Sir Braulio

Braulio observaba fijamente la lluvia que caía a cántaros por la ventana de la sala.

“¿Qué tienes en la mente, hijo?”, preguntó su padre.

“Solo pienso en los dones espirituales.  Creo que no tengo ninguno”, confesó el niño.

Papá se quedó pensativo.  “A ver, piensa en las cosas que te llenan de energía y gozo.  ¿Hay algo que te fluya de manera natural?”

Antes que Braulio pudiera contestar, su madre, empapada y chorreante, entró salpicando agua por la puerta principal de la casa.  “¡Me olvidé las compras en el automóvil!”, exclamó.

“Yo voy por ellas”, ofreció el niño, que se levantó de un brinco y corrió en medio de la lluvia.

En la noche, el padre encontró a Braulio en su habitación, leyendo sobre caballeros y héroes de la Edad Media.  “Oye, hijo, creo que tengo una idea de cuál es tu don espiritual…  eres bueno para ayudar”.

El niño se encogió de hombros.  “Pero eso no es nada especial”.

“Es especial para Jesús”, aseguró papá.  “Él te dio ese don.  Y fue especial para tu mamá también: la ayudaste para que no tuviera que salir otra vez a la lluvia.  También ayudaste a nuestros vecinos y a muchas otras personas”.

“Sí, pero quisiera tener una tarea más importante, como ser un caballero”, respondió Braulio.  “¿Sabías que los caballeros hacían la promesa de servir a su rey y a su país? ¡Tenían una ceremonia especial y todo!”

“Bueno, ¿qué tal si tenemos nuestra ceremonia especial para nombrarte caballero según tu don espiritual?”, sugirió su padre.

Braulio lo pensé.  “Está bien”, acordó, “pero tengo que ponerme de rodillas”.  El niño tomó un perchero y se lo entregó a papá.  “Podemos usar esto como si fuera una espada”.

“Tú eres el experto”, bromeó su padre, y luego agregó: “¿Crees que este perchero está cansado de cargar abrigos?”

“¡Papááá!”, se quejó Braulio.

El padre aclaró su garganta, se puso serio y habló con autoridad.  “Braulio, cuando uses tu don espiritual de ayudar a otros, estarás sirviendo a Jesús, que es el Rey de reyes y Señor de señores.  Él te concedió ese don para que puedas mostrar Su amor a otros y darle gloria”.

Papá tocó suavemente con el perchero ambos hombros de su hijo.  “Te nombro caballero, Sir Braulio, el Ayudador.  Ahora levántate, caballero, y avanza en el nombre de Dios”.

El niño se levantó lentamente y compartió una sonrisa con su padre.  Ya no era “Braulio, el que no tiene don espiritual”.  Era Sir Braulio, el Ayudador.  —  KELLY HOPE

SIRVE A DIOS CON TUS DONES ESPIRITUALES

VERSÍCULO CLAVE: 1 PEDRO 4:10 (NTV)

DIOS, DE SU GRAN VARIEDAD DE DONES ESPIRITUALES, LES HA DADO UN DON A CADA UNO DE USTEDES. ÚSENLOS BIEN PARA SERVIRSE LOS UNOS A LOS OTROS.

¿Cuál es tu don espiritual?  La Biblia dice que si conoces a Jesús como tu Salvador, has recibido un don espiritual para glorificar a Dios y ayudar a otros a conocerlo.  Haz una lista de las cosas que te dan gozo cuando las realizas.  Si todavía no estás seguro de cuál es tu don, ¡no te preocupes!  Sigue sirviendo a otros y confiando en que Dios te ayudará a utilizar el don que Él te ha dado.

Clave de Hoy
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