La vista desde arriba

Claudia y Valeria avanzaban con la lengua afuera hasta que finalmente llegaron a la cima de una colina empinada y rocosa.  “¡Guau!  ¡Se puede ver muy lejos desde aquí!”, expresó Claudia.  La niña apuntó al valle que se extendía por debajo: “Mira a Emilio.  Ya le falta poco para meter a todas las vacas al corral”.

Mirando hacia abajo, las niñas vieron cómo su hermano arreaba el ganado hacia la puerta.  De repente, Valeria ahogó un grito.  “¡Roco se salió!”, exclamó, señalando a un perro que corría hacia los animales.  “No creo que Emilio pueda verlo, ¡y está corriendo directamente hacia donde están las vacas!”  Valeria y Claudia hicieron señas y gritaron, tratando de llamar la atención de Emilio, pero no sirvió de nada.  Roco alcanzó al ganado, ladrando furioso, y las vacas se dispersaron.  Emilio tuvo que volverlas a rodear para juntarlas otra vez.

Cuando las niñas regresaron de la colina, la cena estaba lista.  “Claudia y yo estábamos en la cima de la colina y podíamos ver toda la granja”, le contó Valeria a su hermano cuando se sentaron a comer.  “Vimos cómo Roco se salió, y gritamos e hicimos señas, pero estabas demasiado lejos para escucharnos”.

“Sí las vi”, confesó Emilio, “pero pensé en que, si no mantenía la vista fija en las vacas, se dispersarían nuevamente.  Ahora sé que debí haberles puesto atención.  Ustedes sabían lo que iba a pasar”. 

Su padre sonrió.  “Qué excelente ilustración de cómo Dios ve nuestras vidas.  Así como las niñas podían ver toda la granja, Dios sabe lo que nos pasará.  Somos importantes para Jesús y Él ha prometido guiarnos por cualquier cosa que tengamos que afrontar.  Debemos confiar en Él”.

Mamá asintió.  “Sí, y con frecuencia olvidamos que debemos confiar en Él en los días comunes y corrientes al igual que en los difíciles”.

“¿Confiar en Jesús en los días comunes y corrientes?”, pregunto Emilio.  “¿A qué te refieres?”

“Bueno, cuando pasa algo muy malo, oramos y pedimos ayuda”, explicó papá, “pero Jesús quiere que hablemos con Él y busquemos Su dirección todos los días”.

“Entonces… ¿debemos pedirle ayuda cuando estudiamos para un examen?”, preguntó Valeria. 

“¿O para saber cuáles son las palabras precisas para animar a una amiga?”, sugirió Claudia.

“Correcto”, afirmó su padre.  “Pidamos la ayuda de Dios y asegurémonos de poner atención y confiar en Él de tal manera que hagamos lo que Él nos indique”.  —  KAREN R. LOCKLEAR

CONFÍA EN DIOS EN LOS DÍAS COMUNES Y CORRIENTES

VERSÍCULO CLAVE: PROVERBIOS 3:6

RECONÓCELO EN TODOS TUS CAMINOS, Y ÉL ENDEREZARÁ TUS SENDAS.

¿Hoy fue un día normal y corriente para ti?  ¿Un día sin que haya grandes problemas o cosas inusuales?  ¿Te acordaste de que todavía necesitas a Jesús?  ¿Oraste y pensaste en cómo Él quería que vivieras hoy?  Dale gracias a Dios por los días comunes y corrientes, y recuerda confiar en Jesús y pedirle Su dirección cada día de tu vida.

Clave de Hoy
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