El último kilómetro

“Lucas, no puedo seguir”, exclamó Gustavo casi sin aliento, mientras caminaba lentamente por el serpenteante sendero de su parque local.  “Puedes continuar, si quieres.  Te estoy deteniendo.  Podías haber terminado hace siglos”.

“No voy a seguir sin ti.  Vamos, Gustavo.  No te des por vencido.  Ya casi llegamos”. 

Los amigos estaban en una caminata patrocinada y solo les faltaba un kilómetro más.  Habían estado caminando por horas y muchos de los otros caminantes los habían pasado hacía mucho tiempo. 

“Piensa en el dinero de los patrocinadores para el hospital”, comentó Lucas.  “No podemos defraudarlos, no después de todos los fondos que levantamos.  ¡Vamos, tú puedes hacerlo!  Lo estás haciendo bien.  Sigue adelante”.

Las piernas de Gustavo le dolían.  Lo único que quería era sentarse en el pasto por un minuto, pero sabía que, si se sentaba, se daría por vencido.  “¿En qué puedo pensar?”, se dijo para sus adentros mientras miraba el sol que brillaba a través de los árboles.  Su madre siempre le recordaba que pidiera ayuda a Dios en los momentos difíciles.  “Jesús, por favor, ayúdame y dame la fuerza para seguir adelante”, oró. 

El niño miró a Lucas, que estaba sonriéndole, animándolo.  Con determinación, siguió adelante a tropezones, sabiendo que llegaría a la meta con la ayuda de Dios y el apoyo de Lucas.

Apretando sus dientes, con ampollas que le ardían en sus pies, Gustavo cojeó hasta que la meta estuvo a la vista.  Ambos amigos cruzaron juntos, aplaudidos y aclamados por la gente.

“¡Bien hecho!”, le felicitó su madre, abrazando a Gustavo.  “Estoy tan orgullosa de ti”.

“No hubiera podido hacerlo sin Lucas.  Quería rendirme, pero él me persuadió para seguir adelante y ahora levantamos fondos que ayudarán a otros”.

“Qué amable de tu parte, Lucas”, expresó mamá.  “Hoy te portaste como un buen amigo, el tipo de amigo que es Jesús”.

Gustavo asintió.  “¡Jesús también me ayudó a llegar a la meta!  Cuando creía que no podía seguir adelante, oré y Él me dio fuerzas”.

Su madre sonrió.  “Jesús siempre camina a tu lado.  No importa cuán difícil sea el camino, Él está con nosotros, animándonos.  Él nos llevará hacia la meta”.  Mamá sacó las llaves del automóvil.  “¿Quién tiene ganas de helados?”

Gustavo y Lucas gritaron de emoción y la madre los llevó a casa para comer un bien merecido manjar.   —      CINDY LEE

JESÚS ESTÁ A TU LADO

VERSÍCULO CLAVE: DEUTERONOMIO 31:8

EL SEÑOR IRÁ DELANTE DE TI; ÉL ESTARÁ CONTIGO, NO TE DEJARÁ NI TE DESAMPARARÁ; NO TEMAS NI TE ACOBARDES.

¿A veces te parece que la vida es demasiado difícil?  ¿Te preguntas dónde está Dios en medio de tantas dificultades?  Él está ahí, a tu lado.  Jesús sabe por lo que estás pasando y promete ayudarte en medio de ello.  Él es el buen amigo que jamás te dejará atrás.  Sin importar lo difícil que sea el camino, Él siempre estará a tu lado.

Clave de Hoy
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