Adiós por ahora (Parte 1)

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“Abuelo, ¿puedes llevarme a casa?”, preguntó Imelda.  “Estoy muy cansada”.  Ella y su hermana, Tamara, estaban en la casa de sus abuelos, horneando galletas de Navidad.

Tamara, que estaba mezclando los ingredientes en un tazón, levantó la mirada.  “¡Yo no quiero ir todavía a la casa!  ¡Acabamos de llegar!”.

“Pero no me siento muy bien”, expresó Imelda, sentándose con un suspiro.

“Yo te puedo llevar a casa”, le dijo su abuelo.  “Tamara puede quedarse más tiempo y la llevaré a casa cuando esté lista para irse”.

El abuelo e Imelda comenzaron su travesía.  Solo habían avanzado un par de cuadras cuando un automóvil se pasó el semáforo en rojo y los golpeó directamente en el lado del pasajero.

El abuelo no tenía heridas graves, pero a Imelda la llevaron al hospital.

“¿Imelda va a estar bien?”, preguntó Tamara con lágrimas cuando sus padres la llevaron a ver a su hermana.

“Estamos orando para que esté bien”, respondió mamá.  Pero Imelda falleció al día siguiente.

Las siguientes semanas fueron muy difíciles para Tamara.  No podía dormir ni comer, y lloraba todos los días.  “¡Extraño tanto a Imelda!”, exclamó mientras sollozaba en su almohada una noche, después de haberse rehusado una vez más a comer alguna cosa.

“Lo sé”, afirmó su padre, sentado junto a la cama de la niña.  “Nosotros también, pero podemos consolarnos porque sabemos que Imelda está muy feliz de estar ahora con Jesús”.  El papá abrazó a Tamara.  “A pesar de que nos sentimos tristes, tenemos una esperanza que las personas que no conocen a Jesús no pueden entender”.

Su mamá asintió.  “¿Recuerdas cuando Imelda fue al campamento el verano pasado?  Al principio me preocupaba por ella.  ¿Sabes qué me hizo sentir mejor, Tamara?”  La niña negó con la cabeza.  “Fuiste tú”, aseguró su madre.  “Tú me recordaste que a Imelda le encantaba conocer gente nueva y estar al aire libre.  ‘Le va a encantar el campamento’, me dijiste, y yo sabía que tenías razón.  Cuando me di cuenta de que Imelda estaba feliz en el campamento, me sentí mejor”.  Mamá hizo una pausa.  “Ahora es un poco parecido.  Sé que Imelda está feliz en el cielo y eso me ayuda a sentirme mejor cuando tengo demasiada tristeza”.

“Pero el campamento solo fue por un tiempo”, indicó Tamara.  “Sabíamos que la íbamos a volver a ver”.

“Sí, y eso es verdad ahora también”, señaló su madre.  “Hemos dicho adiós por ahora, pero debido a que Imelda conocía a Jesús como su Salvador, como nosotros, sabemos que algún día la volveremos a ver”.  – AGNES LIVEZEY

LOS CRISTIANOS SE VOLVERÁN A REUNIR

VERSÍCULO CLAVE: 1 TESALONICENSES 4:13

NO SE ENTRISTEZCAN COMO LO HACEN LOS DEMÁS QUE NO TIENEN ESPERANZA.

¿Te sientes triste porque alguien que amas ha fallecido y se fue para estar con Jesús?  Es natural que te sientas triste y que eches de menos a esa persona, pero también puedes consolarte porque sabes que esa persona está a salvo y feliz con Jesús.  Si también conoces a Jesús, puedes tener la esperanza de ver a tu ser querido nuevamente, cuando ambos estén con Él.

Clave de Hoy
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