Un árbol cristiano

La época navideña había terminado oficialmente.  Varios árboles de Navidad con piezas olvidadas de escarcha habían sido ubicados en las aceras y esperaban ser recogidos para tirarlos.  De camino a su casa, después de visitar a sus abuelos, Maya y su hermano, Leonardo, los contaron.  “Ocho”, anunció Maya.

“Nuevo”, le corrigió Leonardo.  “Un hombre acaba de tirar otro por allá”.  Maya regresó a ver y asintió.

“Mamá, ¿sabes una cosa?”, comentó la niña.  “Mariela dice que su familia no cree en la Navidad ni en Jesús”.

“Qué triste”, opinó su madre.  “Siento mucha pena por ella”.

“¡Yo no!”, aseguró Leonardo.  “¡Ella es rica!”

“Sí.  Mariela tiene una casa grande y mucha ropa bonita.  Incluso tiene un celular propio nuevo”, afirmó Maya con una punzada de envidia.

“Puede que tenga muchas cosas”, explicó mamá, “pero personas como ella me recuerdan a esos árboles de Navidad que vimos pudriéndose en las aceras”.

Lucía no podía creer lo que acababa de oír.  “¡Mamá!  Mariela no se ve para nada como un árbol de Navidad seco.  ¡Es tan linda!”

“Sí, claro que sí”, señaló su madre.  “Nuestro árbol también se veía lindo, pero se estaba muriendo.  Empezó a morir el momento que fue cortado y separado de sus raíces.  Y todos debemos estar enraizados en Jesús, de lo contrario, estamos separados de Dios y de la vida eterna.  Puede que nuestras vidas parezcan espectaculares, pero la vida en la tierra dura poco.  Pero cuando estamos enraizados en Jesús, somos árboles firmes que siguen creciendo, año tras año.  Jesús nos da vida y nos hace crecer”.  Al llegar al garaje, mamá agregó: “Busquemos la manera de ayudar a Mariela y a su familia a entender quién es Jesús y oremos para que ellos confíen en Él como su Salvador”.

Maya asintió, pensativa.  “Tenía envidia de Madison, en lugar de sentir tristeza porque no conoce a Jesús.  Tengo que orar por ella y mostrarle Su amor.  ¡Quiero que sea un árbol cristiano bien plantado y con sus raíces en Jesús!”

“Yo también”, expresó su madre cuando salía del automóvil.  “No hay ninguna cosa en este mundo que pueda compararse con la bendición de conocer a Jesús.  Es por eso que debemos orar por los incrédulos y ayudarlos a ver el gozo que tenemos en el Señor”. — SUZANNE M. DALY

NO SIENTAS ENVIDIA DE LOS INCRÉDULOS

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 92:12

EL JUSTO FLORECERÁ COMO LA PALMA.

¿Sientes envidia de las personas que tienen cosas que tú quisieras tener?  Jesús nos dice que no envidiemos a los demás porque Él es el único que puede satisfacernos.  Si lo conoces, tienes mucho más de lo que este mundo puede ofrecer.  Sin Él, nuestras cortas vidas en la tierra se marchitan como los árboles de Navidad cortados sin sus raíces.  Confía en Jesús como tu Salvador.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).  Luego ora por quienes no Lo conocen y muéstrales la vida que Él te ha dado.

Clave de Hoy
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