Lo que recuerdo

Manuel levantó la vista cuando el abuelo entró en la habitación.  “¿Sabes dónde dejé mis anteojos?”, preguntó el anciano mientras tomaba su Biblia.

La abuela suspiró.  “¿Perdiste otra vez tus anteojos?  Los tenías puesto cuando le pagaste al joven que trajo la pizza”.

“Hoy no pedimos pizza.  Eso fue ayer”, replicó el abuelo.  “Alguien más vino ahora.  A ver…”  El anciano se detuvo un memento para toser.

“Parece que tu tos no está mejorando”, señaló la abuela.  “Será mejor que compres más medicinas”.

“Acabo de traer más”, indicó el abuelo, haciendo una pausa y arrugando las cejas.  “¡Leo!”, gritó de repente, haciendo que Manuel diera un brinco del susto.  “¡Él es quien vino hoy!”  El abuelo se dirigió a Manuel.  “Leo vive en la casa de al lado y me trae las medicinas de la farmacia”.

En ese momento, Manuel divisó los anteojos de su abuelo encima de la mesa.  “Aquí están tus anteojos, abuelo”.

“Oh, qué bueno que los encontraste”, expresó la abuela.  “¡Sería bueno que también encuentres los míos!”

Manuel se rio.  “¡Están en tu cabeza, abuelita!”

“¡Oh, mira nomás!  No recuerdo habérmelos puesto”.

El abuelo se puso los anteojos y abrió la Biblia que sostenía.

“¿Vas a memorizar versículos, abuelo?”, preguntó Manuel.

“No, hoy no, pero solíamos memorizar capítulos enteros cuando éramos niños”.

“Es verdad”, agregó la abuela.  “Ambos aprendimos el Salmo 91, el Salmo 103 y Juan 14.  Son pasajes tan bellos”.

“Sí, así es”, comentó el abuelo.  “A veces, cuando nuestros ojos están cansados, solo recitamos juntos algunos de esos versículos”.

“Pero no pueden recordar las cosas que pasaron minutos antes”, dijo Manuel.  “¿Cómo es que recuerdan lo que aprendieron cuando eran niños?”

El abuelo sonrió.  “Lo que aprendemos como niños se quedan mejor en nuestro cerebro.  Mientras más envejecemos, más nos cuesta recordar las cosas.  Esa es la razón por la que te animamos a que leas y memorices la Palabra de Dios lo más que puedas ahora, mientras estás joven”.

La abuela asintió con la cabeza.  “Los versículos que aprendí cuando era niña se han quedado conmigo durante toda mi vida.  Me han recordado, en momentos difíciles, que le pertenezco a Jesús y que Él siempre está conmigo.  ¡Eso es algo que jamás olvidaré!”AGNES LIVEZEY

MEMORIZA VERSÍCULOS BÍBLICOS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 119:11

EN MI CORAZÓN HE ATESORADO TU PALABRA, PARA NO PECAR CONTRA TI.

¿Tú atesoras la Palabra de Dios en tu corazón al memorizar versículos bíblicos?  Puedes comenzar ahora mismo, con el versículo clave de hoy.  Léelo algunas veces, luego cierra tus ojos y ve si puedes decirlo en voz alta.  Trata de hacerlo con un versículo diferente cada día o cada semana.  Pero no solo memorices las palabras… piensa en lo que Jesús te está diciendo.  Usa Su Palabra para que te ayude a recordar cuánto Él te ama.

Clave de Hoy
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