Me pica y me rasco

“¡Necesito ese marcador rojo!”, exclamó Olivia, arranchándolo de su hermano, Gustavo.  “¡Yo lo tenía primero!”  La niña lo dejó caer en la mesa y se agachó para rascarse un enorme picado de mosquito que tenía en la pierna.  “Oh, ¿será que algún día se irá esta roncha?”, se quejó.  Olivia se volvió a sentar derecha y quiso tomar el marcador, pero Gustavo lo había vuelto a tomar.  “¡Dámelo!”, ordenó la niña, elevando la voz.  “Hacer una tarjeta para mamá fue mi idea.  ¡Siempre me estás copiando!”

“Bueno, yo dibujo mejor que tú”, opinó Gustavo, “y quiero el rojo”.

“¡Dame el marcador ahora mismo!”  Olivia estaba casi gritando, cuando se tuvo que agachar para volverse a rascar el picado del mosquito. 

En ese momento, Cecilia, su hermana mayor, entró a la habitación cargando una canasta llena de ropa.  “¡Hagan silencio, los dos!”, indicó.  “¿Cómo esperan que mamá descanse y recupere sus fuerzas después de la cirugía con tanto ruido?”  Cecilia se sentó con un suspiro.  “Y ahora, ¿cuál es el problema?”

“Gustavo me quitó mi marcador”, le contó Olivia.  “Y… ¡Uf!  ¡Este picado de mosquito me pica tanto y solo me paso rascándome!”  La niña volvió a rascar la roncha una y otra vez.

Cecilia asintió, con empatía.  “Lo sé, pero si te rascas el picado de un insecto solo lo empeora, Olivia.  Tienes que aliviar la comezón.  Creo que mamá tiene una loción que te va a ayudar.  Mientras tanto…”  La hermana mayor se levantó, tomó una toalla, la mojó con agua fría y se la entregó a Olivia.  “Toma, intenta con esto”.  La niña sonrió aliviada mientras apretaba la toalla fría en su picado.  “Te alivia, ¿verdad?”, preguntó Cecilia.  “Voy por esa loción… y, por cierto, trata de recordar que el amor de Dios también alivia.  Si tu corazón está lleno de Su amor, no estarás así de sensible con las demás personas”.

“¡Sí, Olivia!”, dijo Gustavo cuando Cecilia se dio vuelta para salir.  Olivia lo miró fijamente.

“Si alguien te hace sentir esa sensación incómoda como cuando te pica y quieres rascarte, recuerda que eso solo empeora las cosas”, le recordó Cecilia.  “En vez de eso, demuestra el amor de Jesús, porque Él es siempre paciente y bondadoso con nosotros”.

“Está bien”, aceptó Olivia de mala gana, “pero trae rápido esa loción”.  La niña sonrió a su hermano cuando Cecilia se fue.

Para sorpresa de Olivia, Gustavo le sonrió también.  “Podemos compartir el marcador”, sugirió.  “Tú puedes usarlo primero”.  Y juntos terminaron sus tarjetas.  —  MARY G. HOULGATE

EL AMOR DE DIOS ALIVIA

VERSÍCULO CLAVE: 1 CORINTIOS 13:4-5

EL AMOR ES PACIENTE, ES BONDADOSO. EL AMOR NO TIENE ENVIDIA; EL AMOR NO ES JACTANCIOSO, NO ES ARROGANTE… NO BUSCA LO SUYO.

¿Sientes que las demás personas te irritan con frecuencia?  ¿Te irritas cuando tu hermanito de fastidia o tu hermana mayor no te deja hacer las cosas a tu manera?  Rascarlos no te ayudará… necesitas el amor aliviador de Jesús.  Confía en que Él te ayudará a demostrar amor a esa persona, incluso cuando te irrite.  El amor de Jesús puede aliviar los sentimientos de comezón que tengas por otras personas.

Clave de Hoy
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