Una carta muy importante

Kara mordía su lápiz mientras trataba de decidir qué escribir.

—¿Qué haces? —le preguntó su hermano, Braulio—.  ¿Estás haciendo la tarea?

Kara negó con la cabeza.

—No, estoy escribiéndole una carta a la señorita Sánchez.  Es la misionera que sirve en Asia, que vino a hablar en nuestra iglesia hace unos meses.

—Lo más probable es que ni siquiera te recuerde —opinó Braulio.

—Lo sé —admitió Kara—.  Pero me parece que a lo mejor le gustaría recibir una carta, ya que trabaja en una aldea, lejos de su familia.

—Envíale un correo electrónico —sugirió Braulio—.  Es mucho más rápido.

Kara se encogió de hombros.

—Supongo que sí, pero ya comencé esta carta, así que lo haré así.

Unas semanas después, muy lejos, en Asia, la señorita Sánchez suspiró al sentarse a la mesa.  Hacía un calor sofocante y ella estaba cansada y desanimada.  La obra progresaba muy lentamente.  «A veces siento que debería renunciar a la obra misionera y regresar a mi país», pensó.  Ella miró la carta que tenía en su mano.  «¿Quién me mandaría esto?», se preguntó mientras observaba el sobre escrito con una letra que no reconocía, pero que sin duda pertenecía a un niño.  La abrió y sacó una hoja.

—Querida señorita Sánchez —leyó—.  Solo quería decirle que he estado pensándole y orando por usted.  Me gustó cuando vino a nuestra iglesia hace unos meses.  Espero que la esté pasando bien —la misionera sonrió mientras siguió leyendo—.  Recuerdo lo que usted nos dijo sobre tener fe en Jesús.  Por su ejemplo, creo que algún día me gustaría ser misionera y predicar a la gente sobre Él.  Gracias por ayudarme tanto.  Con amor, Kara.

La señorita Sánchez se quedó por un momento sentada en silencio y luego elevó una oración de agradecimiento por el ánimo que recibió con esa sencilla carta.  «Quizá es la forma en que Dios me recuerda que está usando mi trabajo, aun cuando tengo dudas», pensó.  «Él es fiel y tengo que confiar en Él». 

La misionera sonrió mientras miraba por la ventana a los niños de la aldea que jugaban en la arena.  Entonces sacó un papel.  Tenía que escribir una carta de agradecimiento para una persona muy importante.

SHERRY L. KUYT

ANIMA A OTROS CRISTIANOS

VERSÍCULO CLAVE: FILIPENSES 1:4-5 (PDT)

SIEMPRE ORO CON ALEGRÍA POR TODOS USTEDES. ME ALEGRO MUCHO DE QUE ME HAYAN AYUDADO SIEMPRE QUE HE ANUNCIADO LA BUENA NOTICIA DE SALVACIÓN.

¿Cómo puedes animar a los cristianos que conoces?  En la lectura bíblica de hoy, Pablo dice a la gente de Filipos cómo sus palabras de ánimo lo ayudaron a compartir de Jesús con los demás, incluso cuando era difícil.  Puedes alentar a otros cristianos de la misma manera.  Ya sea un misionero, un pastor, un maestro o un amigo, el ánimo que les das puede recordarles que Dios es fiel y que está usando su trabajo para el bien.

Clave de Hoy
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