Bueno para ti (Parte 2)

Después de la cena y el devocional familiar, Claudio se sentó a leer un libro que había sacado de la biblioteca y, en poco tiempo, estaba metido de lleno en las aventuras de un niño y su perro.  Cuando empezó un nuevo capítulo, recordó que su terapeuta físico le había dado muchos ejercicios que debía hacer en la casa.  “Oh, no”, pensó mientras miraba de reojo a sus padres.  “Supongo que mamá y papá también se olvidaron de los ejercicios.  Quizá pueda salirme con la mía y no hacerlos hoy”.

Claudio se acomodó para volver a leer, pero le costó meterse nuevamente en la historia.  Parecía oír la voz de su terapista que le decía: “Asegúrate de hacer tus ejercicios en casa regularmente.  Son buenos para ti porque te ayudarán a fortalecer tus músculos”.  Claudio suspiró con fuerza y puso su libro a un lado. 

Su madre lo miró, sorprendida.  “¿Qué pasó?  ¿No te gusta tu libro?”

“Sí, me gusta”, contestó Claudio, “pero mi terapista me dijo que tengo que hacer ejercicios en casa, ¿recuerdas?”  El niño hizo una pausa y miró el piso.  “Como ustedes no me lo recordaron, iba a pasarlos por algo, pero la terapista dice que tengo que hacer los ejercicios todos los días y tú me indicaste que haga lo que ella me dijera, así que los voy a hacer”.

“¡Muy bien!”, exclamó mamá.  “Ve por la lista y yo te ayudo”.

Cuando Claudio terminó sus ejercicios, su padre apretó cariñosamente su hombro.  “Me alegra que hayas tomado la decisión de obedecer a Dios y hacer tus ejercicios”.

“¿Obedecer a Dios?”, preguntó Claudio, sorprendido.  “Dios no me dijo que hiciera los ejercicios.  Fue mi terapista”.

“¿Recuerdas los versículos que leímos en el devocional, que enseñaban a los hijos que obedecieran a sus padres?  Como te dijimos que hicieras lo que mandara tu terapista, nos obedeciste a nosotros al hacer los ejercicios.  Y al obedecernos a nosotros, obedeciste a Dios”.

“A veces puede ser difícil obedecer a Dios, pero podemos confiar en que todo lo que Él nos pide que hagamos es por nuestro bien y por el bien de otros”, agregó mamá.  “Nuestra obediencia demuestra que confiamos en Jesús y que sabemos que es Él quien tiene el control sobre nuestras vidas, no nosotros”.

Claudio sonrió mientras estiraba sus brazos.  “¡Y sabemos que Él usará todo en nuestras vidas para el bien!”  GORDON MUSCOTT

OBEDECE A TUS PADRES

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS 6:1

HIJOS, OBEDEZCAN A SUS PADRES EN EL SEÑOR, PORQUE ESTO ES JUSTO.  

¿Obedeces a tu mamá y a tu papá?  ¿Sigues las instrucciones de las personas que están en autoridad sobre ti?  Aun si no sientes ganas de obedecer, recuerda que, al serles obedientes, también estás obedeciendo a Dios.  Tú le perteneces a Él y Él quiere lo mejor para ti.  Obedécelo al obedecer a tus padres, sabiendo que Dios usará todo lo que hagas para el bien.

Clave de Hoy
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