Una situación chiclosa

Esta vez sí que la regué”, pensó Juliana.  Unos momentos antes, había ido de compras con su madrastra.  Había ayudado a poner el queso y las bananas en el carrito.  Después, en la fila para pagar, se fijo en las perchas de chicle y dulces en rebaja.  La niña miró a su alrededor para asegurarse de que nadie la notara y se robó un paquete rosado brillante de goma de mascar.  Lo ocultó bajo su camiseta mientras ella y su madrastra cruzaban el estacionamiento hasta llegar a su automóvil.

“¿Qué tienes debajo de tu camiseta, corazón?”, preguntó María, la madrastra de Juliana, mientras cargaba las compras en la cajuela del vehículo.

Juliana pateó una piedra sin entusiasmo.  Los sentimientos de culpa empezaron a llenar su estómago.  Lentamente extendió su mano, revelando el chicle robado. 

“Oh, chiquita”, expresó María con tristeza.  “A ver”.  Ella tomó la goma de mascar.  “Espérame aquí”. 

Juliana se subió al automóvil para esperar, mientras su madrastra regresaba a la tienda.  Unos momentos después, María se unió a la niña en el vehículo y tomó su mano.

“Conversé con el administrador de la tienda.  Si regresas, puedes pedir perdón y conversar de lo que podrías hacer para arreglarlo”.

Juliana asintió.  El sentimiento de náuseas en su estómago creció.  “Lo siento, María.  No sé por qué lo tomé, excepto…”

“¿Excepto qué?”, interrumpió María.

La niña suspiró.  María le caía bien, pero todavía no estaba segura de que le gustaba la idea de que su padre se hubiera casado con ella.  Sin embargo, quería que su madrastra la entendiera.  “A veces, cuando digo que quiero algo, nadie me escucha, incluso cuando es importante”, explicó Juliana.

“Y a veces deseas cosas más importantes que chicles, ¿verdad?”, preguntó María.

Juliana dejó caer una lágrima.  “Sé que lo que hice estuvo mal.  Regresaré y pediré perdón por robar la goma de mascar”.

“Eso es hacer lo correcto.  También puedes pedirle perdón a Jesús.  Él ya sabe lo que hiciste y por qué lo hiciste”.

“Entonces Él sabe más que yo”, afirmó Juliana.

“Jesús quiere ayudarte”, aseguró María.  “Él te ama tanto, lo suficiente como para pagar por tus pecados en la cruz”.

Juliana abrió la puerta del automóvil y después se volvió para mirar a María.  “¿Vienes conmigo?”

“Por supuesto, corazón”.

“Qué bueno”, indicó Juliana.  “¡Eso es lo que quiero en verdad!”  —  ALLISON WILSON LEE

JESÚS PERDONA LOS PECADOS

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 1:9

SI CONFESAMOS NUESTROS PECADOS, ÉL ES FIEL Y JUSTO PARA PERDONARNOS LOS PECADOS Y PARA LIMPIARNOS DE TODA MALDAD.

¿Alguna vez tomaste la decisión de hacer algo de lo que después te arrepentiste?  La Biblia nos dice que todos pecamos.  En Cristo tenemos perdón completo de parte de Dios.  Podemos confesar cualquier cosa que hayamos hecho mal, porque sabemos que Jesús ya pagó por nuestros pecados y nos perdonará.  Él abrió el camino para que podamos tener una relación con Dios y siempre está aquí para ayudarnos.

Clave de Hoy
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