¡El bateador!

Todos los días, después del trabajo, papá caminaba a la escuela de Sebastián y juntos caminaban a la casa, pasando por la cancha de béisbol. Los viernes la cancha estaba llena de ruido por algún partido de la ciudad. Sebastián quería ver lo que pasaba, pero una alta cerca de madera le bloqueaba la visión.

—¿Podemos entrar, papá? —preguntó un día el niño.

—El partido está ya por terminar —indicó papá—. Esperemos hasta que podamos ver un juego completo.

Entonces Sebastián notó algo:

—Puedo ver la segunda base a través de este agujero —desde otro, podía ver la tercera base—. Pero ahora no puedo ver más. ¡No es justo!

Entonces su padre le dijo:

—Hay un agujero más grande allá adelante. Vayamos a verlo.

Sebastián corrió hacia allá.

—¡Papá! ¡El bateador acaba de llegar a la segunda base!

—¿Puedes ver el plato del jonrón?

—No —el niño se oía decepcionado—. Todavía puedo ver solo una parte de la acción.

—Los agujeros son así —aseguró su padre—. Cuando era niño, tu abuelo solía decirme que la vida es como un agujero.

Sebastián hizo una mueca.

—¿Qué significa eso?

—Significa que solo podemos ver lo que está al frente de nosotros, a pesar de quisiéramos poder ver más, por ejemplo, durante la pandemia, cuando mi compañía tuvo que cerrar. Estaba preocupado, pero no tenía que preocuparme porque Dios podía ver lo que había por delante.

—Entonces, es como si Dios pudiera ver el partido desde adentro de la cancha —comentó Sebastián.

—Sí, mucho mejor que eso, porque Él ya sabe cómo terminará todo. Dios tenía un mejor trabajo para mí, pero lo más importante es que Él promete que hará que todo sea mejor algún día. Jesús murió y resucitó para que podamos vivir con Él para siempre en un mundo sin pecado y sin muerte —mientras seguían caminando, papá dijo—: Mira, el próximo viernes voy a salir temprano. Puedo comprar los boletos y podemos ir al partido.

Esperar toda una semana fue difícil para Sebastián, pero cuando llegó el día, fue tal como su padre se lo había prometido. Vieron el partido desde el principio hasta el final en buenos asientos, mientras comían perros calientes.

—¿Valió la pena la espera? —preguntó papá.

—Totalmente. Hoy tuvimos la vista de Dios, o algo así.

Papá rio.

—Así es. Y un día tendremos los mejores asientos en la cancha del cielo. No vamos a tener que esperar ni pagar.

Sebastián sonrió.

—¡Y no habrá agujeros!

TERESA AMBORD

ESPERA EN EL SEÑOR

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 27:14

ESPERA AL SEÑOR; ESFUÉRZATE Y ALIÉNTESE TU CORAZÓN. SÍ, ESPERA AL SEÑOR.

¿Te preocupa o te causa ansiedad no saber qué traerá el futuro? Todos nos sentimos así a veces, pero solo Dios conoce el futuro. Nuestra tarea es confiar en Él. Jesús promete ayudarnos a través de cualquier dificultad que afrontemos hasta el día en que Él arregle todas las cosas. Sus planes por nosotros son buenos. Entrega tus preocupaciones a Dios, mientras esperas el maravilloso futuro que Él ha prometido.

Clave de Hoy
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