Su vida por la mía

“¿Por qué Jesús permitió que lo mataran si realmente era Dios?”, preguntó Braulio al líder de su grupo de jóvenes.  “¡No entiendo!”  El señor Cabezas hizo su mejor esfuerzo para explicarle, pero Braulio siguió creyendo que no tenía sentido.

Unas semanas más tarde, Braulio acompañó al grupo a acampar en un parque nacional.  Antes de salir, se reunieron con el señor Dávalos, el guardabosques.  Él les contó sobre su trabajo e incluso les permitió subir a la torre de vigilancia donde regularmente hacía observaciones para evitar la presencia de incendios.  Luego los chicos y el señor Cabezas salieron de ahí y se dirigieron a las profundidades del bosque.

Al día siguiente, el grupo se despertó con el olor del humo en el aire.  “Debe haber un incendio en algún lugar”, dijo el señor Cabezas, mientras trataba de llamar al oficial del parque, sin éxito, porque no tenía señal en su teléfono.  “No sabemos dónde es el incendio”, les indicó a los jóvenes con una mirada de preocupación, “y si empezamos a movernos, podríamos estar acercándonos al fuego”.

“¡Miren!”, exclamó Braulio.  “¡Un helicóptero!”

Los chicos gritaron de alegría mientras el helicóptero descendía y se estacionaba en su campamento.  En pocos minutos, todos estaban adentro y fueron llevados a un lugar donde estarían sanos y salvos.

Mientras los jóvenes contaban, emocionados, acerca de su escape, un comisario entró al sitio.

“¿Dónde está el señor Dávalos, el guardabosques?”, preguntó uno de ellos.  “¿Pudo ver dónde estábamos desde la torre de vigilancia?”

El comisario asintió, con tristeza.  “Él observó su campamento y llamó por radio a su ubicación, justo antes de que un árbol en llamas cayera sobre la torre”.

Braulio ahogó un grito.  “¿Está diciendo que él… murió?  Pero ¿por qué no se bajó antes?”

“Él se rehusó a salir antes de que ustedes fueran localizados”, explicó el comisario.  “Él se quedó para salvar las vidas de ustedes, pero no pudo salvar su propia vida.  Si no lo hubiera hecho… bueno, no estarían aquí”.  Braulio se quedó pasmado.

Más tarde, el mismo día, el señor Cabezas platicó con Braulio.  “¿Lo que pasó con el señor Dávalos te ayuda a entender por qué Jesús estuvo dispuesto a entregar Su vida por nosotros?”, preguntó el señor Cabezas.  “Él pudo haber elegido no morir, pero entonces no podíamos haber sido salvos por nuestro pecado.  Él murió en nuestro lugar porque nos ama… ¡y luego resucitó!  Todos los que confían en Él como su Salvador vivirán con Él en el cielo para siempre”.

“Sí… ahora lo entiendo”, respondió Braulio con una voz temblorosa.  “También quiero confiar en Él como mi Salvador”.JAN  L. HANSEN

JESÚS MURIÓ VOLUNTARIAMENTE POR TI

VERSÍCULO CLAVE: JUAN 10:17-18

YO DOY MI VIDA PARA TOMARLA DE NUEVO. NADIE ME LA QUITA, SINO QUE YO LA DOY DE MI PROPIA VOLUNTAD.  

¿Sabías que Jesús sacrificó Su vida por la tuya?  No puedes salvarte a ti mismo, pero Jesús murió voluntariamente, para que puedas ser salvo y tengas vida eterna con Él.  ¿Has puesto tu confianza en Él como tu Salvador?  Si no lo has hecho, ¿qué tal si lo haces ahora mismo?  (Si deseas saber más sobre las Buenas Nuevas, haz clic aquí).

Clave de Hoy
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