Una carga pesada

—Mamá, quisiera que papá siguiera viviendo aquí —comentó Augusto mientras terminaba de alistarse para ir a la escuela. El niño suspiró profundamente—. Quisiera… quisiera haberme portado mejor. Tal vez así no se hubiera ido.

—Hijo, su padre no se fue por tu comportamiento. Él te ama igual que siempre —explicó su madre mientras lo rodeaba con su brazo.

—¿Estás segura? —preguntó Augusto. Mamá asintió, pero el niño suspiró otra vez. Su mamá y su papá le habían dicho lo mismo varias veces. Él quería creerles, pero sentía un dolor en su corazón que no desaparecía con nada. Estaba seguro de que, si no se hubiera quejado tanto o si hubiera obedecido más rápidamente, su padre no se hubiera ido de la casa.

En la escuela le venían de repente pensamientos de su padre entre las oraciones que leía en los libros. Finalmente se olvidó de sus problemas cuando su maestra mostró a la clase un libro grande que trataba sobre los viajes por el espacio.

—¿Puedo llevarlo a mi casa para mostrárselo a mi mamá? —preguntó Augusto después de la clase. Se emocionó mucho cuando su maestra le dijo que sí.

El niño llevó el pesado libro y empezó a caminar a su casa. Mientras caminaba, parecía que se hacía cada vez más pesado.

—Mira lo que tengo —le dijo cuando su mamá lo recibió en la puerta de la casa—. Este libro es tan genial… pero hizo que me doliera el brazo.

—Ese libro está enorme. Es una carga muy pesada para que la lleves —la madre se agachó y tomó el libro—. Los sentimientos también pueden ser cargas demasiado pesadas para llevar, como el sentimiento que tienes, que tu papá se fue por tu culpa.

—Quisiera no tener ese sentimiento —confesó Augusto—. Eso duele más que mi brazo.

—Lo sé —expresó mamá—. Jesús nos invita a entregarle nuestras cargas. Él puede manejar cualquier carga que estemos tratando de llevar por nuestra cuenta, y nos promete que nos dará descanso y fuerzas. ¿No te gustaría que Él lleve esa carga por ti? —Augusto asintió—. Hablemos con el Señor sobre esto —sugirió su madre, así que inclinaron sus cabezas y oraron juntos—. Ahora —agregó mamá—, cada vez que sientas que tu papá se fue por tu culpa, acércate nuevamente a Jesús y recuerda que Él llevará esa carga por ti. ¿Te comprometes a hacerlo?

Augusto respondió que sí. Su brazo le seguía doliendo, pero su corazón se sentía mucho mejor.

KATHERINE R. ADAMS

ENTRÉGALE TUS CARGAS A JESÚS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 55:22 (NTV)

ENTRÉGALE TUS CARGAS AL SEÑOR, Y ÉL CUIDARÁ DE TI.

¿Tienes una carga demasiado pesada para ti? Si tus padres están separados o divorciados, ¿te preguntas si fue tu culpa? Quizá las preocupaciones por la escuela o por tus amigos ocupan tu mente. Habla con un adulto sobre tus pesadas cargas, con alguien que pueda ayudarte a entregarlas a Jesús. Él te ama y quiere llevarlas por ti. Si comienzas a preocuparte otra vez, entrégaselas nuevamente al Señor… y aprende a dejar tus cargas en Sus manos.

Clave de Hoy
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