A quién conoces

Telmo e Isabel escuchaban atentamente mientras su papá leía la historia de Fito, un niño muy pobre que vivió hace muchos años en un país lejano.  “Todos decían que el rey era muy bondadoso”, leyó el padre, “así que Fito decidió ir a verlo para pedir ayuda.

“Cuando Fito llegó al palacio, fue detenido en la puerta.  Él explicó que quería ver al rey, pero no le permitieron entrar.  ¿Qué voy a hacer ahora?, se preguntó.  ¡Ya sé!  Treparé por encima del muro.  El niño miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estuviera mirando, luego encontró una parte del muro que estaba rodeada de árboles y se trepó hasta arriba.  ¡Qué bien!  ¡Eso fue fácil!, pensó; pero, en ese momento, varios perros con fiero aspecto vinieron corriendo por el patio del palacio.  Fito se lanzó nuevamente al suelo.  Esto no va a funcionar, después de todo, pensó.  El único modo de entrar es por la puerta.  Desanimado, el niño anduvo de regreso a la puerta y se sentó a un lado del camino.

“En poco tiempo pasó por ahí un carruaje del que salió un joven.  ‘¿Qué pasa?’, preguntó el hombre.  Fito explicó que necesitaba ayuda desesperadamente y quería ver al rey.  ‘Ven conmigo’, le dijo el joven.  Luego habló al guardia de la puerta y esta se abrió.  Entraron y Fito pudo ver a los perros con el rabo del ojo.  Sintió escalofríos cuando los oyó ladrar.  Pero, nuevamente, el joven dio órdenes y los perros fueron sujetados.

“Fito miró al hombre con los ojos abiertos del asombro.  ‘¿Por qué todos te obedecen?’, preguntó, maravillado.

“El joven sonrió.  ‘Porque soy el príncipe’, respondió, ‘y ahora iremos a ver a mi padre, el rey’”.  Papá dejó de leer y cerró el libro.  “¿Saben a quién me recuerda Fito?”, preguntó.

“¿A quién?”, inquirió Isabel.

“A nosotros”, señaló el padre.  “Todos necesitamos al Rey de reyes, a Dios, pero ninguno de nosotros puede alcanzarlo por nuestra cuenta.  Esa es la razón por la que envió a Su Hijo a nosotros”.

“¡Jesús!”, exclamaron juntos Telmo e Isabel.

El papá sonrió mientras asentía con la cabeza.  “Solo podemos ser salvos a través de Jesús”, aseguró.  “Solo podemos tener vida eterna a través de conocerlo a Él”.HARRY C. TROVER

NECESITAS CONOCER A JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 17:3

Y ÉSTA ES LA VIDA ETERNA: QUE TE CONOZCAN A TI, EL ÚNICO DIOS VERDADERO, Y A JESUCRISTO, A QUIEN HAS ENVIADO.

¿Alguna vez has escuchado que lo importante no es lo que conozcas, sino a quién conozcas?  ¡Eso suele ser verdad!  Y, sin duda, es más verdadero cuando hablamos de entrar al Reino de los cielos.  Tienes que conocer al Hijo de Dios, a Jesús, para ser salvo del pecado y tener vida eterna.  ¿Lo conoces como tu Salvador?  (Presiona aquí para leer sobre las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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