Se necesita una limpieza

Natalia sonrió cuando su madre puso un plato de espagueti frente a su hermanito menor.

—Tendrás que lavar el cabello de Leonel cuando termine.  Siempre ensucia todo.

Mamá sonrió.  —Lo sé, pero vale la pena.  Le encanta el espagueti.

Al sentir que su celular vibraba, Natalia lo sacó de su bolsillo y frunció el ceño cuando vio que su amiga, Ana, le había enviado un mensaje de texto.  Una semana atrás, Ana le dijo algo hiriente y Natalia seguía enojada.  La niña ignoró el mensaje y volvió a meter el teléfono en el bolsillo.

—¿Quién te escribió? —le preguntó su madre.

Natalia se encogió de hombros.  —Nadie.  Solo Ana.

Mamá estudió la cara de Natalia.  —¿Sigues enojada con ella?  Creí que te había pedido perdón por lo que te dijo.

—Sí me pidió perdón, pero todavía no quiero hablar con ella —.  Natalia miró a su hermanito y rio: —Mira a Leonel.  ¡Tiene salsa de espagueti en todo su cuerpo!

Su madre rio también.  —¿Sabes, hija?  Leonel es muy chiquito para limpiarse a sí mismo; si nadie lo baña, siempre estaría sucio, ¿verdad?

—Claro que sí.  Tendría todo tipo de comidas en su cara y su cabello —Natalia sonrió—.  ¡Necesita ayuda!

—Así es —acordó mamá—.  Y somos como él, porque también necesitamos ayuda.

—Ah, creo que ya soy lo suficientemente grandecita para limpiarme a mí misma, mamá —aseguró Natalia.

—No me refiero a lavarte la cara y el cabello.  Estoy hablando del pecado.

—Oh.  Bueno, tienes razón.  No puedo limpiar mi propio pecado.  Jesús tuvo que hacerlo por mi’.

—Correcto —afirmó su madre —.  Jesús perdonó tus pecados cuando confiaste en Él y ahora estás limpia.  Y Él quiere que perdones también a los demás.

Natalia suspiró.  —Te refieres a Ana, ¿verdad?

Mamá asintió.  —Tienes el poder para perdonar porque Jesús te ha hecho limpia.  No te aferres al enojo y a la amargura por lo que Ana te dijo.  Conversa con ella y resuélvelo —.  Mamá limpió la salsa de espagueti de la cara de Leonel y después lo cargó para llevarlo a la tina de baño—.  Después de todo, las caras limpias no deberían tener manchas y los corazones limpios no deberían tener resentimientos —expresó con un guiño.

Natalia sonrió y enseguida sacó su celular para escribirle un mensaje a Ana.  — KAREN E. COGAN

PERDONA

VERSÍCULO CLAVE: COLOSENSES 3:13 (PDT)

NO SE ENOJEN UNOS CON OTROS, MÁS BIEN, PERDÓNENSE UNOS A OTROS. CUANDO ALGUIEN HAGA ALGO MALO, PERDÓNENLO, ASÍ COMO TAMBIÉN EL SEÑOR LOS PERDONÓ A USTEDES..

¿Hay alguien a quien necesites perdonar?  No guardes resentimientos cuando alguien diga o haga algo que te hiera.  Recuerda que Jesús te ha perdonado por todos tus pecados y te ha limpiado.  Ya que Él hizo esto, puedes demostrar Su amor y perdón a otros.  Perdona a las personas que te hayan hecho daño.

«El perdón no es lo mismo que la confianza.  Si alguien te hizo daño de una manera que te hace sentir inseguro, cuéntaselo a un adulto de confianza».

Clave de Hoy
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