Un buen amigo

Iván lanzó su cuaderno contra la pared de la habitación de su amigo.  “¡Es inútil, Isaías!  Nunca lo voy a entender”.

Isaías cerró su libro.  “Tranquilízate, Iván.  Revisémoslo una vez más”.

“¡No!  Ya me harté.  Has tratado de ayudarme durante semanas, pero no mejoro nada.  Voy a reprobar.  No entiendo matemáticas y en este punto ya no me importa”.  Iván recogió sus libros y regresó a su casa.

Cuando les entregaron sus exámenes calificados, unos días después, Isaías vio cómo Iván le daba un vistazo a su calificación y luego metió enojado el papel en su mochila.  “Hola, ¿cómo te fue?”, preguntó Isaías cuando sonó el timbre de salida.

“Aprobé”, contestó Iván y empezó a caminar rápidamente.

“¡Qué genial!”  Isaías lo siguió.  “Eh… ¿Pasa algo malo?”

“No quiero hablar de eso”, balbuceó Iván.  “Pasé, ¿bueno?  ¡Déjame en paz!”

Isaías se quedó mirando a su amigo, sintiéndose confundido.  Se confundió aún más al día siguiente, cuando Iván no le dirigió la palabra…  bueno, a casi nadie.

Después de la escuela, Isaías tomó a Iván por el brazo.  “A ver, ya fue suficiente.  Somos mejores amigos.  Dime lo que te está molestando.  Tal vez pueda ayudarte”.

Iván bajó la mirada y murmuró: “Es que… es que hice trampa”.

“¿Qué?”, preguntó Isaías.

“En el examen.  Hice trampa.  Milo me dijo que me dejaría ver sus respuestas si le daba diez dólares, y eso fue lo que hice.  ¡Pero ahora me siento terrible!  ¿Qué debo hacer?”

Isaías pensó en la mejor forma de ayudar a su amigo.  “Iván, tienes que contarles a tus padres y al señor Pérez”.  Iván se quejó.  “Y también deberías decírselo a Jesús y pedirle que te perdone.  La razón por la que te sientes tan mal es porque sabes que hacer trampa es malo y eso no encaja con lo que Dios quiere que seas”.

A la mañana siguiente, Iván se veía más normal.  “Oye, ¡adivina!”, exclamó.  “¡Tendré el privilegio de venir a la escuela los sábados por cuatro semanas!”

“¿Y estás feliz por eso?”, preguntó Isaías.

“Sí… y estoy castigado por dos semanas.  Pero eso no es nada en comparación con lo mal que me sentía.  Y ahora podré estudiar con el tutor de matemáticas de la iglesia”.  Iván sonrió.  “Gracias por tu ayuda, Isaías.  Eres un terrible maestro de matemáticas, pero eres un excelente amigo”.  —  SARAH REEVES

SÉ UN BUEN AMIGO

VERSÍCULO CLAVE: PROVERBIOS 17:17 (NBV)

EL VERDADERO AMIGO SIEMPRE AMA, Y EN TIEMPOS DE NECESIDAD ES COMO UN HERMANO.

¿Alguien te ha confesado un pecado?  ¿Cómo respondiste?  ¿Te enojaste porque hizo algo así?  ¿O quizá sugeriste una manera de cubrir la fechoría.  La Biblia dice que cuando un amigo cristiano hace algo malo, deberíamos con delicadeza apuntarlos a la dirección correcta.  Debemos recordarles del perdón que tienen en Jesús y animarlos a hacer bien las cosas.

Clave de Hoy
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