Un músculo asombroso

Jasón abrió la puerta del automóvil y se acomodó en el asiento delantero.

—Hola, mamá.  Hoy me divertí mucho en la escuela… incluso en la clase de ciencias —expresó mientras se abrochaba el cinturón de seguridad—.  ¿Cuál crees que es el músculo más asombroso de tu cuerpo?

—Mi corazón —declaró su madre antes de empezar a conducir para regresar a la casa.

Jasón sonrió.

—¡No!  Tienes otra oportunidad para adivinar.

—Eh… me rindo.  ¿Cuál es el músculo más asombroso de mi cuerpo?

—Tu lengua —respondió Jasón—.  Bueno, al menos eso es lo que piensa el señor Hernández.  Lo que sí puedo decir es que ni siquiera debemos pensar en la lengua ni decirle lo que debe hacer.  Simplemente lo hace.

—¿Por ejemplo, saborear? —preguntó mamá—.  Esa es una de tus actividades favoritas.

Jasón rio.

—¡Sí!  Aprendí que la lengua tiene más de tres mil papilas gustativas y creo que debería ejercitarla con algunas galletas cuando lleguemos a casa.  Pero eso no es lo único que hace nuestra lengua.  Nos ayuda a mover la comida en nuestra boca, y nos ayuda a formar las palabras que queremos decir cuando hablamos.

Su madre asintió.

—Tienes razón.  Creo que no había pensado antes en eso.  ¿Y sabías que la lengua también es la parte del cuerpo con la que probablemente pecamos más?

—¿En serio? —Jasón se quedó sorprendido al oír esas palabras.

—Es como el volante de este automóvil —le explicó mamá—.  Necesito controlar el volante para hacer que el carro vaya en la dirección correcta.  Si pierdo el control, el automóvil no entrará en el garaje como quiero que lo haga en un minuto.  Podría avanzar en cualquier dirección y probablemente terminaría haciendo mucho daño… a lo mejor me chocaría contra un poste de luz —la madre giró para entrar en el garaje de la casa—.  También debemos controlar nuestra lengua.  Podemos usarla con sabiduría para alabar a Dios y animar a otros.  Pero si perdemos el control, a lo mejor terminaríamos utilizando palabras groseras por el enojo, o diciendo chismes sobre la gente.

—Entonces, ¿podemos usar nuestras lenguas para lo bueno o para lo malo? —balbuceó Jasón.

—Correcto —afirmó mamá—.  ¡Pero debido a que confiamos en Jesús, podemos elegir lo bueno siempre!  Él nos da el poder para controlar nuestras lenguas, para que podamos usar nuestras palabras de maneras que demuestren a los demás quién es el Señor.

—Guau —exclamó Jasón—.  ¡Eso sí es asombroso!

JACQUELINE LEAYCRAFT

CONTROLA TU LENGUA… CON LA AYUDA DE DIOS  

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 141:3

SEÑOR, PON GUARDA A MI BOCA; VIGILA LA PUERTA DE MIS LABIOS.

¿Cómo usas tu lengua?  ¿La utilizas para darle gracias a Dios por todo lo que ha hecho por ti y para adorarlo?  ¿La usas para animar a otros con palabras bondadosas?  ¿O a veces hablas sin pensar y dices palabras hirientes y dañinas?  La lectura bíblica de hoy resalta que la lengua puede hacer mucho daño.  Es importante mantenerla bajo control.  Confía en que Jesús te ayudará a usar este asombroso músculo que Él te ha dado para el bien.

Clave de Hoy
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