Solo la concha

“¡Mira, papá!  ¡Ahí hay una grande!”  Arturo apuntó una concha grande que estaba incrustada en la arena. 

El padre se acercó para analizar el hallazgo de su hijo.  Era una concha en espiral y tenía una abertura en la parte de abajo.

“¡Ten cuidado, papá!”, advirtió Arturo.  “He visto fotografías de ese tipo de conchas.  Creo que ahí viven los cangrejos ermitaños.  Si hay uno ahí, ¡podría lastimarte con sus tenazas!”

Su padre recogió la concha.  “Esta no es peligrosa”, aseguró.  “Está vacía.  Mira, no hay nada adentro.  Solo es una concha”.  Él la sostuvo en alto y la volteó para que Arturo pudiera ver cómo era.  “A lo mejor hubo alguna vez un cangrejo aquí adentro, pero llega un momento en la vida del cangrejo cuando sale de ahí, deja su concha y busca una más grande para vivir”.

Arturo tomó la concha que le entregó su papá y la examinó.  “Entonces, ¿el cangrejo que vivía en esta concha ahora tiene un nuevo hogar?  Sería genial que la gente pudiera hacer lo mismo”.

Papá rio.  “Bueno, de cierta manera sí hacemos lo mismo.  ¿Te acuerdas de lo que platicamos cuando falleció tu abuelito, de cómo se fue al cielo para estar con Jesús?”

El niño asintió en silencio.  Todavía extrañaba a su abuelo, que había muerto unos meses antes.  “Me costó entenderlo porque lo vi en su ataúd durante el funeral”.

“Sí”, afirmó su padre, “pero se parece mucho a esta concha que acabas de encontrar.  El cangrejo de esta concha ya no está, solo queda su caparazón.  El abuelo también se fue.  Ahora está con Jesús y su concha, es decir, su cuerpo, se quedó aquí.  Pero, del mismo modo que los cangrejos ermitaños necesitan sus conchas, Dios nos creó para que tengamos cuerpos.  Llegará el día en que Jesús le devolverá su cuerpo a tu abuelito, pero será un cuerpo perfecto que nunca se enferma ni muere”.

Arturo miró la concha que tenía en la mano.  “Cuando vi al abuelo en el funeral, solo estaba viendo su caparazón, ¿verdad?”

Papá asintió.  “Hay veces en las que todavía nos sentimos tristes porque lo extrañamos, pero es maravilloso saber que el abuelito está seguro y feliz con Jesús, y que un día Jesús restaurará los cuerpos de todos los que confían en Él, incluyendo el abuelo”.  —  RUTH I. JAY

TU CUERPO ES UNA CONCHA

VERSÍCULO CLAVE: 2 CORINTIOS 5:8

PREFERIMOS MÁS BIEN ESTAR AUSENTES DEL CUERPO Y HABITAR (ESTAR PRESENTES) CON EL SEÑOR.

¿Alguno de tus amigos o parientes cristianos ha muerto recientemente?  Es normal que te sientas triste porque los echas de menos, pero recuerda que ahora esa persona está con Jesús.  Su cuerpo se quedó en la tierra, pero su alma está en el cielo con el Señor.  Un día, cuando Jesús regrese para hacer nuevas todas las cosas, ¡Él dará a los cristianos cuerpos perfectos que durarán para siempre!

Clave de Hoy
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