El yeso azul de Esperanza
Esperanza se sentó en el columpio del porche de su casa y se quedó mirando fijamente el yeso en su brazo, que iba desde su muñeca hasta más arriba de su codo, y estaba cubierto con mensajes escritos a mano y dibujitos hechos por sus amigos.
Ella levantó su brazo y frunció el ceño.
—Esta no es la manera en la que quería pasar mi verano.
Su padre se sentó a su lado, sosteniendo dos paletas de helado. Él le entregó el azul, su favorito.
—¿Cómo te va, chiquita?
Esperanza no respondió enseguida. Ella le quitó el envoltorio a la paleta y después la mordió.
—Solo estuve veinte minutos en el aeropatín —dijo al fin—. Un pequeño desbalance y ahora… —ella levantó otra vez su brazo—. Pum. Yeso. No puedo nadar. No puedo hacer deporte. Nada.
Papá asintió.
—Sé que estabas emocionada con todas las actividades del verano.
—Tenía planes, papá. Iba a usar mi aeropatín para ir al parque, tener pijamadas todos los fines de semana, ir al campamento de fútbol, pero ahora no puedo hacer nada de eso —ella meneó la cabeza—. ¿Por qué Dios permitió que esto pasara? No hice nada malo.
Su padre se recostó en el columpio.
—¿Sabes? También me he hecho esa pregunta. Cuando perdí mi trabajo el año pasado, le pregunté a Dios por qué. No tenía sentido para mí.
—Pero después conseguiste un mejor trabajo —comentó Esperanza.
—Así es. Pero, en ese momento, no podía ver lo que Dios estaba haciendo. Solo sabía que tenía que confiar en Él, aun cuando nada tenía sentido.
Esperanza se quedó en silencio por un rato. Una ardilla corrió a toda velocidad por el jardín y una brisa hizo temblar las ramas de los árboles.
—Creo que es difícil confiar en Dios en este momento —admitió.
Papá la miró.
—Está bien decirlo. Dios ya sabe lo que hay en tu corazón. Pero la cosa es que Él todavía tiene un plan para ti, hija. Puede que no se parezca al plan que tú tenías, pero todavía es bueno.
—¿Cómo puede ser bueno haberme roto el brazo? —balbuceó.
—Quizá no se trata del brazo. Tal vez el Señor quiere hacer crecer tu corazón y ayudarte a ser más como Jesús.
Esperanza mordió nuevamente su paleta de helado y se quedó en silencio por un momento.
—Pero igual es horrible.
—Sí —afirmó su padre—. Pero Dios sigue siendo bueno.
Esperanza bajó la mirada y vio su yeso azul y suspiró.
—Está bien. Entonces trataré de confiar en Él, aun si por ahora esto no me gusta.
Naomi Beachy
LOS PLANES DE DIOS SON MEJORES QUE LOS TUYOS
VERSÍCULO CLAVE: Proverbios 16:9 (NTV)
PODEMOS HACER NUESTROS PLANES, PERO EL SEÑOR DETERMINA NUESTROS PASOS.
¿Alguna vez hubo algo que arruinó tus planes? Quizá fue algo pequeño, como perder un partido, o algo más grande, como perder a una persona que era importante para ti. Está bien que te sientas triste, pero recuerda, el plan de Dios siempre está lleno de amor, aun cuando no podamos ver lo que Él está haciendo. Confía en que el Señor estará contigo y moldeará tu corazón mientras cumple los planes que tiene para tu vida.
