda a cada calabaza a crecer.

Tadeo sonrió y se limpió la frente.

—Aprendimos en la escuela dominical que, si confiamos en Jesús, podemos demostrar Su amor a los demás y contarles sobre Él. ¡Y entonces ellos también quizá tomarán la decisión de confiar en Él también!

—Correcto —afirmó la tía Carolina—. Al compartir las Buenas Nuevas de Jesús, podemos llevar buen fruto, tal como estos tallos de la calabacera. ¡Sembrar las semillas del amor de Dios ayuda a otros a conocer y a seguir al Señor!

ROSE ROSS ZEDIKER

AYUDA A QUE EL REINO DE DIOS CREZCA

VERSÍCULO CLAVE: GÁLATAS 6:9 (NVI)

NO NOS CANSEMOS DE HACER EL BIEN, PORQUE A SU DEBIDO TIEMPO COSECHAREMOS SI NO NOS DAMOS POR VENCIDOS.

¿Estás produciendo un buen fruto para Jesús? Si Lo conoces como tu Salvador, Él te alimenta espiritualmente y te ayuda a crecer para que puedas compartir Su amor con los demás. Permite que Él te nutra mientras estudias la Biblia, vas a la iglesia y oras. Confía en que el Señor te ayudará a amar a otros a través de tus pensamientos y acciones del día a día. ¡Cuando produzcas el buen fruto en tu vida, ayudarás a que el Reino de Dios crezca!