El mensajero

Consuelo entró en la habitación de su hermano sosteniendo una hoja de papel.

—¿Cómo conseguiste que Duque me trajera esto?  Entró en mi cuarto, apoyó su nariz en mi mano, ¡y noté que tenía este mensaje amarrado a su collar!

Miqueas rio.

—¡Sabía que podía hacerlo!  Acabo de decirle: «Anda donde Consuelo», y salió enseguida.  ¡Ahora podemos enviarnos notas secretas, como los espías! Llévalo a tu habitación y trata de enviarme un mensaje con él.

Consuelo aceptó emocionada y los niños enviaron a Duque de un lado a otro, cargando sus mensajes.  Unos minutos después, los niños fueron a la cocina a tomar unas galletas para comerlas mientras hacían sus tareas.  Mientras Miqueas trabajaba en su lección de matemáticas, le dio ganas de comer una galleta más.  «A lo mejor Consuelo todavía tiene galletas», pensó.  «Le preguntaré».  Entonces Miqueas escribió una nota y la ató en el collar de Duque.

—Anda donde Consuelo, Duque —le ordenó, y el perro salió trotando de la habitación.  Miqueas se quedó esperando largo rato.  Finalmente, se levantó y fue a la habitación de Consuelo para ver qué había pasado con su mensajero.

—Nunca vino acá —aseguró la niña.

Los hermanos bajaron y se enteraron de que su madre había sacado a Duque al jardín.  Miqueas rio cuando encontró a su mensajero, que estaba persiguiendo a un conejo.

—Espero que nosotros seamos mejores mensajeros que Duque —comentó mamá cuando supo sobre el nuevo trabajo del perro.

Miqueas se veía confundido.

—Yo no soy mensajero de nadie.

—Todos los cristianos somos llamados a ser mensajeros de Dios —explicó su madre—.  Muchas personas no saben que Jesús los ama y que Él murió y resucitó para salvarlos.  No saben que Él regresará algún día para arreglar todas las cosas, ¡y debemos llevar ese mensaje!  Debemos contar a la gente sobre Jesús y demostrarles Su amor.  Pero a veces nos distraemos por cosas como nuestra propia comodidad o lo que otros pensarían de nosotros, y nos olvidamos de compartir las Buenas Nuevas de Jesús con los demás.

Cansado de correr, Duque regresó y se acostó en el pasto.  Consuelo tomó la nota de su hermano que estaba en el collar del perro y la leyó.

—Lo siento, Miqueas, pero ya me comí todas mis galletas.  Duque no me entregó el mensaje a tiempo —la niña sonrió—.  ¡Al menos esto nos ayudará a recordar lo importante que es comunicar el mensaje de Dios!

LINDA WEDDLE

COMPARTE EL MENSAJE DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: MARCOS 16:15 (NTV)

[JESÚS] LES DIJO: «VAYAN POR TODO EL MUNDO Y PREDIQUEN LA BUENA NOTICIA A TODOS».

¿Qué clase de mensajero eres?  A lo mejor nunca te habías considerado un mensajero, pero si conoces a Jesús como tu Salvador, Él te ha llamado a compartir las Buenas Nuevas de Su amor y de la salvación con el mundo.  No permitas que nada te distraiga de hacerlo, porque no hay nada más importante que ayudar a que otros sepan que pueden tener vida eterna con Jesús.  Sé un fiel mensajero de Dios.

Clave de Hoy
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