Tenemos un recibo

Bella siguió a Jasón, su hermano mayor, hacia la puerta doble de la tienda que tenía una alarma cuyo sonido los confundió y asustó.

Un hombre fornido que usaba la placa de supervisión caminó rápidamente a donde estaban los hermanos y exigió examinar sus compras.  Bella se paró detrás de Jasón, para no ser vista por varios clientes curiosos que miraban en su dirección.  La niña anhelaba desesperadamente que ningún conocido la estuviera viendo.

Bella observó la compostura serena de su hermano.  Jasón sacó con clama una tira de papel de la bolsa y se la entregó al hombre.

“Ah”, dijo el supervisor.  “Nos olvidamos de quitar un rastreador.  Vengan por aquí”.

El hombre quitó los dispositivos de seguridad y entregó las compras nuevamente a los hermanos.  “Lamento mucho lo sucedido”, expresó con una sonrisa.  “Ya pueden salir”.

Bella se escabulló afuera de la tienda y se sentó rápidamente en el asiento del pasajero del viejo automóvil de Jasón.  “¡Qué vergüenza!  ¿Qué tal si alguien creyó que somos ladrones?”

Jasón se encogió de hombros.  “¿A quién le importa?  Si alguien lo piensa, no significa que sea verdad.  Teníamos el recibo”.

Bella torció los ojos.  “Hermanos.  ¡Nunca entienden nada!”

Al día siguiente, en el grupo de jóvenes, Bella habló a solas con Carla.  Ella era una amiga muy leal… seguramente entendería.  Bella relató el embarazoso incidente.  “¿No te parece que es completamente vergonzoso?”, se quejó.

Carla asintió empáticamente, pero no respondió como Bella esperaba.  “No importa lo que otros pudieran imaginarse, su recibo probaba que ustedes realmente hicieron la compra.  Es como lo que dijo el pastor Tomás la semana pasada”.

“¿De qué predicó el pastor la semana pasada?”, preguntó Bella.

“Oh, es cierto, estuviste enferma”, recordó Carla.  “¿Sabías que, después de la resurrección de Jesús, Dios envió al Espíritu Santo para vivir dentro de Sus seguidores?  El pastor Tomás dijo que el Espíritu Santo es como nuestro recibo, ¿entiendes?, porque Jesús compró nuestra salvación en la cruz.  Entonces, cuando alguien trate de hacernos sentir vergüenza por las cosas que ya nos han sido perdonadas, tenemos el ‘recibo’ que demuestra que Dios ya nos perdonó y que Le pertenecemos a Él.  No tenemos que escuchar a nadie, ni siquiera a nuestros propios pensamientos, si no se alinea con la verdad de lo que Dios ha hecho por nosotros”.

“Oh, guau”, fue lo único que Bella pudo responder.

Carla sonrió.  “¿Cierto?  ¡Dios te ama tanto que te dio un recibo que nadie puede perder ni quitártelo, el Espíritu Santo!”  —  PEARL ALLARD

EL ESPÍRITU SANTO ES NUESTRO RECIBO

VERSÍCULO CLAVE: EFESIOS  1:13 (NTV)

CUANDO CREYERON EN CRISTO, DIOS LOS IDENTIFICÓ COMO SUYOS AL DARLES EL ESPÍRITU SANTO, EL CUAL HABÍA PROMETIDO TIEMPO ATRÁS.

¿Hay alguien que te haga sentir vergüenza por cosas que hayas cometido en el pasado?  ¿Te sientes culpable por los pecados que ya confesaste?  Si Le perteneces a Jesús, Él no solo te ha perdonado, sino que te ha dado el Espíritu Santo como garantía de que tu salvación fue comprada para siempre.  No escuches a otras personas ni a tus propios pensamientos, si te dicen que no has recibido el perdón.  Como un recibo, el Espíritu Santo es la prueba de que eres un hijo o hija de Dios que ha recibido Su perdón.

Clave de Hoy
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