Esperando a quién sí sabe qué hacer
Algo estaba rozando la cadena cuando Leonel trató de montar su bicicleta y, ahora que los gastos médicos de su mamá iban en aumento, era imposible que su familia pudiera gastar en una nueva.
—Papá dijo que lo arreglaría —la voz de su hermana venía de atrás, y el niño empezó a tratar de arreglar su bici él mismo.
—Él está revisando otra vez el presupuesto —le dijo Leonel—. Nunca tiene tiempo —él tiró de la llanta con todas sus fuerzas y se quedó boquiabierto cuando esta se rompió y se cayó de la bicicleta—. ¡Ups!
—¡Leonel! —exclamó su hermana—. Ahora ni siquiera se puede arreglar.
El niño se cubrió la cara con las manos.
—Debí haber esperado a papá.
Esa noche, el padre de Leonel se asomó a la habitación del niño.
—Acabo de ver tu bici. ¿Qué pasó?
Leonel suspiró.
—Estaba tratando de arreglarla.
—Te dije que yo la iba a revisar.
—Lo sé, pero estabas tan ocupado —señaló Leonel—. Tienes que cuidar de mamá y has estado tratando de ver cómo vas a pagar las cuentas…
Papá entró en la habitación.
—He estado ocupado. La vida ha sido difícil para todos nosotros. Lo siento.
—Estaba tratando de arreglar mi bici por mí mismo y terminé empeorando la situación —confesó Leonel—. No sé si podrás arreglarla así como está.
—Ya la veré —papá caminó al otro lado de la habitación—. ¿Sabes, hijo? Me has puesto a pensar en algo que tu mamá me ha estado diciendo. Ella dijo que su enfermedad y nuestras finanzas están fuera de mi control. Ella ve cómo estoy tratando de arreglar las cosas y me dice que debería detenerme, que tengo que ponerlo todo en las manos de Dios.
—¿Porque Él es nuestro Padre celestial y sabe lo que es mejor? —preguntó Leonel.
—Correcto —el padre sonrió—. Él es nuestro Padre porque nos ama tanto que dio a Su Hijo para morir por nosotros. Él envió a Jesús para salvarnos del pecado porque nunca hubiéramos podido hacerlo por nosotros mismos —papá se sentó en la cama—. Siempre echo las cosas a perder cuando trato de manejarlas por mí mismo. Necesito confiar en el Señor.
Leonel asintió.
—Espero no haber echado a perder mi bici para siempre.
—¿Qué te parece si la vemos juntos? —sugirió papá—. Y tal vez también podríamos pedirle a Dios que nos muestre qué hacer.
Emily Acker
CONFÍA EN DIOS Y ESPERA EN ÉL
VERSÍCULO CLAVE: Proverbios 3:5
CONFÍA EN EL SEÑOR CON TODO TU CORAZÓN, Y NO TE APOYES EN TU PROPIO ENTENDIMIENTO.
¿Qué haces cuando tienes un problema y no sabes lo que deberías hacer? ¿Le pides ayuda a Dios y esperas que Él se encargue de las cosas? ¿O tratas de manejar todo por tu cuenta? Dios te ama y se preocupa por todo lo que estás viviendo, y quiere que acudas a Él para pedirle ayuda. En lugar de tratar de arreglar las cosas por ti mismo, pídele al Señor que te ayude y confía en que Él sabe qué es lo que se debe hacer.
