Velas especiales

Noemí a duras penas podía quedarse quieta mientras esperaba, con los ojos cerrados, a que su mamá trajera su pastel de cumpleaños.  Aun con sus ojos cerrados, podía darse cuenta de que habían apagado las luces.  “A ver, hijita, ¡abre los ojos!”, exclamó su padre al fin.  La niña parpadeó para que sus ojos se ajustaran a la luz creada por las brillantes velas que se encontraban encima de un hermoso pastel cumpleañero. 

“Muy bien, pide un deseo y sopla las velas”, indicó su hermano, Celso.  “Y tienes que apagarlas de un soplido o no se te cumplirá el deseo, ¿recuerdas?”

Noemí asintió y cerró nuevamente los ojos, pero sabía que recibir un deseo no tenía nada que ver con el hecho que las velas estuvieran encendidas o apagadas.  “Deseo… eh… deseo que todos los días sean tan felices como hoy”.  La niña abrió los ojos, sopló las velas y se estiró para tomar el cuchillo para cortar el pastel.  “¡Ups!”, dijo cuando cada una de las velas empezaron a encenderse nuevamente.  “Creí que las había apagado, ¡pero todas se volvieron a encender!”

Papá trató de no reírse.  “Será mejor que las vuelvas a apagar, hija”.

“Esta vez soplaré más fuerte”.  Noemí inhaló profundamente y sopló con todas sus fuerzas.  Nuevamente se apagaron todas las velas, pero, una por una, volvieron a prender sus llamas y en pocos segundos todas estaban encendidas nuevamente.  Noemí se quedó perpleja.

Celso estalló en risas.  “¡Caíste, Noemí!  ¡Pusimos velas especiales en tu pastel!  No importa con cuánta fuerza trates de apagar las velas, ¡siempre se volverán a encender!”

“¡Qué genial!”, afirmó la niña y luego miró a su hermano juguetonamente.  “¡Pero más les vale que se me conceda mi deseo, aun si las velas no se quedaron apagadas!”

Noemí, Celso y su padre trataron de apagar las velas un par de veces más y rieron cuando las llamas volvieron a aparecer.

“Mientras ustedes se divierten”, dijo su madre con una sonrisa, “estoy pensando en una lección que pueden enseñarnos esas velas.  Son como la luz que brilla en nuestro interior cuando conocemos a Jesús como nuestro Salvador”.

“Entonces, ¿somos velas especiales para Dios?”, preguntó Noemí.

“Algo así”, señaló su madre.  “No importa cuántas veces Satanás trate de apagar nuestras luces, Jesús nunca dejará que tenga éxito.  Mientras Jesús nos enseña a confiar en Él y a mostrar Su amor a los demás, brillamos resplandecientemente para Él”.  —  MYRA J. LUETJE

BRILLA PARA JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: FILIPENSES 2:15 (NTV)

LLEVEN UNA VIDA LIMPIA E INOCENTE COMO CORRESPONDE A HIJOS DE DIOS Y BRILLEN COMO LUCES RADIANTES EN UN MUNDO LLENO DE GENTE PERVERSA Y CORRUPTA.

¿Confías en Jesús como tu Salvador?  Si es así, Él está haciendo que brilles como una luz.  Eres como una vela especial que brilla con Su luz delante de los demás.  Brillas cuando hablas a otros acerca de Él y les muestras Su amor a través de tus palabras y acciones.  A Satanás le gustaría apagar tu luz, pero no puede.  Jesús no permitirá que nada te separe de Él.  ¡Permite que tu luz brille resplandecientemente para Jesús!

Clave de Hoy
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