Un regalo sorpresa

“Ya quiero que sea sábado para ir al partido”, comentó Tomás mientras rebotaba su nueva pelota de baloncesto.  Él, su mamá y su hermanita, Lucía, caminaban por una cuesta empinada en su camino a casa desde el parque. 

“Has entrenado mucho”, respondió su madre.

En ese momento, Lucía se detuvo para amarrarse el cordón de su zapato.  Tomás se tambaleó para evitar tropezarse con ella, por lo que la pelota se desvió hacia una piedra y se fue rodando por la colina.  “¡Lucía!”, gritó el niño mientras empezaba a correr tras ella.  La pelota aumentó su velocidad y desapareció por la empinada calle, dejando a Tomás sudado y enojado.

El niño estaba a punto de llorar cuando mamá y Lucía lo alcanzaron.  “¡Tú tienes toda la culpa!”, le gritó a su hermanita. 

“Hijo, tú sabes que fue un accidente”, contestó la madre, tratando de calmarlo.

En ese momento, una camioneta blanca se detuvo junto a ellos.  Un hombre abrió la ventana.  “Espera aquí.  Voy a traer tu pelota”.  Tomás observó, sorprendido, cómo el hombre bajó la cuesta en su automóvil.  Él regresó un par de minutos después.  “¡Muchas gracias, señor!”, expresó Tomás al tomar la pelota.  El hombre se despidió con un gesto mientras se alejaba.

“¿Me dejas hacer rebotar la pelota?”, preguntó Lucía cuando llegaron a un terreno plano.

“¡Jamás!”, exclamó Joel, abrazándose de la pelota.  “¡No quiero volver a perderla!”  Decepcionada, Lucía se puso a pasear una piedrita que estaba en la acera.

“Tomás, ¿cómo te sentiste cuando ese hombre encontró tu pelota y te la devolvió?”, preguntó mamá.

“¡Me sentí muy bien!  Creí que la había perdido para siempre”, respondió Tomás.

“¿Este hombre tenía alguna obligación de traer tu pelota?”

“No, supongo que simplemente fue amable”, admitió Tomás, observando a su mamá con curiosidad.

“Se parece un poco a la gracia de Dios”, explicó la madre.  “No la merecemos, pero Dios nos la da por medio del perdón que nos ofrece a través de Jesús.  Y, puesto que hemos recibido la gracia de Dios, podemos compartirla libremente con los demás.

Tomás se quedó pensativo.  Cuando voltearon la esquina, Tomás le entregó la pelota a su hermana.  “Es tu turno de jugar, Lucía.  Dios me mostró gracia, así que quiero compartirla contigo.  ¡Incluso puedo enseñarte algunos trucos!” —  MAGGIE AINSWORTH

DA GRACIA A LOS DEMÁS

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS 4:32

SEAN MÁS BIEN AMABLES UNOS CON OTROS, MISERICORDIOSOS, PERDONÁNDOSE UNOS A OTROS, ASÍ COMO TAMBIÉN DIOS LOS PERDONÓ EN CRISTO.

¿Alguna vez has recibido un regalo inesperado que no merecías?  Quizá perdiste algo especial para ti y luego alguien te lo devolvió de una manera sorprendente.  La gracia de Dios es un regalo así.  Él nos ofrece perdón a través de Jesús, a pesar de que no lo merecemos.  Cuando experimentamos el regalo de Su gracia, entonces podemos compartirlo con otros al otorgarles el perdón.

Clave de Hoy
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