Ten cuidado de lo que dices

“Mi mamá dijo que yo sí podía regar su planta”, dijo Teodoro a su hermano, mientras se dirigía al invernadero con una taza de agua.  Pero el niño tropezó y la taza se le resbaló de las manos.  El agua se regó encima de Jonás, quien estaba con su tableta en la mesa de la cocina.

“¡Mira lo que hiciste!”, gritó Jonás.  “¡Me mojaste!  ¡Y también hay agua en mi tableta!  ¡Eres un torpe y un menso!”

“Lo siento”, expresó Teodoro, pero Jonás respondió con otro insulto para su hermano.

“Fue un accidente, Jonás, y Teodoro dijo que lo sentía”, advirtió su mamá severamente.  “Deja de insultarlo”.

“Jonás siempre está insultando a la gente”, señaló Evelyn, frunciéndole el ceño a su hermano.  “En este día ya me ha insultado al menos tres veces”.

“Yo me encargo de esto, Evelyn”, indicó la madre.  “Tú y Teodoro, vayan a jugar”.  Cuando los niños se fueron, la mamá se dirigió a Jonás.  “Parece que es muy fácil para ti decir insultos a la gente. ¿Te gustaría que te ayude para que dejes ese hábito?”  Jonás miró al piso e hizo un gesto afirmativo.  La madre tomó un marcador y dibujó una cruz en la mano de Jonás.  “Esto te ayudará a recordar que le perteneces a Jesús”, explicó.  “Cuando lo veas, piensa en cómo Él te ama tanto y ama tanto a los demás, que murió en una cruz, y luego confía en que Él te ayudará a mostrar Su amor a otros a través de las cosas que dices”.

Esa tarde, Jonás y su amigo Aarón practicaban trucos con la patineta en la vereda.  “¡Oh, no!”, exclamó Jonás cuando Evelyn salió.  Tal como lo imaginaba, ella se interpuso en su camino.  “Cuidado, tú…”, comenzó a decir Jonás, pero entonces notó la cruz en su mano y se mordió la lengua para no lanzar el insulto que estaba a punto de salir de su boca.  “Por favor, ten cuidado por dónde vas”, dijo en lugar de eso.

Un poco más tarde, una vecina llegó dando zancadas al jardín.  “Sus patinetas hacen demasiado ruido.  ¡No puedo leer en mi casa con tanto ruido!”

“¿Qué tal si te…?”  Jonás se detuvo y miró su mano.  “Lo siento.  Trataremos de hacer menos ruido”.

“Debiste haberle enviado de regreso con un insulto”, opinó Aarón después de que la vecina se fue.

“Sí tenía ganas, pero…”  Jonás miró nuevamente su mano.  “Luego recordé que tengo a alguien que me ayuda a tener cuidado de lo que digo”. – VERA M. HUTCHCROFT

GUARDA TU BOCA

VERSÍCULO CLAVE: SALMO 141:3

SEÑOR, PON GUARDA A MI BOCA; VIGILA LA PUERTA DE MIS LABIOS.

¿Qué clase de cosas salen de tu boca?  ¿Tus palabras comunican el amor de Jesús a otros?  ¿O son crueles y llenas de enojo?  Cuando te sientas tentado a atacar o a insultar a otros, recuerda que no tienes que ceder al pecado porque Jesús te salvó de su dominio.  (Incluso podrías dibujar una cruz en tu mano para que te ayude a recordar).  Luego confía en que Él te ayudará a elegir palabras que muestren Su amor a los demás.

Clave de Hoy
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