Un lugar mejor

Filipo bajó los hombros mientras soltaba su bicicleta en el césped y se unía a su padre en el garaje.  “¿Qué pasa, hijo?”, preguntó papá mientras lijaba una silla que había fabricado recientemente.

“Acabo de visitar a la abuela”, contestó el niño, quien suspiró y tomó un pedazo de papel de lija para ayudar.  “No la entiendo, papá”.

“¿Qué es lo que no entiendes?”

“Bueno, sé que los médicos no pueden curar su enfermedad, y ella también lo sabe, pero, al parecer, ella está feliz por eso”.  Filipo comenzó a ayudar a su padre a lijar un brazo de la silla.  “Se la pasa hablando solo del cielo y de lo maravilloso que será y cómo está ansiosa por ver a Jesús… cosas de ese tipo”.

Papá asintió, pensativo.  Después de un minuto, puso a un lado su papel de lija y miró a su hijo.  “¿Recuerdas el viejo apartamento en el que solíamos vivir?”

Filipo también dejó de trabajar.  “¡Claro que sí!  Era un desastre.  La tubería goteaba y la pintura se estaba saliendo.  Las tablas del piso estaban ásperas y algunas se estaban pudriendo”.

“¿Cómo te sentiste cuando te enteraste de que nos íbamos a mudar?”, preguntó su padre. 

“¡Me puse tan contento!”, exclamó Filipo, mientras empezaba nuevamente a lijar la silla.  “Ese lugar se estaba cayendo en pedazos.  Ya no podíamos seguir viviendo ahí”.

Su padre hizo un gesto afirmativo.  “Lo mismo pasa con la abuela.  Está atrapada dentro de un cuerpo que se cae en pedazos.  En el cielo ya no tendrá más dolor.  Y lo que es mejor, podrá estar con Jesús.  Un día, cuando Él resucite a todos los cristianos y restaure todo el mundo, tu abuelita tendrá un cuerpo que nunca enfermará ni morirá.  Son muchas las cosas buenas que nos esperan”.

“Sí”.  Filipo frotó el dedo de su pie en el piso del garaje.  “Es solo que no me gusta pensar en que ella se irá.  ¡En verdad la voy a extrañar!”

“Lo sé, yo también”, aseguró papá.  “La muerte de la abuela será difícil para todos porque la amamos y la echaremos de menos, pero no será difícil para ella en absoluto.  Al fin estará en casa con Jesús, donde volverá a ver al abuelo y a otras personas que ya se han ido al cielo.  Entonces, a pesar de que nos ponga tristes su partida, podemos estar felices por ella”.

Filipo asintió.  “Lo recordaré cuando me sienta triste”.  — MELISSA MONTGOMERY

LOS CRISTIANOS DO DEBEN TENER MIEDO A LA MUERTE

VERSÍCULO CLAVE: FILIPENSES 1:21

PUES PARA MÍ, EL VIVIR ES CRISTO Y EL MORIR ES GANANCIA .

¿Te da miedo la muerte?  ¿Tienes temor de morir?  Si confías en Jesús como tu Salvador, no debes tenerle miedo a la muerte.  Cuando mueras, irás a estar con Él.  Quizá alguien que amas recientemente falleció y se fue a estar con Jesús.  Está bien que te pongas triste y le eches de menos, pero consuélate al saber que está en el cielo, regocijándose en la presencia de Jesús.

Clave de Hoy
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