Campamento de refunfuños
El oscuro cielo sobre el campamento retumbaba con los truenos.
—Macarrones con queso, ¡todos quédense quietos! —gritó Samuel, el consejero del campamento, para llamar la atención de los inquietos campistas de verano. Había estado lloviendo toda la semana y todos estaban empezando a perder la calma.
—Voy a necesitar voluntarios para el siguiente juego —anunció Samuel. Las manos se levantaron por todo el salón—. Tú y tú —indicó el consejero, apuntando a dos hermanos gemelos, Arturo y Cosme.
En ese momento se oyeron coros que cantaban «¡no es justo!» y «yo levanté primero la mano» entre los quejumbrosos campistas.
—A ver, cambio de planes —afirmó Samuel—. Creo que todos tienen un serio caso de refunfuños. ¡Se ha convertido en una epidemia!
—¿Qué es una epidemia? —preguntó uno de los camperos más chicos.
—Una epidemia es algo que se contagia —explicó el consejero—, como el sarampión.
—¡Guácala! —exclamaron los campistas.
—Entonces es algo que queremos arreglar rápidamente, ¿verdad? —les preguntó Samuel. Las cabezas de los niños empezaron a asentir lentamente—. ¿Quién recuerda nuestro versículo bíblico para esta semana? —preguntó el consejero.
Los gemelos levantaron sus manos.
—Tú y después tú —dijo Samuel, apuntando a cada uno de ellos.
— Hagan todo sin quejarse y sin discutir —comenzó Cosme.
—Para que nadie pueda criticarlos. Lleven una vida limpia e inocente como corresponde a hijos de Dios —continuó Arturo—, y brillen como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta.
—Quiero que todos me sigan —indicó Samuel, guiando a los chicos afuera. Él apuntó al cielo mientras el grupo se juntaba bajo el aire fresco de la noche—. ¡Miren las estrellas!
Los niños observaron el cielo brillante que los cubría, y los campistas empezaron a murmurar «¡guau!» y «¡qué genial!».
—Así es como Jesús quiere que ustedes brillen, aquí en el campamento, cuando vayan a sus casas, en la escuela, dondequiera que estén —aseguró Samuel—. ¿Cómo creen que podrían hacerlo?
—Creo que una forma de brillar es recordando todo lo que Jesús ha hecho por nosotros, en lugar de quejarnos —sugirió Cosme.
—Y Él quiere que nos amemos y animemos unos a otros —agregó Arturo, pensativo.
—Correcto —declaró Samuel—. Recuerden, si pertenecen a Jesús, lo reflejan a Él, al igual que esas estrellas en el cielo nocturno.
El consejero hizo una pausa. Todo estaba en calma. Todo estaba despejado.
—¡Oigan! —exclamó Arturo de repente—. ¡El cielo dejó de retumbar!
Cosme sonrió.
—Y los campistas dejaron de quejarse.
Kelly Hope
NO SEAS QUEJUMBROSO
VERSÍCULO CLAVE: Filipenses 2:14-15 (NTV)
HAGAN TODO SIN QUEJARSE Y SIN DISCUTIR, PARA QUE NADIE PUEDA CRITICARLOS. LLEVEN UNA VIDA LIMPIA E INOCENTE COMO CORRESPONDE A HIJOS DE DIOS Y BRILLEN COMO LUCES RADIANTES EN UN MUNDO LLENO DE GENTE PERVERSA Y CORRUPTA
¿Te resulta fácil quejarte y discutir en lugar de amar y animar a otros? Recuerda que quienes confían en Jesús brillan como estrellas que resaltan en el cielo de la noche. Cuando sientas que vienen los refunfuños, recuerda que le perteneces a Jesús, quien murió para salvarte y llena tu vida de Su amor y Sus bendiciones. Después confía en que Él te ayudará a reflejar Su luz.
