La colección de monedas

“¡El abuelito está aquí!”, gritó Fausto mientras su abuelo estacionaba su automóvil frente a la casa. 

“Dijo que traería algunas monedas para tu colección, ¿verdad?”, comentó su hermana, Gerda.  “Me pregunto qué clase de monedas tiene”.

Después de saludar con todos, el abuelo puso una bolsa llena de monedas en la mesa.  “Creí que te gustarían, Fausto.  Conseguí la mayoría en distintos países que visité cuando viajé a Europa por negocios, hace muchos años”.

“Hay muchas monedas de diferentes clases”, observó Gerda después de estudiarlas.

“Sí, y eso ha cambiado”, explicó el abuelo.  “Ahora la mayoría de los países europeos usan la misma moneda: el euro”.

Mientras veían más de cerca las monedas, Gerda puso a un lado algunas.  “Todas estas tienen la imagen de una persona en un lado”.

El abuelo asintió.  “Muchos países ponen imágenes de personas importantes, casi siempre sus gobernantes, en las monedas”.  El anciano sostuvo en alto una moneda que se veía muy antigua.  “Esta es una antigua moneda romana que compré en Italia.  Tiene la imagen de uno de los césares.  Ya no está vivo, pero sí lo estaba cuando se forjó la moneda”.

“Eso me recuerda la lección que vimos en la iglesia la semana pasada”, compartió Fausto.  “Cuando la gente preguntó si debían pagar impuestos a César, Jesús les preguntó de quién era la imagen que estaba en la moneda.  Le dijeron que era la de César y entonces Jesús les dijo que deberían darle al César lo que es del César y dar a Dios lo que es de Dios”.

“Correcto”, afirmó el abuelo, “y nosotros deberíamos hacer lo mismo.  Si le vamos a dar a Dios lo que es Suyo, ¿qué sería?”

“No sé”, respondió Fausto.  “No creo que tenga ninguna moneda que tenga una imagen de Dios en ellas, ¿o sí?  Ni siquiera sabemos cómo se ve Dios”.

Gerda casi se puso a saltar de la emoción.  “Las monedas no tienen la imagen de Dios, ¡pero la gente sí!”, exclamó.  “La Biblia dice que Dios creó a los humanos a Su imagen, ¡entonces creo que debemos entregarnos nosotros mismos!”

“¡Correcto!”, aseguró el abuelo.  “¿Y cómo lo hacemos?”

“Ya sé”, opinó Fausto.  “¡Confiando en Jesús!”

El abuelo asintió.  “Cuando confiamos en Él como nuestro Señor y Salvador, nos convertimos en hijos de Dios y Él nos da la capacidad de vivir para Él”.  —  AGNES MADDY

ENTRÉGATE A DIOS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 12:1

POR TANTO, HERMANOS, LES RUEGO POR LAS MISERICORDIAS DE DIOS QUE PRESENTEN SUS CUERPOS COMO SACRIFICIO VIVO Y SANTO, ACEPTABLE A DIOS.

¿Le das a Dios las cosas que son Suyas?  De hecho, todo ya le pertenece a Él, pero específicamente te creó a ti a Su imagen.  Jesús murió y resucitó para salvarte del pecado y Él quiere que voluntariamente le entregues todo tu ser.  Eso significa confiar en Él como tu Salvador y convertirte en Su hijo.  ¡Dale a Dios lo que es Suyo al entregarle tu vida!  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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