Uniforme limpio

Cirilo recogió su ropa sucia, la metió en una canasta y la llevó al cuarto de lavandería, donde su madre estaba poniendo detergente en la lavadora.  “Mi uniforme de béisbol está aquí, mamá”, indicó.  “Se ensució mucho cuando me deslicé al plato para anotar la carrera”.  El niño sonrió.  “¡Pero valió la pena!  ¡Ganamos!  Ahora lo necesito para el partido de mañana”.

“No hay problema”, contestó su madre.  “Lo lavaré por ti”.

Al día siguiente, después del partido, Cirilo entró en el automóvil con una mala cara y dio un portazo.  “¡A ver, hijo!  ¿Qué pasó?”, preguntó mamá.

“Papá dijo que vendría a verme jugar esta vez”, balbuceó Cirilo mientras lanzaba su guante en el piso.  “¡Lo prometió, pero no vino!”

“Lo siento, cariño”, expresó su madre.  “Debe haber tenido alguna emergencia”.

“Sí, eso es lo que siempre dice”, refunfuñó Cirilo.  “Pero papá ha faltado a casi todos mis partidos desde que se divorciaron.  ¡No es justo!  ¡No lo perdonaré nunca!”

Mamá suspiró.  “Sé que es difícil, pero cuando a Jesús le preguntaron cuántas veces deberíamos perdonar a alguien, Él respondió que setenta veces siete.  Eso es bastante”.

“¡No dudo que ya haya perdonado a papá eso y más!”, aseguró Cirilo.  “¡Ya me cansé!”

“Tú sabes que ese versículo no está hablando de un número específico, ¿verdad?”, preguntó su madre.  “Significa que deberíamos perdonar cada vez que alguien nos haga enojar o hiera nuestros sentimientos, tal como Jesús nos perdona.  Es como… bueno, como tu uniforme.  Acabo de lavarlo ayer y ahora está sucio otra vez”.

“Siempre lo ensucio cuando juego”, señaló Cirilo.  “¿Qué tiene que ver eso con papá?”

“Cada vez que se ensucia, yo lo lavo… a pesar de que sé que volverás a ensuciarlo otra vez, ¿cierto?  Lo lavo cada vez que sea necesario.  Así también debemos perdonar”.

Cirilo suspiró.  “¿Lo que quieres decirme es que debo seguir perdonando a papá, a pesar de que me duele lo que me hizo y sé que volverá a suceder?”

Mamá asintió.  “Nunca es fácil y creo que deberías conversar con tu papá y decirle cómo sus acciones te han herido.  Pero Jesús nos ha perdonado por todos nuestros pecados y nos pide que perdonemos a las personas cuando estas nos hacen daño”.  —  HOLLY F. CEPEDA

CULTIVA UN ESPÍRITU DE PERDÓN

VERSÍCULO CLAVE: COLOSENSES 3:13

SOPORTÁNDOSE UNOS A OTROS Y PERDONÁNDOSE UNOS A OTROS, SI ALGUIEN TIENE QUEJA CONTRA OTRO. COMO CRISTO LOS PERDONÓ, ASÍ TAMBIÉN HÁGANLO USTEDES.

¿Te ha costado perdonar a alguien?  Perdonar a otros no es fácil, especialmente si repiten la acción que te lastimó.* Pero Jesús quiere que perdones de todos modos.  Cuando recuerdas cuántas veces has hecho algo malo y Él te ha perdonado, es un poquito más fácil perdonar a quienes te han herido.  Perdona a las personas tal como Dios te perdona a ti.

*Perdonar a alguien no significa que permitas que sigan con su comportamiento dañino.  Si alguien te está lastimando, busca ayuda con un adulto de confianza.

Clave de Hoy
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