Todos cometemos errores

“¿Nos trajiste un conejo?”, Mario gritó de emoción.

“¡Sí!”, afirmó su padre.  “Y vivirá en la casa, no afuera en una jaula”.

“¿En serio?”  Zacarías saltaba de arriba abajo.  “¡Qué genial!”

“Revisen en baño”, indicó mamá.  “Puse ahí su jaula y un arenero para que haga sus necesidades.  Leí en Internet que podemos entrenarlo para que solo haga en esa caja de arena, como a un gato.  Por eso estuvimos de acuerdo con esto”.

Los tres niños corrieron al baño para ver los nuevos aposentos del conejo.  “Es tan lindo y esponjoso”, comentó Juliana, cargando al conejo.  “¿Podemos llamarlo Oreo?  Se ve como una galleta con su pelo negro y manchas blancas”.

“Por mí está bien”, aseguró Zacarías, y todos los demás estuvieron de acuerdo.

En poco tiempo, Oreo se acostumbró a su pequeño arenero.  Una vez que mamá estaba segura de que esteba totalmente entrenado, permitieron que Orea explore más y más de la casa.  Poco después, tenía completa libertad para divagar por todo el primero piso.  Hasta unas semanas más tarde.

“¡Oreo acaba de tener un accidente en el sillón!”, gritó Juliana, agarrando al conejo y llevándolo rápido a su pequeño arenero”.

“Conejo menso”, exclamó Mario con su corazón roto.  “Ahora vamos a tener que deshacernos de él”.

“No, para nada”, señaló el padre.  “Es un conejo.  Fue creado para vivir afuera.  No vamos a regalarlo solo por hacer lo que es natural para un conejo.  Solo vamos a tener que restringir los lugares donde puede estar en la casa de hoy en adelante”.

“No nos vamos a deshacer de él porque cometió un error”, agregó mamá.  “Es nuestro conejo y vamos a seguir ayudándolo para que aprenda a usar su arenero.  ¿Saben?  Nosotros tampoco somos perfectos.  Cometemos errores y pecamos.  Pero Jesús no nos abandona cuando metemos la pata.  Él siempre nos ama y nos ayuda a andar en Su luz.  Cuando admitimos nuestros pecados, Él nos perdona”.

Mario fue a traer a Oreo.  “Perdóname por decir que eres menso”, confesó, abrazando al conejo peludo.  “Ahora eres parte de nuestra familia y te amaré para siempre, ¡pase lo que pase!”  CLAIRE MCGARRY

JESÚS SIEMPRE PERDONA NUESTROS PECADOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 1:9

SI CONFESAMOS NUESTROS PECADOS, ÉL ES FIEL Y JUSTO PARA PERDONARNOS LOS PECADOS Y PARA LIMPIARNOS DE TODA MALDAD.

 ¿Alguna vez te preocupa que Jesús deje de amarte si pecas?  Eso nunca pasará.  Todos cometemos errores y caemos en pecado, pero Jesús siempre nos amará y nos perdonará.  Somos parte de Su familia y Él jamás nos abandonará.  Confía en que Él te perdona cuando pecas y que te enseña a andar en Su luz.