Las llaves perdidas

“¡Paremos aquí!”  Noé apoyó su cara en la ventana y miró boquiabierto los enormes peñascos que rodeaban su automóvil. 
 “¡Salgan todos!  ¡Exploremos la magia del parque Yellowstone!”, exclamó el padre.

“Qué nombre tan chistoso”, rio Leila.  “¡Oh, mamá!  ¡Mira ese animalejo peludo junto a esas rocas!  ¿Qué es?”

“Oh, leí sobre ellos en nuestro libro de información sobre Yellowstone.  Se llaman ochotonas.  Puedes leer más sobre estos animalitos cuando volvamos al automóvil”.

La familia pasó un tiempo ameno trepando a las cimas de los peñascos más altos.  Y entonces  papá anunció: “Sigamos nuestro camino”.

Cuando subieron al automóvil, el padre se dirigió a su esposa con la mirada confundida.  “¿Tienes las llaves?”

“No, tú conducías cuando salimos del campamento.  ¿No están en tu bolsillo?”

“No”.  Papá haló la manija para abrir la puerta.  “Y el auto no se abre, lo que significa que no están aquí.  Deben haberse caído cuando estábamos trepando los peñascos”.

“Oh, no”.  Mamá suspiró.  “Bueno, no nos queda más que volver a buscar las llaves”.

La familia volvió sobre sus pasos por la ruta que tomaron a los peñascos, pero no encontraban las llaves por ningún lado.  “Debemos buscar en nuestras mochilas”, indicó el padre.  “Tal vez se acabó la batería del control remoto de la llave.  Tal vez por eso el automóvil no se abrió automáticamente”.

Mamá y papá comenzaron a buscar en sus mochilas.  “Por favor, Dios, ayúdales a encontrar nuestras llaves”, susurró Leila.

“¡Eureka!”  El padre sostuvo en alto su chaqueta, con aire triunfal.  “Estaban en el bolsillo todo este tiempo… y sí, se acabó la batería”, explicó mientras apretaba el botón en el control.  “Al menos tiene una llave de emergencia para entrar y encender el automóvil”.

“¡Gracias, Dios!”  Los niños comenzaron a bailar alegremente.  “¿Saben?  Esto me recuerda una de las parábolas de Jesús”, expresó Noé.  “¿Se acuerdan de la mujer que perdió su moneda y barrió toda la casa, buscándola?”

“Hubo mucha alegría cuando la encontró, así como los ángeles del cielo se alegran cuando una persona conoce a Jesús”, aseguró su madre.

Papá sonrió.  “Este día siempre me recordará cuánto Dios nos ama y quiere traer a los perdidos a Su presencia”.

“Además, Él escucha cuando oramos por los perdidos… ¡hasta por las llaves perdidas!”, exclamó Leila con una sonrisa.  SAVANNAH COLEMAN

JESÚS VINO A SALVAR A LOS PERDIDOS

VERSÍCULO CLAVE: LUCAS 19:10

PORQUE EL HIJO DEL HOMBRE HA VENIDO A BUSCAR Y A SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO.

¿Alguna vez has perdido algo importante?  En Lucas 15, Jesús cuenta tres parábolas sobre cosas perdidas: una oveja, una moneda y un hijo.  En todas las historias, el tema en común es que hay una gran alegría cuando los perdidos son encontrados.  Los que no conocen a Jesús como su Salvador están perdidos.  Si estás perdido, confía en Él.  ¡Entonces todo el cielo se llenará de alegría!  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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