Con o sin talento

Darío no tuvo otra opción más que observar cómo su prima practicaba gimnasia rítmica.

—Quisiera que mi mamá no estuviera tan ocupada; así podría estar en mi casa —murmuró mientras se sentaba junto con su tía para observar a Abi.

Su tía Melinda rio.

—Ella está en el hospital para darte una hermanita bebé, sobrino.

Darío se quedó mirando fijamente la barra donde Abi realizaría su rutina.  Sus ojos se abrieron por la sorpresa al ver a su prima.  Era fácil darse cuenta de que su tía también estaba orgullosa de Abi.

Cuando terminó la presentación, Darío miró a la tía Melinda y le dijo:

—Yo nunca podría hacer nada parecido.  No sirvo para nada.

La tía levantó las cejas.

—¿No sirves para nada?  ¿Qué tonterías dices?

—No tengo ningún talento —aseguró Darío—.  No tengo motivos para caer bien a nadie.

Su tía Melinda apretó cariñosamente la mano del niño.

—Darío, tú vales mucho porque eres un hijo de Dios.

El sobrino negó con la cabeza.

—Tengo que ser algo más que un hijo de Dios.

—No es así —declaró la tía Melinda—.  Ser hijo de Dios es suficiente.  Él envió a Su propio Hijo, Jesús, a morir por tus pecados para que pudieras ser parte de Su familia.  ¡Tanto así te ama Dios!  Tu hermanita igualmente será amada por tus padres simplemente porque es su hija.  No se necesita ningún talento especial.

Al día siguiente, Darío fue al hospital para conocer a su hermanita.  Se sentó junto a la cama de su mamá y observó cómo sus dos padres miraban a la bebé Iris.  Sus ojos estaban llenos de amor.  La bebé se movía en los brazos de su madre, pero no hacía nada más.  No sabía hacer ningún truco.  Estaba tranquila, en silencio, sin poder nacer nada por sí misma.

—¿Estás listo para cargarla? —le preguntó su padre.

Darío asintió lentamente.

Papá tomó a la bebé y la llevó donde estaba el niño, ayudándolo para que la cargara correctamente.  Cuando Darío miró a la indefensa bebecita que tenía en brazos, comenzó a entender lo que le había dicho su tía.  Esta bebé era muy valiosa, a pesar de que todavía no podía hacer nada.  Era parte de su familia.  Y él era parte de la familia de Dios.  Con o sin talento.

EMILY ACKER

ERES VALIOSO PARA DIOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 3:1 (NVI)

¡FÍJENSE QUÉ GRAN AMOR NOS HA DADO EL PADRE, QUE SE NOS LLAME HIJOS DE DIOS! ¡Y LO SOMOS!

¿Alguna vez has sentido que no sirves para nada porque no puedes hacer las cosas que otros niños hacen?  Todos tenemos talentos diferentes, pero nuestro valor no proviene de lo que podemos hacer.  Viene de lo que Jesús hizo por nosotros.  ¡Él nos ama tanto que murió y resucitó para que podamos convertirnos en Sus hijos y vivir a Su lado para siempre!  Dios te ama y te valora tal como eres.  No se necesita ningún talento especial.

Clave de Hoy
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