El azulejo

Tamara dio un paso atrás y examinó el trabajo que su familia y otras personas de la iglesia habían hecho en la casa de la señora Lemos.  Pintura fresca cubría las paredes, haciendo que la habitación se viera más iluminada.

“¡Gracias, Jesús!”  Los ojos cafés de la señora Lemos brillaban y ella aplaudía de la emoción.  “Mi casa no se había visto tan linda en años.  ¡Le pedí al Señor que me enviara ayuda y Él los mandó a todos ustedes!”  Tamara sonrió a la señora Lemos mientras se sentaba a su lado, para tomar un descanso.

“A mi nieta le hubiera encantado esto”.  La cara de la señora Lemus mostraba su nostalgia y sus recuerdos.  “Solo tenía ocho años cuando se fue con Jesús”.

“Seguro que la echa mucho de menos”, susurró Tamara.

“Sí, la echo de menos, pero pasamos lindos momentos juntas y sé que la volveré a ver algún día.  ¿Sabes?  A ella le encantaban los azulejos, Tamara.  Solíamos observarlos juntas por la ventana.  Mi nieta daba vueltas y movía los brazos como si también fuera un pájaro que aleteaba”.  La señora Lemos hizo su cabeza para atrás mientras reía con los recuerdos.

Al día siguiente, Tamara y su familia regresaron a completar la tarea de pintar.  Cuando llegaron a la calle donde vivía la señora Lemos, Tamara suspiró.  “Siento que no estoy ayudando tanto como ustedes.  No he pintado mucho…  he pasado más tiempo platicando con la señora Lemos y escuchándola”.

Su madre sonrió a Tamara.  “Dios nos usa a cada uno de nosotros para ministrar a otras personas de diferentes maneras.  He visto cuánto la señora Lemos disfruta al conversar contigo.  A lo mejor no te parece algo tan importante, pero sé que significa mucho para ella.  ¡A ella le encanta tu compañía y eso es tan importante como pintar!”

Cuando Tamara entró por la puerta, los ojos de la señora Lemos se iluminaron.  “Señora Lemos, le hice un dibujo de un azulejo.  Sé que tienen mucho significado para usted por su nieta.  También dibujé un atardecer detrás del azulejo, porque a usted le gustan los colores brillantes”.

La señora Lemos observó el dibujo, asombrada.  “Tamara, ¡esto está precioso!  Escuchaste y recordaste cuán importantes son para mí los azulejos.  Siempre atesoraré este dibujo”.

El corazón de Tamara se llenó de gozo y la niña se sintió igual que el azulejo: estirando sus alas para avanzar hacia el sol.  —  SAVANNAH COLEMAN

NINGÚN ACTO DE SERVICIO ES INSIGNIFICANTE

VERSÍCULO CLAVE: 1 TIMOTEO 4:12 (NVI)

QUE NADIE TE MENOSPRECIE POR SER JOVEN. AL CONTRARIO, QUE LOS CREYENTES VEAN EN TI UN EJEMPLO A SEGUIR EN LA MANERA DE HABLAR, EN LA CONDUCTA, Y EN AMOR, FE Y PUREZA.

¿Alguna vez has sentido que eres muy joven o que no tienes el talento suficiente para hacer a una contribución para el Reino de Dios?  La Biblia dice que no importa tu edad, igual puedes ser ejemplo para otros por la forma en que vives.  Dios nos ha dado a todos diferentes dones que podemos usar para demostrar a otros el amor de Jesús, y Él usará tu disposición para servir de maneras extraordinarias.

Clave de Hoy
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