Perdida

Lila caminó por el mercado con los ojos abiertos por el asombro.  Les tomaba dos horas de caminar por las montañas de los Andes para alcanzar una aldea en el valle, así que la niña rara vez acompañaba a su madre.  Ahora observaba maravillada la variedad de bienes en venta.  Había montones de productos agrícolas: papas, pepinos y maíz; mesas llenas de telas de colores brillantes, hierbas medicinales, pollos enjaulados, cerámicas, joyas de cuentas y libros apilados.  Pero mamá necesitaba solo pocos artículos que ella y su papá no producían en su pequeña finca en las montañas: azúcar, zapatos, café y otra olla para reemplazar la que se rompió.  No debía comprar más de lo que ellas y la llama podrían cargar a su casa.

“Quédate aquí, hija”, le indicó su madre.  “Tengo que hablar con el señor Miraz para ver si quiere comprarnos lana”.

Lila esperó pacientemente, pero cuando la reunión con el tejedor se alargó, su atención se distrajo con unas jaulas que contenían aves coloridas.  Después, por el aroma de la carne cocinada.  Antes de darse cuenta, Lila había se había extraviado y ya no tenía a la vista el kiosco del tejedor.

Cuando se dio cuenta de que no sabía dónde estaba, Lila empezó a correr de mesa en mesa, buscando su camino de regreso, pero nada se veía conocido.  “¿Mamá?  ¿Mamá?”  El pánico le estrechó el pecho, por lo que le costaba respirar.  ¿Y si su madre se iba sin ella?  ¿Y si no podía encontrar el camino de regreso a su casa?  ¡Debió haber hecho caso!

Entonces sintió que su mamá le tocaba en el hombro.  “Lila, aquí estás”.

Lila se arrojó a los brazos de su madre.  “¡Tenía tanto miedo!  Pensé que nunca te volvería a ver”.

“Tranquila, hija.  Tú sabes que nunca hubiera dejado de buscarte hasta encontrarte”.  Mamá acurrucó a la niña, balanceándola de un lado a otro.  “¿Sabes?  Jesús te ama igual.  Él es el Buen Pastor que sale a buscar a cada una de sus ovejas perdidas.  El pecado nos separa de Dios, pero Jesús murió por nuestros pecados para que no tengamos que estar separadas de Él.  Jesús quiere traerte de regreso para que estés segura en los brazos de Dios”.

“¿Y me sentiré tan segura como me siento en los tuyos, mamá?”, preguntó Lila.

Su madre sonrió.  “No existe lugar más seguro, porque Jesús jamás de dejará.  Una vez que Él te encuentra, nunca más volverás a estar perdida”.  — MICHELLE ISENHOFF

JESÚS NUNCA DEJARÁ DE BUSCARTE

VERSÍCULO CLAVE: LUCAS 15:6

ALÉGRENSE CONMIGO, PORQUE HE HALLADO MI OVEJA QUE SE HABÍA PERDIDO.

¿Estás perdido?  La Biblia dice que el pecado nos ha separado de Dios.  Necesitamos que Jesús nos encuentre; solo Él puede salvarnos de nuestro pecado.  La Escritura dice que el cielo celebra cada vez que un pecador perdido es hallado.  ¿Y tú?  Jesús quiere darte un hogar con Él para siempre.  ¿Te ha encontrado o sigues en lo oculto?  Por tu confianza en Jesús hoy mismo para que ya no estés perdido.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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