Palabras derramadas

Gema vio horrorizada cómo su batido comenzó a derramarse sobre la mesa.  “¿Por qué no puedes dejar mis cosas en paz, Eliana?”, gritó.

“No quise derramarlo”, murmuró Eliana, mientras le temblaba su labio inferior.  “Solo quería probar”.

Su madre tomó unas servilletas y las llevó a la mesa.

“No, espera”, dijo Gema.  “¡Quiero beber mi batido!  Tenemos que volverlo a poner en el base”.

“No creo que podamos hacerlo”, señaló la mamá.

Gema tomó una cuchara y trató de llenarla con la cremosa bebida, pero fue inútil.  “¡Lo compré con mi propio dinero!”, exclamó, enojada.

“Lo siento”, susurró Eliana.

“Bueno, debiste haberte quedado en tu sitio”, respondió Gema.  “La próxima vez que vayamos al centro comercial, vas a tener que comprarme otro batido”.

“Pero no tengo tanto dinero”, confesó Eliana, mientras las lágrimas salían como ríos de sus ojos.

“Entonces ahorra”, indicó Gema, mirando a Eliana.  “Quisiera no tener una hermana menor”.

“Vete a jugar, Eliana”, le dijo su madre, “pero después de esto, no vuelvas a tocar las cosas de Gema”.  Luego de que Eliana se fuera, mamá se dirigió a Gema.  “Eliana no debió tocar tu batido, pero esa no es excusa para decirle esas palabras tan groseras”.

Gema, que estaba limpiando la mesa, levantó la vista.  “¿Por qué me estás regañando?  ¡Ella es la que se metió con mis cosas!”

Su madre frunció el ceño.  “Gema, oírte decir que quisieras no tener una hermana menor la hirió mucho más de lo que te dolió el batido derramado”.

“Bueno, estaba enojada”, admitió Gema.  “No lo dije en serio”.

“Podemos enojarnos y todavía cuidar lo que decimos”, contestó mamá.  “Cuando no tenemos cuidado, las palabras pueden derramarse y hacer un desastre mayor que el de tu batido.  Y tratar de retractarse de esas palabras es casi tan imposible como poner un batido nuevamente en el vaso.  Jamás puedes borrar esas palabras, solo reparar el daño que causaron.  Esa es la razón por la que debemos recordar el amor que Jesús nos ha mostrado cuando nos enojamos con alguien, para que podamos responder como Él lo haría”.

Gema suspiró mientras arrojaban el papel mojado de las servilletas en la basura.  “Supongo que me toca ir a reparar un daño”, dijo antes de salir a buscar a Eliana para pedirle perdón. DEBRA W. SMITH

CONTROLA TU LENGUA

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 19:14

SEAN GRATAS LAS PALABRAS DE MI BOCA Y LA MEDITACIÓN DE MI CORAZÓN DELANTE DE TI.

¿Tienes cuidado de no decir palabras enojadas, sin pensar?  A veces es difícil evitar que se derramen, pero una vez que salen de nuestra boca, es imposible borrarlas.  Pero eso no significa que no deberías tratar de arreglar las cosas.  Cuando tus palabras han herido a otra persona, pídele que te perdone y también pídele perdón a Jesús.  Luego pídele al Señor que te recuerde Su amor, para que puedas controlar tu lengua en el futuro.

Clave de Hoy
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