Lavar los pies

Jackie miró a su alrededor, nerviosa, mientras ella y su madre caminaban por el centro de la ciudad hacia el parque.  Para llegar allá, tenían que cruzar una calle llamada División, que tenía el nombre  preciso porque dividía a el lado rico del lado pobre de la ciudad.  Jackie siempre se sentía nerviosa al cruzar esa calle porque mucha gente ahí tenía una apariencia que asustaba y no olían bien.

Cuando se acercaron a la calle División, la niña le hizo a su mamá la misma pregunta de siempre.  “¿Por qué tenemos que cruzar la calle División, mamá?  En vez de eso podríamos ir por la avenida…”  Jackie dejó de hablar cuando se dio cuenta de que su madre miraba algo fijamente.

Ella volvió la mirada hacia la calle y vio algo muy extraño, algo que nunca había visto antes.

Había un hombre de rodillas con una palangana llena de agua con jabón y una toalla, que lavaba los pies de un hombre sin hogar.  Jackie podía ver a metros de distancia que el hombre tenía los pies ennegrecidos y maltratados, con costras en cada uno de sus dedos, pero su cara se veía resplandeciente como el sol, al mirar al hombre que, de rodillas, lavaba sus pies.

“¿Por qué hace eso, mamá?  ¡Los pies de ese hombre se ven repugnantes!”, susurró Jackie. 

Su madre sonreía de oreja a oreja, igual que el hombre sin hogar.  “¿Recuerdas la historia de la Biblia donde Jesús lava los pies de Sus discípulos?  Eso es exactamente lo que este hombre hace.  Se está humillando a sí mismo, como lo hizo Jesús, para mostrar a otras personas el amor de Dios”.

“No entiendo por qué Jesús haría algo tan sucio”, opinó Jackie.  “¡Él es Dios!”

“Bueno, hija, míralo de este modo.  El hombre que se encuentra allá está limpio, ¿cierto?”

Jackie asintió.  “Usa guantes de plástico como los que utilizamos para hacer refrigerios en la escuela.  Está completamente limpio”.

“Pero está dispuesto a ensuciarse para ayudar a ese hombre sin hogar que tiene sucios los pies”, explicó mamá.  “Es así como Jesús nos limpia.  La noche antes de ser crucificado, Jesús lavó los pies de Sus discípulos para mostrarles lo que estaba a punto de hacer en la cruz.  A pesar de que es Dios, estuvo dispuesto a convertirse en un ser humano y morir por nuestros pecados, porque nos ama.  Todos tenemos pies sucios que necesitan ser lavados para quedar tan blancos como la nieve, y solo Jesús puede limpiarnos”.  —  ALEX CHILDS

JESÚS NOS HACE LIMPIOS

VERSÍCULO CLAVE: ISAÍAS 1:18 (NVI)

¿SON SUS PECADOS COMO ESCARLATA? ¡QUEDARÁN BLANCOS COMO LA NIEVE! ¿SON ROJOS COMO LA PÚRPURA? ¡QUEDARÁN COMO LA LANA!.

¿Te parece raro que el Dios del universo haya venido a la tierra para limpiarnos de nuestro pecado?  Sin duda, es extraño, ¡pero es la mejor rareza del mundo!  Jesús no se sintió intimidado por nuestros pies sucios y apestosos.  Nos ama tanto que se convirtió en humano y murió para salvarnos del pecado.  Cuando confías en Él como tu Salvador, Él lava tus pecados y te deja limpio.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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