La culpa de Gabriel

Gabriel rebotaba distraídamente una pelota contra la pared de la sala una tarde de viernes.  De repente, ¡PUM!  La botella de su padre, que tenía en su interior un barco, estaba quebrada en el piso.  «¡Oh, no!», pensó el niño.  «¡Ese barco era del abuelo de mi papá!  Y mamá y papá me dijeron que me castigarían por una semana si no dejaba de rebotar la pelota dentro de la casa».  Pero sus padres todavía no llegaban del trabajo, así que rápidamente barrió los pedazos de vidrio y se deshizo de ellos.

Esa noche, Gabriel miró de lejos a su Biblia mientras se alistaba para dormir.  Normalmente dedicaba un tiempo para leer la Biblia y orar cada noche antes de acostarse, pero hoy no tenía ganas.  «Seguramente Dios está enojado conmigo», pensó.  Así que se metió en la cama y en lugar de orar se quedó dormido.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, Gabriel trató de evitar la mirada de su padre.

—¿Qué te parece si hoy jugamos una partida de ajedrez? —preguntó papá, y el niño negó con la cabeza—.  ¿Damas? —volvió a inquirir el padre—.  O podríamos ir a lanzar canastas afuera.

Gabriel ya no podía quedarse callado más tiempo.

—No vas a querer jugar conmigo cuando sepas lo que hice —su voz temblaba.  Entonces le contó a papá cómo había rebotado la pelota y roto el barco en la botella—.  Lamento mucho haber desobedecido —confesó el niño entre lágrimas—.  ¿Estás enojado conmigo?

—No puedo decir que estoy feliz —respondió el padre—.  Pero me alegra que me lo hayas dicho.  Cuando cometemos un pecado, este no nos permite disfrutar nuestras relaciones con otras personas… ni tampoco nuestra relación con Dios.  Nuestro Padre celestial nos ama y quiere tener comunión con nosotros; por eso envió a Jesús para que tomara el castigo por nuestros pecados.  Cuando le confesamos nuestras ofensas, Él nos perdona —papá se acercó a Gabriel para darle un abrazo—.  Y yo también te perdono.

—Gracias, papá —expresó Gabriel—.  Pero de todos modos estoy castigado, ¿verdad?

Su padre asintió.

—Sí, pero aun así espero que siempre vengas a mí, sin importar lo que hayas hecho, para que podamos disfrutar del estar juntos otra vez.  Nada de lo que hagas puede evitar que yo te ame.

Gabriel pensó en cómo su culpa le impidió hablar con su papá… y con Dios.  «Tengo el mejor padre del mundo», pensó.  «¡Y un Dios que es aun mejor!»  —  JAN L. HANSEN

CONFIESA TUS PECADOS A DIOS

VERSÍCULO CLAVE: HEBREOS 4:16 (NTV)

ASÍ QUE ACERQUÉMONOS CON TODA CONFIANZA AL TRONO DE LA GRACIA DE NUESTRO DIOS. ALLÍ RECIBIREMOS SU MISERICORDIA Y ENCONTRAREMOS LA GRACIA QUE NOS AYUDARÁ CUANDO MÁS LA NECESITEMOS.

¿Alguna vez has evitado a una persona a la que has ofendido?  ¿Has evitado pasar tiempo con Dios porque te sientes culpable por algo que hiciste?  No permitas que el pecado te impida acercarte a Dios porque crees que Él está enojado contigo.  El Señor es tu Padre amoroso que envió a Su Hijo a pagar el precio por tu pecado, para que pudieras ser Su hijo o Su hija.  Confiesa tus pecados a Dios y Él te perdonará.

Clave de Hoy
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