La hora de la leche

Evelyn metió el jugo de naranja en el refrigerador.  Trató de cerrar la puerta, pero su hermanito bebé había gateado hasta allí y bloqueaba el paso.  “Cuidado, Milo”, advirtió, dándole un empujoncito para moverlo unos centímetros.  El niño lloriqueó un poquito.

Unos minutos más tarde, Evelyn abrió la refrigeradora para guardar la mantequilla, y Milo se acercó nuevamente.  “¿Por qué te gusta el refrigerador?”, preguntó la niña mientras lo movía otra vez.  “¿La luz?”  Milo comenzó a hacer un berrinche mientras ella cerraba la puerta.

En ese momento entró su madre.  “Ya es hora de tu biberón, Milo”.  Ella sacó el tetero del refrigerador y caminó hacia el lavaplatos.  Subiendo el tono de su berrinche, Milo la siguió.

Evelyn rio.  “Pensé que le gustaba la luz de la refrigeradora, pero supongo que quería su leche”.

“Eso creo”, afirmó mamá con una sonrisa.  Ella cargó al bebé y la boca de este se abrió ampliamente cuando ella le ofreció el biberón.

Su hermana sonrió.  “¿Sabes, mamá?”, comentó, pensativa.  “La señora Jácome habló sobre bebés y leche hace un par de semanas, en la iglesia.  Aprendimos un versículo bíblico de eso”.

“Me parece que sé exactamente a cuál versículo te refieres”, aseguró su madre.  “¿Puedes recitarlo?”

“Claro”, indicó Evelyn.  “Es 1 Pedro 2:2.  ‘Deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación’”.

Mamá asintió.  “La Biblia nos nutre espiritualmente como la leche pura y deliciosa, al enseñarnos sobre Jesús y lo que Él ha hecho por nosotros.  Pero temo que no siempre anhelamos tanto la Palabra de Dios como los bebés desean su leche.  Puede que algunos días no tengamos ganas de leer la Biblia ni de aprender lo que esta dice, pero todavía la necesitamos.  Al leerla y llevar las palabras de Dios en nuestro corazón, la desearemos más y más, y creceremos en nuestra fe”.

“Entonces, supongo que la forma en que Milo trata de meterse en el refrigerador es una buena lección de cómo deberíamos sentirnos por la Biblia”, expresó Evelyn.  La niña sonrió mientras observaba cómo su hermanito tomaba su biberón.  “¡Deberíamos desear tanto leer la Palabra de Dios como Milo desea tomar su leche!”  —  REBECCA L. VELEZ

DESEA CON TODAS TUS FUERZAS LEER LA PALABRAS

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 2:2

DESEEN COMO NIÑOS RECIÉN NACIDOS, LA LECHE PURA DE LA PALABRA, PARA QUE POR ELLA CREZCAN PARA SALVACIÓN.

¿Lees tu Biblia?  ¿Disfrutas oír mensajes de la Palabra de Dios en la iglesia?  Un bebé necesita de leche para crecer físicamente y tú necesitas la Palabra de Dios para crecer espiritualmente.  Es la comida que alimenta tu corazón y tu mente, y te ayuda a conocer más acerca de Jesús.  Lee algunos versículos todos los días y medita en lo que dicen.  Pídele a Dios que te ayude a leer con toda la emoción Su Palabra y aplicarla a tu vida.