Seguir la luz como un girasol

Romina espió por la ventana, puesta su uniforme de fútbol y comiendo un sándwich. El automóvil de su padre se estacionó frente a la casa y tocó la bocina. Era la semana de su papá para cuidarla.

—¡Adiós, mamá! —gritó Romina. La niña se puso su bolso en el hombro y corrió hacia afuera—. ¡Papá! ¡Aprendí algo genial! —exclamó mientras dejaba caer su maleta a sus pies. Ella equilibró su sándwich en su rodilla mientras se ponía el cinturón de seguridad.

—¿De verdad? —preguntó su padre. Entonces pasaron frente al jardín de girasoles de sus vecinos—. ¿Qué aprendiste?

—¿Ves esos girasoles? ¿Sabías que son comestibles desde la raíz hasta los pétalos? ¡Se usan para todo tipo de cosas! El aceite de girasol es un ejemplo.

Papá asintió.

—A veces lo uso para cocinar.

—¡Pero lo más genial de los girasoles es el heliotropismo! —continuó Romina—. Esa es una palabra sofisticada que describe cómo una planta crece en respuesta a la luz del sol. Es fácil verlo en un girasol porque en realidad siguen los movimientos del sol, ¡como si fuera un rastreo solar! Eso ayuda al crecimiento de todas sus partes y su uso de la luz. ¿No te parece lo más genial?

Papá rio al ver el entusiasmo de su hija.

—Parece que realmente te gustan los girasoles.

—¡Sí! ¿Sabes por qué creo que son tan geniales? —preguntó Romina antes de morder otro bocado de su sándwich—. Porque…

—¡Espera! —dijo su padre con otra carcajada—. Mastica primero tu comida. Después podrás contármelo todo.

Romina tragó.

—Lo siento. Porque, en la iglesia, aprendí que se supone que debemos fijar nuestros ojos en Jesús y seguirlo. Bueno, Jesús es el Hijo de Dios, ¿cierto? Entonces, seguir al Hijo de Dios es como cuando los girasoles siguen al sol en el cielo. ¡Podemos ser seguidores del Hijo! Jesús nos da la vida al hacer que Su luz brille sobre nosotros y nos haga crecer.

Papá estacionó el automóvil en las canchas de fútbol.

—Qué sermón tan interesante, hija. Como sabes, no voy a la iglesia, pero parece que a ti te emociona mucho ir.

—¡Sí! Los girasoles son tan alegres, y quiero que tú también tengas el gozo de conocer a Jesús, como yo. Podrías también ser un seguir de Jesús como los girasoles, papá —Romina miró a su alrededor en el estacionamiento—. ¡Oh, ahí está mi entrenador! ¡Tengo que irme!

Romina se metió el resto del sándwich en la boca, tomó sus implementos para el fútbol y salió del automóvil dando brincos. Papá observó cómo corría para alcanzar al resto de su equipo.

Pearl Allard

SIGUE A JESÚS, EL HIJO DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: Mateo 9:9

CUANDO JESÚS SE FUE DE ALLÍ, VIO A UN HOMBRE LLAMADO MATEO, SENTADO EN LA OFICINA DE LOS TRIBUTOS, Y LE DIJO: «¡VEN TRAS MÍ!». Y LEVANTÁNDOSE, LO SIGUIÓ.

¿Has experimentado el gozo de conocer a Jesús? Al igual que los girasoles que siguen al sol mientras este se mueve por el por el cielo, los cristianos deberían seguir al Hijo de Dios. Él nos llena de Su luz y nos hace crecer para que seamos más como Él. Cuando otros ven la luz y el gozo de Jesús que brillan a través de nosotros, ¡puede que también quieran seguir seguidores del Hijo de Dios! Puedes convertirte en seguidor como los girasoles si pones tu confianza en Jesús hoy mismo. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).