El medidor de pecados

“¡Oh, no!”, se quejó Darío cuando vio la piscina.  “¡Hay algo verde en el agua!”  Él y Amaya tenían la responsabilidad de poner los químicos en la piscina cuando fuera necesario, pero no había hecho su trabajo.  “Ahora tendremos que poner extra químicos para matar todas esas algas y no podremos nadar por un par de días”, señaló el niño mientras se limpiaba el sudor de su frente.

“¡Y se supone que serán los días más calientes que tendremos en todo el verano!”  Amaya suspiró, abanicándose.  “¿Cómo se hizo así tan rápido?  El agua se veía bien ayer”.

“¿Han estado usando el medidor de agua todos los días?”, preguntó su madre.

Darío negó con la cabeza.  “Simplemente creímos que nos daríamos cuenta si el agua estuviera sucia”.

“Sí”, confesó Amaya.  “Esas cosas verdes no estaban ahí ayer”.

“No las vieron ayer, pero ahí estaban, sin duda”, afirmó mamá.  “Si hubieran usado el medidor de agua, lo habrían sabido”.  La madre miró las poco atractivas algas.  “Mientras más rápido pongan los químicos, más rápido volverá a estar limpia el agua”.

Esa noche, su padre se enteró del problema.  “Bueno, espero que esto les ayude a recordar lo importante que es medir el agua, incluso cuando no vean ningún alga”.  Papá sonrió.  “Eso me recuerda a un medidor diferente que todos debemos usar con frecuencia”.

“¿Para medir qué?”, preguntó Amaya.

“Debemos medir nuestras vidas usando la Palabra de Dios”, contestó su padre.  “Cuando hacemos algo malo que nos parece pequeño, como decir una mentirita blanca o hacer un comentario poco amable, muchas veces no hacemos nada al respecto.  Pero cuando comparamos nuestras acciones a cómo la Biblia dice que tenemos que vivir, vemos qué feos son realidad esos supuestos pecadillos.  La Biblia nos muestra nuestro pecad y nos dice qué hacer al respecto”.

“¿Te refieres a pedirle perdón a Jesús?”, preguntó Darío.

Papá asintió.  “Todos hacemos cosas malas y, cuando reconocemos el pecado en nuestras vidas, debemos confesarlo a Jesús.  Él nos perdonará y nos ayudará a cambiar nuestro comportamiento”.

“Y Él lo hace al instante”, agregó Amaya.  “A diferencia de las algas, ¡no debemos esperar para estar limpios del pecado!”  —  DEANA L. ROGERS

MIDE TU VIDA CON LA BIBLIA

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 119:9

¿CÓMO PUEDE EL JOVEN GUARDAR PURO SU CAMINO?  GUARDANDO TU PALABRA.

¿Estás usando la Biblia para medir tus acciones?  ¿Te ha mostrado las maneras en que te ha faltado honestidad o amabilidad?  El pecado es un problema serio.  Esa es la razón por que Jesús murió por nosotros, para que nuestros pecados puedan ser lavados y seamos perdonados.  No permitas que ningún pecado, sin importar cuán pequeño te parezca, eche raíces en tu vida.  Cuando la Biblia te muestre algo que has hecho mal, confiésalo y cambia tus acciones.

Clave de Hoy
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