Vale la pena

Jacob sonrió a su padre mientras bajaban juntos las gradas de la puerta de la iglesia.  “Papi, Camila es tan linda”, señaló.  Su hermanita bebé estaba acurrucada en su Papi como una nubecita violeta, con su cabecita apoyada en el hombro de papá.  Sus ojos estaban cerrados y su boca entreabierta soltaba un vapor cuando su aliento se encontraba con el frío.

“Así es, Jacob.  Sigamos caminando.  Estamos tarde. La abuelita nos está esperando”.  Jacob siguió a su padre por la vereda, hacia el automóvil.

Entonces Jacob lo vio como si fuera en cámara lenta: su papá tropezó y se cayó en la vereda, encima de la pequeña Camila.

“¡Papi!  ¡No!  ¿Estás bien?  ¿Camila está bien?”, exclamó Jacob, corriendo a donde estaba su padre.

Papi se quejó mientras se sentaba, todavía abrazando a Camila.  La niña comenzó a llorar, pero Jacob no podía ver ninguna herida.  Su padre no se veía tan bien, especialmente su mano que se había golpeado contra la vereda cuando cayó, sosteniendo la cabeza de Camila.  Sangre corría por su muñeca, pero él la ignoró mientras acariciaba el cabello de su hija.

“Oh, Camilita, ¿estás bien?”, preguntó mientras la mecía.  “¿Te duele la cabeza?  Papi está aquí.  Papi te sostiene”.

“Papi, tu mano está sangrando mucho.  Se raspó cuando caíste”, señaló Jacob.

“Lo sé”, afirmó Papi.  “Es mucho mejor que mi mano se haya hecho daño en vez de Camila.  Cuando me di cuenta de que iba a caer, sostuve su cabeza con mi mano.  Sabía que me iba a doler, pero valió la pena para que ella estuviera a salvo”.

“¿Sabes?”, agregó mientras Jacob lo ayudaba a ponerse de pie.  “Eso me recuerda a Jesús.  Él quería salvarnos de nuestros pecados hasta el punto de estar dispuesto a ser herido en la cruz por nosotros.  Sin embargo, Él entregó más que una mano.  Él entregó toda Su vida.  Nos amó tanto como para morir por nosotros”.  Papi miró su mano raspada y sonrió.  “Estoy tan agradecido porque Jesús estuvo dispuesto a sufrir y morir para que podamos ser salvos”.

Jacob asintió mientras Camila hacía puño con sus manitas y bostezaba.  “Yo también”.  – AMY GLENDINNING

JESÚS SUFRIÓ Y MURIÓ POR NOSOTROS

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 5:8

DIOS DEMUESTRA SU AMOR PARA CON NOSOTROS, EN QUE SIENDO AÚN PECADORES, CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS.

¿Alguna vez te has preguntado por qué Jesús estuvo dispuesto a sufrir y morir por nosotros en la cruz?  A veces el amor es tan fuerte que hace que uno esté dispuesta a tener un gran dolor para ayudar a la persona que ama.  Dale gracias a Jesús por tomar con gozo el castigo por tus pecados, para que puedas recibir la salvación.  ¡Él te ama tanto!

Clave de Hoy
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