Yo lo hago solo, papi

Silas observaba cómo su hermanito menor luchaba para atarse los cordones de los zapatos. Cuando trató de ayudarlo, Daniel puso mala cara y se alejó. Silas suspiró y esperó pacientemente hasta que el pequeño se diera por vencido. Finalmente, Daniel permitió que su hermano mayor lo ayudara y los dos se dirigieron al parque.

—Papá, Daniel nunca quiere que le ayude a atar los cordones de sus zapatos —comentó Silas esa noche—, pero no puede hacerlo solo. ¿En cuánto tiempo podrá hacerlo por sí mismo?

Su padre sonrió.

—No falta mucho. Solo necesita un poco más de tiempo. Recuerdo cuando estabas aprendiendo cosas nuevas. Te parecías mucho a Daniel. Casi nunca me dejabas ayudarte. Si lo intentaba, te enojabas conmigo y me decías: «¡No! ¡Yo lo hago solo, papi!». Y empujabas mis manos.

—¿En serio? —Silas sonrió—. ¿Estás seguro de que no me estás confundiendo con otra persona?

Papá rio.

—No, eras tú mismo. Eras muy independiente. Tal vez debería agradecerte palabra por eso, ya que me enseñaste algo.

—¿De veras? —Silas estaba sorprendido—. ¿Qué te enseñé?

—Al mirarte, me vi a mí mismo. En ese tiempo era un cristiano nuevo y estaba tratando de vivir la vida cristiana solo. Casi nunca leía mi Biblia ni pasaba tiempo en oración. Ni siquiera iba a la iglesia con frecuencia. No estaba buscando la ayuda de Dios o de mis hermanos cristianos. Como resultado, tenía muchas luchas con mi malgenio y otros malos hábitos.

—Pero ¿sabías que estabas haciendo cosas malas? —preguntó Silas.

Su padre asintió.

—Y luchaba por eso. Entonces, cuando veía cómo te resistías a que yo te ayudara, de repente me di cuenta de que yo también estaba resistiéndome a la ayuda del Señor. En mi vida espiritual, yo decía: «No necesito ayuda». Es una lección que nunca olvidaré —papá sonrió a su hijo—. Dios es paciente con nosotros, así que ten paciencia con Daniel, pero no seas como él. Acepta la ayuda que Dios te ofrece a través de Su Palabra y de tus hermanos cristianos. Y recuerda que tienes el Espíritu Santo de Dios en tu interior, que te ayuda a alejarte del pecado y te está moldeando para que seas más como Jesús.

—Está bien —afirmó Silas—. ¡Lo recordaré cada vez que Daniel no me deje ayudarle a atar los cordones de sus zapatos!

DEBORAH S. MARETT

ACEPTA LA AYUDA DE DIOS

VERSÍCULO CLAVE: JUDAS 1:24 (NTV)

QUE TODA LA GLORIA SEA PARA DIOS, QUIEN ES PODEROSO PARA EVITAR QUE CAIGAN, Y PARA LLEVARLOS SIN MANCHA Y CON GRAN ALEGRÍA A SU GLORIOSA PRESENCIA.

¿Te cuesta vivir la vida cristiana? ¿Luchas con tus miedos? ¿La pereza? ¿Con el malgenio? ¿Con orgullo? No importa cuán capaz te sientas, no puedes vivir la vida cristiana solo. Estudia la Palabra de Dios. Reúnete regularmente con otros cristianos. Toma tiempo para orar. Confía en que Dios te ayudará a ser la persona honesta y amable que Él quiere que seas.

Clave de Hoy
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