Juan Huracán

¡PUM!

—¡Lo siento! —expresó Juanito.

¡BAM! ¡CHAS!

—Ups, otra vez lo siento.

Amanda sonrió a su madre.

—Parece que Juanito ya llegó.

—Estoy bien —indicó el niño cuando mamá y Amanda lo encontraron de pie en medio de un charco lleno de escombros—. Rompí dos floreros.

Mientras los tres limpiaban el desastre, Juanito comentó:

—En la escuela, los niños me llaman Juan Huracán. Cuando estoy cerca, siempre hay algo que se cae o se rompe. Les aseguro que tengo mala suerte. ¡Me sigue a todos lados!

—No existe la mala suerte —opinó Amanda.

Juanito escurrió agua de una toalla.

—Creo que estás equivocada. En la escuela aprendimos sobre la Torre Inclinada de Pisa. La construyeron para que fuera el campanario de una iglesia. Tenía excelentes constructores, pero la torre comenzó a inclinarse después que terminaron de construirla —el niño se encogió de hombros—. ¿Ves? ¡Mara suerte!

—No es la mala suerte lo que hizo que se inclinara —explicó su madre—. Hay una razón. Cuando construyeron la torre, se pusieron los cimientos en un terreno suave y pantanoso que no podía sostener todo ese peso, por eso se inclinó. Los constructores seguramente sabían estas cosas, pero estaban demasiado apurados por construir la torre.

—Oh —expresó Juanito—. Entonces no fue mala suerte; fueron los cimientos.

Mamá llenó la pala con los vidrios rotos.

—Exactamente. A veces suceden cosas malas, o salen mal cuando no tenemos cuidado. Pero en lugar de decir que es mala suerte, debemos hacer lo que esos constructores no hicieron y ver cómo están nuestros cimientos.

—¿Cómo hacemos eso? —preguntó Juanito.

—Debemos recordar quién es nuestro fundamento: Jesús. Él murió y resucitó para salvarnos de lo peor que podía pasarnos, es decir, de estar separados de Dios para siempre a causa de nuestro pecado. Él tiene el control de todo. Aun cuando el Señor permite que ocurran cosas malas, cosas mucho peores que romper un florero, tenemos esperanza porque nuestras vidas están construidas sobre Él, no sobre la suerte.

Juanito sonrió.

—Entonces ya no puedo culpar a la mala suerte —el niño agarró la escoba—. Y he decidido que seré más cuidadoso y haré las cosas sin tanto apuro. ¡Mañana empiezo!

Cuando Juanito se dio la vuelta para guardar la escoba en el armario, el palo de la escoba chocó con la lámpara. Amanda la atrapó antes que se cayera de la mesa.

—Oye, Juan Huracán —mamá le dio un abrazo—. ¿Qué te parece si empiezas ahora mismo?

MATT SHOEMAKER

JESÚS TIENE EL CONTROL

VERSÍCULO CLAVE: 1 CORINTIOS 3:11 (NTV)

PUES NADIE PUEDE PONER UN FUNDAMENTO DISTINTO DEL QUE YA TENEMOS, QUE ES JESUCRISTO.

Cuando las cosas salen mal, ¿le echas la culpa a la mala suerte? La suerte, buena o mala, no es un buen fundamento para construir tu vida. Deja que Jesús sea tu fundamento. Él tiene el control de todo lo que sucede. Jesús murió por tus pecados para que pudieras tener vida eterna con Él. Debido a que somos personas imperfectas que vivimos en un mundo roto, las cosas malas todavía pasan, pero puedes permanecer firme en la esperanza de Jesús.

Clave de Hoy
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