Sin Cristo estamos hundidos

 “Si fuera un pez, sabría a dónde ir a explorar”, dijo Tomás mientras observaba cómo su papá limpiaba el estanque de los peces.  “¡A los barcos naufragados!”

“Si quieres naufragios, tienes que ir al lago de la flota fantasma, en el atolón Chuuk”.

“No quiero explorar fantasmas”, señaló Tomás.  “¡Yo quiero ver barcos!”

Su padre rio.  “No, el lago de la flota fantasma es un lugar donde reposan buques de guerra hundidos”.

Tomás se sentó al borde del sillón.  “¡Guau!  Tengo que saber más de este lago”.

“En 1941, Pearl Harbor, una base naval de los Estados Unidos en Hawái fue atacado.  Dieciocho barcos de guerra fueron destruidos y EE. UU. declaró la guerra.  Finalmente se encontró la base naval enemiga en el atolón de Chuuk”.

“¿Era tan grande como la base de EE. UU. en Pearl Harbor?”

“Diez veces más grande”, aseguró su padre.

“¿Y Estados Unidos atacó?”

El padre asintió.  “Por dos días completos.  Se llamó Operación Hailstone.  Hundieron 60 buques de guerra y dos submarinos.  Es el mayor cementerio de acorazados en el mundo”.

“Eso sí es lo que quiero”.  Tomás se puso de pie.  “Algún día bucearé ahí”.

“Solo tengo cuidado con miles de bombas activas que todavía están en los barcos”, comentó papá.  “Y con los tiburones que comen seres humanos”.

“¿Bombas?  ¿Tiburones?  Creo que ya no quiero bucear ahí”, indicó Tomás.  “Estoy seguro de que fue la mayor victoria del mundo”.

“Fue grande”, expresó su padre.  “Lo mejor fue que el enemigo se rindió y, después de eso, ambos países se hicieron buenos amigos.  Pero es triste que haya tenido que haber una guerra para que eso fuera posible”.  Papá tomó su Biblia.  “Las guerras son uno de los resultados dolorosos de que los humanos hayan permitido que el pecado entrara en el mundo.  Lo peor de todo es que nuestro pecado nos hizo enemigos de Dios”.

“Pero Él envió a Su Hijo para salvarnos del pecado”, exclamó Tomás.

Su padre sonrió.  “Es verdad.  Y tú te rendiste a Él”.

“Claro que sí”, afirmó Tomás.  “¡Y ahora somos amigos, ya no enemigos!”

“Exactamente”, explicó papá.  “Jesús ganó la victoria sobre el pecado y la muerte cuando murió y resucitó.  Cuando nos rendimos, poniendo nuestra confianza en Él, nos convertimos en Sus amigos en lugar de Sus enemigos.  Como amigos de Dios, compartimos Su victoria y tenemos Su paz en nuestras vidas”.

“Me alegra haberme rendido a Jesús”, aseguró Tomás.  “Si no fuera así, ¡estaría hundido!” 
MATT SHOEMAKER

JESÚS GANÓ LA GUERRA CONTRA EL PECADO

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 5:1

POR TANTO, HABIENDO SIDO JUSTIFICADOS POR LA FE, TENEMOS PAZ PARA CON DIOS POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.  

¿Eres amigo o amiga de Dios?  ¿Te has rendido a Jesús, quien ganó la batalla contra el pecado y la muerte?  Nuestro pecado nos hizo enemigos de Dios, pero Jesús murió y resucitó para que pudiéramos ser Sus amigos.  Deja de pelear una batalla que ya fue ganada.  Ríndete a Jesús para que puedas compartir Su victoria y vivir en paz.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).