La venta de garaje

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“¡Guau!  ¡Qué montón de gente!”, exclamó Rogelio.  Él su y hermana Estefanía analizaron la escena que tenían frente a sus ojos.  La gente examinaba la variedad de artículos ordenados en las mesas junto al garaje y en el patio.  Mamá se había sentado junto al garaje con su caja de dinero.  “Creo que las ventas de garaje son eventos importantes”.

“Sin duda”, aseguró Estefanía.  “Oye, Rogelio, ¿recuerdas el carro de carreras que armaste para la carrera del año pasado?  Ya se vendió”.

“¡Se vendió!”  El niño frunció el ceño.  “¡Yo no quería vender mi carro de carreras!”

Los ojos de Estefanía se abrieron por la sorpresa.  “¿No querías venderlo?”

“¡No!”, exclamó Rogelio.  “¡Invertí muchas horas en ese carro!  No puedo creer que mamá lo haya vendido”.

“Ella nos pidió que inspeccionáramos las cajas para asegurarnos de que no hubiera nada que quisiéramos conservar”, explicó Estefanía.

“Sí, lo sé”, admitió Rogelio con un suspiro.  “Es que me olvidé”.

“Yo sé quién compró el carrito”, le dijo Estefanía.  “Fue la señora Vélez.  Ella vive a un par de cuadras y, ¿sabes qué hace con todo lo que compra?”  La niña no esperó una respuesta.  “¡Ella también hace ventas de garaje y revende las cosas a precios mayores!  Probablemente venda así también tu carrito”.

Estefanía tenía razón.  El sábado siguiente hubo una enorme venta de garaje en la casa de la señora Vélez.  Rogelio no pudo ocultar su emoción al ver ahí su carro de carreras.  Cuando le explicó la situación para ver si la vecina le devolvería su cochecito, esta hizo un gesto negativo con la cabeza.  “Lo compré con todas las de ley”, aseguró.  Tampoco le quería rebajar el precio, así que finalmente Rogelio tomó un poco de dinero de su bolsillo.  “Ocho dólares”, gruñó mientras le entregaba los billetes a la señora Vélez.

“Recuperé mi carrito”, contó Rogelio cuando llegó a casa.  “Yo lo hice y lo compré, ¡por ocho dólares!”

Papá levantó la vista y sonrió.  “Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros”, señaló.  “Él nos creó, así que le pertenecíamos a Él.  Pero entonces…”

“Pecamos y el castigo es la muerte eterna y la separación de Dios para siempre”, respondió Rogelio.  “Para salvarnos de la muerte, Dios nos compró nuevamente”.

“Es verdad… a un precio increíble”, declaró su padre.  “Costó la sangre de Jesucristo, Su Hijo”.

Rogelio asintió.  “Ocho dólares no es nada comparado con eso”.  —  KAREN R. LOCKLEAR

JESÚS PAGÓ POR TU SALVACIÓN

VERSÍCULO CLAVE: 1 CORINTIOS 6:20

HAN SIDO COMPRADOS POR UN PRECIO.

¿Sabías que Dios te creó y quiere que vivas con Él para siempre?  Pero tu pecado te separa de Él, así que Dios pagó un alto precio para saldar el castigo por tu pecado y recuperarte.  Jesús, el Hijo de Dios, te ama tanto que murió para darte vida eterna.  Cuando confías en Él para salvación, le perteneces para siempre.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).