Tus propias faltas

—Me alegra que el señor Saavedra haya enseñado esa lección sobre juzgar el pecado de otros —comentó Gonzalo mientras salía del aula en la iglesia con su amigo, Favio—.  Espero que Gabriela haya estado escuchando.  Ella siempre tiene memorizado el versículo de la semana y dice que los que no se lo aprenden es porque son perezosos.

—Sí, eso es juzgar —afirmó Favio—.  Después de todo, para algunos no es fácil aprenderse versículo tan rápido como ella —el niño frunció el ceño—.  A lo mejor el señor Saavedra estaba pensando también en María.  Escuché cómo ella le decía a Adrián que, si él fuese un mejor cristiano, pondría atención en clase, en lugar de pasarse haciendo chistes todo el tiempo.

—Oh, ¿y qué me dices de Josué? —agregó Gonzalo—.  Él cree que es mejor que los demás porque su padre es el comandante de policía.  O al menos así se porta.

Cuando los niños llegaron al auditorio principal, Gonzalo vio que sus padres ya se habían ubicado en sus asientos—.  Tengo que ir a sentarme —indicó—.  Te veo después, Favio.

Cuando el pastor Humberto se levantó para predicar, Gonzalo notó que el sermón era sobre el mismo pasaje de la Biblia que vieron en la clase del señor Saavedra.

—Es muy fácil para nosotros ver las faltas de los demás y olvidar que tenemos faltas propias —declaró el pastor Humberto—.  La imagen que Jesús utiliza para ilustrar cuán a menudo no logramos vernos claramente a nosotros mismos es la de un tronco que sale del ojo de una persona.  ¿Se pueden imaginar cómo se vería eso?  ¿No creen que esa persona se daría cuenta?  Sin embargo, muchas veces no logramos ver el tronco en nuestro propio ojo, es decir, las actitudes pecaminosas de nuestro propio corazón.  En vez de eso, señalamos cada paja que vemos en los ojos de los demás —el pastor Humberto negó con la cabeza—.  El lugar de buscar la quinta pata al gato con las faltas de otros, debemos examinar nuestros propios corazones y llevar nuestros pensamientos y acciones pecaminosos delante de Jesús, porque Él ha prometido que nos perdonará.

Gonzalo se quedó atónito en la banca.  Se dio cuenta de que, desde el momento en que salió del aula, él y Favio habían juzgado a sus compañeros, olvidándose de que ellos mismos tenían muchas faltas.  Cuando el pastor Humberto hizo la oración para terminar, el niño inclinó su cabeza.

—Amado Jesús, perdóname por mi actitud orgullosa y por juzgar a mis compañeros —oró en silencio—.  Por favor, perdóname —el niño levantó su cabeza y sonrió, porque sabía que estaba perdonado.  —      LINDA M. WEDDLE

NO JUZGUES A LOS DEMÁS

VERSÍCULO CLAVE: MATEO 7:1 (PDT)

NO JUZGUEN A LOS DEMÁS, PARA QUE DIOS NO LOS JUZGUE A USTEDES.

¿Eres rápido para señalar las faltas de otras personas sin ponerte a pensar en tus propios defectos?  Jesús nos dice que no juzguemos a los demás porque nosotros también necesitamos de Su gracia y Su perdón.  En lugar de enfocarte en los errores de otras personas, mira tu propio corazón.  ¿Hay orgullo?  ¿Egoísmo?  ¿Una tendencia al chisme?  Sea cual sea el pecado que encuentres, confiésalo a Jesús y Él te perdonará.

Clave de Hoy
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