¡Reemplázalo!

—¿Qué huele tan raro? —preguntó Memo mientras su hermano mayor, Elián, guardaba el automóvil en el garaje—.  ¿Es el motor?

Elián olfateó e hizo una mueca.

—Tal vez.  Voy a revisar.

Memo se bajó del automóvil y observó cuando su hermano levantaba el capó.  Los dos ahogaron un grito.  ¡El refrigerante verde estaba derramado por todos lados!  Memo agitó el brazo para disipar una apestosa nube de vapor.

—¿Qué pasó?

—Es difícil saberlo —respondió Elián—.  Pero tendremos que esperar hasta mañana.

Al día siguiente, cuando Memo llegó a su casa de la escuela, Elián estaba trabajando en el automóvil.

—¿Encontraste cuál era el problema? —preguntó el niño.

Su hermano mayor sacó la cabeza del motor del vehículo.

—Sí, creo que ya lo tengo resuelto —él recogió una herramienta—.  ¿Cómo te fue hoy en la escuela?

—Me fue… más o menos —respondió Memo mientras se acercaba para ver el motor.

—¿Solo más o menos? —preguntó Elián.

—Hay muchas cosas en la escuela que me molestan… como algunos de los temas de los que hablan los demás niños y los chistes que cuentan.  Todo eso llena mi cabeza, a pesar de que no quiero pensar en esa basura.

—Te causa malos pensamientos, ¿eh? —Elián apretó un poco más un tornillo—.  Sé cómo te sientes.  Cuando vienen malos pensamientos a mi mente, me ayuda reemplazarlos con buenos pensamientos —el hermano mayor dio un paso atrás para admirar su trabajo—.  Al igual que este motor.

—¿A qué te refieres? —preguntó Memo.

—Bueno, el refrigerante estaba regado por todos lados porque se abrió la manguera del radiador.  No podía dejar la manguera ahí, pero sacarla tampoco hubiera servido de nada.  Tenía que reemplazarla —explicó Elián—.  Lo mismo sucede con los malos pensamientos.  Tienen que ser reemplazados.

—Entonces, ¿de dónde sacamos los buenos pensamientos para reemplazar a los malos? —preguntó Memo.

—Ya los tienes —contestó Elián—.  Debido a que pusiste tu confianza en Jesús, Él está cambiando tu forma de pensar.  Cada vez que vengan los malos pensamientos, no tienes que dejar que tomen el control de tu mente.  Enfoca tus pensamientos en Jesús, quien murió en la cruz para hacerte libre del pecado, y confía en que Él te ayudará a cambiar tus pensamientos, para que estén enfocados en Su verdad y amor —Elián cerró el capó con fuerza—.  Ya terminé.  ¿Quieres salir a probar el automóvil?

Memo sonrió mientras abría la puerta del pasajero.

—¡Vayamos!  —  CAROL ALBRECHT

REEMPLAZA LOS MALOS PENSAMIENTOS CON LA BONDAD DE DIOS  

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:2 (NVI)

NO SE AMOLDEN AL MUNDO ACTUAL, SINO SEAN TRANSFORMADOS MEDIANTE LA RENOVACIÓN DE SU MENTE.

¿Te cuesta luchar con los malos pensamientos?  Cuando los pensamientos de las cosas malas que has visto u oído quieran tomar el control de tu mente, acércate a Jesús.  Recuerda que Él murió en la cruz por cada uno de tus pecados y está renovando tu mente, para que puedas pensar como Él.  Trata de recitar un versículo de la Biblia que hayas aprendido, o piensa en alguna bendición especial que Él te haya dado.  Reemplaza los malos pensamientos con la bondad de Su verdad y amor.