La mano que guía

“Qué divertido”, expresó Camilo mientras guiaba el bote de aluminio para pescar en el lago.  El viento era fuerte y las olas estaban altas, pero su padre había accedido a permitir que el niño tratara de dirigir el bote.

“¿Necesitas ayuda?”, preguntó papá.

Camilo negó con la cabeza.  “Puedo hacerlo solo”.  Pero unos momentos más tarde, un bote más grande y rápido pasó junto a ellos, dejando aguas agitadas a su paso.  Entonces su barquito empezó a zigzaguear de un lado al otro.  “¡Ayúdame, papá!”, gritó Camilo.

Su padre estaba justo ahí, listo para ayudarlo.  Rápidamente puso su mano sobre la del niño y guio la embarcación hasta que todo estuvo nuevamente bajo control.

Esa noche, Camilo le contó a su mamá de su aventura.  “Papá pudo manejarlo sin problemas, ¡pero yo no!  Necesité ayuda.  ¡Creo que papá puede con todo!”

El padre sonrió.  “No puedo con todo, pero cuando me encuentro con algo que no pueda manejar, también hay alguien que me ayuda”.

“¿Quién?”, preguntó Camilo.  “No estarás hablando del abuelo, ¿verdad?  Él no está siempre aquí”.

“No”, contestó papá.  “El abuelo sí me ayudaba bastante cuando yo era niño, y todavía lo hace cuando puede.  Pero estoy pensando en Jesús.  Lo que pasó en el lago es un muy bien ejemplo de lo que sucede en mi vida cristiana”.

“¿En serio?”, inquirió el niño.  “¿Cómo?”

“A veces, especialmente cuando todo va bien, cometo el error de pensar que puedo manejarlo todo por mí mismo”, explicó su padre.  “En ocasiones, Dios me deja intentarlo, y si me vuelvo demasiado independiente, las cosas pueden salirse de control si no acudo a Él.  Cuando dependo de Dios, Él siempre está ahí, listo para ayudarme”.

“Pero… Él no puede poner Su mano de verdad en la tuya, ¿o sí?”, preguntó Camilo. 

“No literalmente, por supuesto, pero cuando le pido ayuda, Dios usa varias herramientas para mostrarme cómo manejar la situación.  A veces usa a otras personas para avisarme qué hacer.  Otras veces simplemente calma mi corazón a través de Su Palabra y me enseña a esperar pacientemente mientras confío en Él”.

Camilo asintió, pensativo.  “¡Me alegra que hayas estado ahí cuando te necesité y me alegra que Jesús siempre esté aquí para ayudarnos y guiarnos a los dos!”  —  RUTH I. JAY

DEJA QUE DIOS TE GUÍE

VERSÍCULO CLAVE: ISAÍAS 58:11

EL SEÑOR TE GUIARÁ CONTINUAMENTE, SACIARÁ TU DESEO EN LOS LUGARES ÁRIDOS Y DARÁ VIGOR A TUS HUESOS.

Cuando parece que todo está bien, ¿te olvidas de que necesitas a Jesús?  ¿Crees que puedes manejar el examen de matemáticas por tu cuenta?  ¿O que no necesitas de una guía en tus amistades?  Es genial tener padres u otros adultos en los que puedas apoyarte, pero Jesús es el único al que puedes acudir para que te guíe en todas las áreas de tu vida.  Él siempre está contigo y quiere ayudarte.  Permite que lo haga.

Clave de Hoy
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