Ira volcánica

La pelota de béisbol salió disparada por el bate de Roberto, como un cohete.

“Buen tiro”, comentó Braulio.

La bola se estrelló contra la ventana del piso de arriba de la casa de los Coello.  La señora Coello gritó y los gritos de un hombre coparon el ambiente.

Roberto tiró su bate.  “Nos van a matar.  Salgamos de aquí”.

Braulio asintió.  “Si vamos a huir, es ahora o nunca”.

El señor Coello apareció desde adentro de la ventana rota.  “¡Quédate ahí, Braulio!”, gritó.  “Estoy bajando.  ¡Tendrás que pagar por esto!”

Braulio se quedó congelado.  “¿Cómo es que sabe mi nombre?”, le preguntó a Roberto.

Los niños se acercaron mientras el señor Coello pisaba el jardín y zapateaba hacia ellos.

“Supongo que no tendrás que lavar la ventana hoy, querido”, gritó la señora Coello.  Su esposo se detuvo y sonrió.  “Ella ha querido que limpiara esa ventana todo el día.  Puede que ustedes dos me hayan hecho un favor”.

Roberto miró al señor Coello, nervioso.  “Pagaremos por los daños”, indicó.

El señor Coello sonrió.  “En verdad erupcioné como el Vesubio, ¿verdad?”

Braulio se rascó la cabeza.  “¿Quién es Vesubio?  ¿Su hijo?”

El señor Coello rio.  “No, no es mi hijo.  El Vesubio es un volcán que está en Italia que tuvo una fuerte erupción en el año 79 d.C. y es uno de los más peligrosos del mundo”.  El vecino suspiró.  “Lo siento, chicos, no debí haberles gritado así.  Eso estuvo mal de mi parte”.

“Usted nos pide perdón… ¿a nosotros?”, preguntó Braulio.  “¡Pero nosotros rompimos su ventana!”

“Y mi reacción fue exagerada”, admitió el señor Coello.  “La Biblia tiene mucho que decir sobre la ira.  Aunque está bien sentir enojo, no deberíamos permitir que nuestra ira haga que pequemos y evite que mostremos a los demás el amor de Dios”.  El hombre sonrió a los muchachos.  “Me queda claro que todavía estoy aprendiendo lecciones sobre cómo controlar mi ira”.

Braulio le devolvió la sonrisa.  “Está bien”.

“Y ustedes, jovencitos, deben aprender otras lecciones también”, aseguró el señor Coello.  “Por ejemplo, a no jugar béisbol tan cerca de las casas”.  El vecino sostuvo en alto la pelota y señaló el nombre de Braulio escrito en ella.  “Y a nunca escribir su nombre en una pelota si la van a enviar volando a través de una ventana”.  Coello guiñó el ojo.  “¡En esta calle viven demasiadas personas enojonas!” – MATT SHOEMAKER

CONTROLA TU ENOJO

VERSÍCULO CLAVE: SANTIAGO 1:19 (NVI)

TODOS DEBEN ESTAR LISTOS PARA ESCUCHAR, Y SER LENTOS PARA HABLAR Y PARA ENOJARSE.

¿Tienes problemas para controlar tu enojo?  ¿Tu temperamento erupciona como un volcán?  Es natural enojarse, pero dejar que la ira nos lleve a decir palabras hirientes y crueles hace mucho daño y evita que demuestres el amor de Dios a otros.  Cuando sientas que estás a punto de estallar, haz una pausa y recuerda cuánto te ama Jesús.  Luego confía en que Él te ayudará a amar a otros como Él te ama.

Clave de Hoy
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