Mira las hormigas

“¿Qué te pasa, hermanita?  ¿Tienes hormigas en el pantalón?”, preguntó Daniel con una sonrisa burlona.  Liz había pisado un hormiguero en el lugar donde pensaban acampar, por lo que estaba sacudiéndose frenéticamente los animalitos de su ropa.

“No es gracioso, Daniel”, replicó Liz mientras su madre la ayudaba a quitarse las hormigas de encima.

Pocos minutos después, la niña y su madre entraron a la casa rodante, pero Daniel y el padre seguían observando las hormigas.  “El hormiguero es como una ciudad diminuta donde viven cientos, o incluso miles de hormigas”, comentó papá.

“¡Mira!  Algunas hormigas están cargando hojas”.  El niño apuntó hacia el ajetreado hormiguero.  “También mueven ramitas y otras cosas”.  Daniel sonrió.  “Trabajan muy duro.  ¿Tienen un jefe como el que hay en tu oficina?”

“No.  No necesitan un jefe”, contestó su padre.  “Simplemente aprovechan al máximo cada oportunidad que tienen para recolectar la comida antes del invierno.  Son un buen ejemplo para nosotros”.

Daniel rio.  “Entonces, ¿deberíamos también estar siempre ocupados y recolectar comida para el invierno?”

“No tanto así”, respondió papá con una sonrisa, “pero al igual que las hormigas, deberíamos trabajar duro.  Cuando nos esforzamos en las tareas que Dios nos ha dado, Él usa nuestro trabajo para guiar a otros a Jesús y darle gloria.  Jesús también trabajó muy duro, como sabes.  Él hizo la tarea más difícil de todas: morir en la cruz por nuestros pecados”.  El padre hizo una pausa y después preguntó: “¿Qué es lo opuesto de una persona trabajadora?”

“Eh… ¿un haragán?”, sugirió el niño.

“Correcto.  La Biblia llama perezosos a quienes evitan el trabajo.  ¡No quisiera oír que nadie usara esa palabra para describirme a mí!”

“Sí.  Entonces será mejor que me ponga a trabajar y recoja leña”, afirmó Daniel mientras se dirigía a los árboles.  “Tal vez acompañarme para que estés ocupado también, ¿no crees, papá?”

El padre rio y siguió a su hijo.  “Claro.  Puedo ayudarte con tu tarea.  Después de todo, Jesús quiere que trabajemos juntos y nos ayudemos unos a otros”.

Después de recoger un poco de leña, Daniel preguntó: “¿Está bien que descansemos y nos divirtamos también?”

“Por supuesto”, aseguró papá.  “Esas también son partes importantes de la vida”.

“Qué bien”.  Daniel sonrió.  “¡Porque será muy divertido que hagamos carreras de regreso al campamento!”

Papá salió corriendo hacia la casa rodante.  “¡Descansaré mientras te espero a que llegues!”  —  KELLY BEAN

TRABAJA FIELMENTE PARA JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: COLOSENSES 3:23

TODO LO QUE HAGAN, HÁGANLO DE CORAZÓN, COMO PARA EL SEÑOR Y NO PARA LOS HOMBRES.

¿Glorificas a Jesús a través de tu trabajo?  Cuando estudias para un examen, limpias tu habitación y ayudas con los quehaceres de la casa, en la escuela o la iglesia, ¿lo haces con una buena actitud?  Ya sea al hacer tus tareas, los quehaceres o cuidar a tus hermanitos menores, Dios te ha provisto con ciertos trabajos que puedes hacer para darle gloria a Él y demostrar Su amor a los demás.  Todo lo que hagas, hazlo para Él.

Clave de Hoy
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