Un peso pesado

Olivia esperaba ansiosamente que su prima, Magdalena, llegara con su nuevo bebé.

—¡Ya están aquí! —gritó mientras espiaba por la ventana.

Después que todos contemplaran al bebé, mamá se dirigió a Olivia:

—¿Qué tal si corres a la casa vecina e invitas a Avelina para que venga?  Recuerdo que la oír decir que también quería ver al bebé.

Olivia negó con la cabeza.

—Avelina y yo ya no somos amigas.  Ayer, en la escuela, apuntó mi suéter y dijo que parecía que estaba usando una alfombra.  Todos los demás niños se rieron de mí.  ¡Me sentí muy avergonzada!

—Lo siente —expresó su madre—.  Eso no fue nada amable de su parte.

—Bueno, hasta ahí quedó nuestra amistad —aseguro Olivia—.  ¡Estoy tan enojada con ella! —la niña decidió cambiar rápidamente el tema—.  ¿Ya vamos a almorzar? —preguntó—.  Tengo hambre.

—Yo también —afirmó Magdalena—.  ¿Quieres cargar a Tomasito por un momento mientras tu mamá y yo hacemos el almuerzo?

Olivia estaba más que feliz al cargar al bebé.  Lo arrulló y meció mientras preparaban el almuerzo.  Cuando se quedó dormido, Oliva le entregó el pequeño a su madre.

—Me divertí mucho al cargarlo, pero ahora se está poniendo muy pesado.

Mamá rio. 

—¿Quieres decir que subió de peso desde que llegó?

Olivia sonrió.

—Sí sabes a qué me refiero.  Mis brazos están cansados, entonces se siente más pesado.

—Oh —exclamó su madre—.  Al principio tus brazos no se molestaron por cargar a Tomasito, ¿cierto?

—No —respondió Olivia—.  En un inicio se sentía muy liviano.

—Eso me recuerda tu problema con Avelina, porque el enojo y la amargura funcional del mismo modo —explicó mamá—.  Nos parece que es normal que nos enojemos con alguien que nos ha hecho daño, pero después de cargar con el enojo y la amargura por un tiempo, esa carga comienza a hacerse muy pesada.  Jesús nos dice que le entreguemos nuestro enojo y amargura, para que Él reemplace esos sentimientos con Su amor y Su perdón —la madre miró a Olivia mientras mecía al bebé en sus brazos—.  Sé que lo que te dijo Avelina fue doloroso, pero no permitas que tu enojo destruya su amistad.  Dile cómo te sientes y abre tu corazón para perdonarla.

Olivia miró al bebé dormido y después a su mamá.

—Está bien.  Después del almuerzo iré a hablar con Avelina y le preguntaré si quiere venir a conocer a Tomasito.  —  BARBARA J. WESTBERG

NO TE AFERRES AL ENOJO

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS 4:31-32 (NVI)

ABANDONEN TODA AMARGURA, IRA Y ENOJO… MÁS BIEN, SEAN BONDADOSOS Y COMPASIVOS UNOS CON OTROS, Y PERDÓNENSE MUTUAMENTE, ASÍ COMO DIOS LOS PERDONÓ A USTEDES EN CRISTO.

¿Alguna vez has sentido el peso del enojo y la amargura en tu corazón?  Ya sea que te hayan hecho daño a ti o tú hayas hecho daño a otros, el enojo y la falta de perdón duelen.  Son un peso tanto para ti como para la persona con la que estás enojada.  Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para que pudiéramos conocer Su amor y perdón, y mostrarlo a los demás.  Entrégale tu enojo y amargura.  Y luego confía en que Jesús te ayudará a perdonar a quienes te hayan hecho daño.

Clave de Hoy
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