La separación

“¿Qué pasó, Anita?”, preguntó la abuela mientras caminaban por el sendero serpenteante de su parque local con Buster, que ladraba emocionado y trataba de adelantarse, halando su correa.  “Has estado muy callada desde que tu padre te trajo.  ¿Ustedes pelearon?”

“Nosotros no, pero mamá y papá, sí”.  Anita suspiró.  La niña se iba a quedar en la casa de su abuela durante el fin de semana, para que sus padres pudieran tener tiempo para conversar a solas de algunos problemas.  “No entiendo.  Las últimas semanas han sido las peores.  Yo sé que todos pelean y discuten de vez en cuando, ¡pero ya no aguanto más!”

Abuela y nieta siguieron caminando mientras oían el canto de las aves y la risa de otros niños que corrían cerca.  Todos los demás parecían tan felices, pero los ojos azules de Anita brillaban por las lágrimas.

“El pastor Carrasco dijo que debemos preocuparnos por la gente y perdonar a otros, pero no puedo entender por qué mamá y papá no pueden hacerlo.  Se gritan el uno al otro y ya no sé qué hacer.  He orado por los dos, pero parece que cada vez gritan más”.

La abuela abrazó a Anita.  “A veces los adultos no se llevan bien.  Vivimos en un mundo pecaminoso, así que las relaciones pueden llegar a romperse.  Por más que intentamos, no siempre podemos arreglarlas.  Debemos ser pacientes y poner nuestra esperanza en Dios”.

“Pero ¿y si Dios no hace nada?”, preguntó Anita.

“Dios siempre nos escucha cuando oramos, y Él puede cambiar cualquier situación.  Pero también permite que las personas tomen sus decisiones y, cuando una relación se rompe, a veces deciden no seguir juntos.  Ese no es el plan de Dios para el matrimonio.  Él creó el matrimonio como una representación de Su amor por nosotros, un amor que nunca se acaba.  Oremos para que tus padres puedan resolver sus problemas, pero recuerda que siempre te amarán, aun si no siguen juntos.  Sé que es difícil, pero pase lo que pase, Jesús estará a nuestro lado y nos dará fuerzas.  Tenemos que depositar lo que nos preocupa en Sus manos.  ¿Qué te parece si lo hacemos ahora mismo?”

Anita asintió y las dos se sentaron en una banca cercana, donde elevaron juntas una oración.  Cuando terminaron de orar, la abuela comentó: “Ahora que le hemos entregado nuestros problemas a Dios, disfrutemos del fin de semana.  ¿Qué tal si tomamos un helado?”

Anita sonreía mientras avanzaban rápidamente al camión de los helados y Buster ladraba emocionado.  —  CINDY LEE

ENTRÉGALE TUS PROBLEMAS A DIOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 5:7 (NTV)

PONGAN TODAS SUS PREOCUPACIONES Y ANSIEDADES EN LAS MANOS DE DIOS, PORQUE ÉL CUIDA DE USTEDES.

¿Tus padres están separados o divorciados?  ¿Extrañas que estén juntos y piensas en los viejos tiempos?  Las relaciones rotas son producto de vivir en un mundo de pecado, y son dolorosas tanto para los padres como para los hijos.  Pero el amor de Jesús es perfecto y Él promete que nos ayudará cuando pasemos por circunstancias difíciles.  A pesar de que no puedes controlar las acciones de las demás personas, sí puedes orar por ellos y confiar en que Dios hará lo que sea mejor.

Clave de Hoy
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