Sin duda alguna

—Mamá —le dijo Evaristo—, ¿puedo caminar con la señora Cruz a la tienda? Yo le ayudo a cargar sus compras a la casa.

La señora Cruz era una vecina de la tercera edad a la que Evaristo ayudaba con frecuencia. Su madre rio.

—Qué amable eres —bromeó porque sabía que la señora Cruz a menudo invitaba a Evaristo a tomar un helado en el camino de regreso.

Mientras el niño caminaba junto a su anciana vecina, él le conversó sobre sus planes de verano.

—Espero que no estés tan ocupado como para no asistir a la escuela bíblica de vacaciones —comentó la señora Cruz—. Cuéntame, Evaristo, ¿eres cristiano? —preguntó cuando llegaron a la heladería.

Evaristo se encogió de hombros.

—Espero que sí —respondió—. Supongo que sí —el niño eligió un cono de helado bañado en chocolate—. Gracias, señora Cruz.

Al salir de la heladería, entró uno de los amigos de Evaristo, llamado Nacho. Él sonrió al ver el cono de Evaristo.

—Así que hoy comerás chocolate, ¿eh?

Para sorpresa de Evaristo, la señora Cruz contestó en su lugar.

—Él espera que sí —ambos niños la miraron, confundido—. Al menos eso supone.

Nacho se encogió de hombros y cambió su atención para elegir un sabor de helado.

—¿Por qué dijo eso, señora Cruz? —preguntó Evaristo cuando salieron, antes de lamer con gusto su helado—. Tengo helado de chocolate… no lo espero ni lo supongo.

La señora Cruz rio.

—Eso fue absurdo de mi parte, ¿verdad? Casi tan absurdo como cuando dijiste que esperas y supones que eres cristiano —ella hizo una pausa para que el niño meditara en esas palabras—. Evaristo —continuó la señora Cruz—, cuando tienes algo, como un helado o la salvación en Jesús, no tienes que esperar o suponer que lo tienes. Lo tienes o no. La pregunta es, ¿crees que Jesús es el Hijo de Dios y que Él te ama, que murió y resucitó para salvarte? ¿Confías en Él como tu Salvador?

—El verano pasado le pedí que me perdone y que me salve —respondió Evaristo después de pensarlo bien—. Pero a veces siento que debería hacer algo más.

—Si confías en Jesús, Dios ya te ha perdonado y tienes vida eterna, sin ninguna duda —le aseguró la señora Cruz—. Dios es fiel y Su Palabra es verdadera. La salvación no depende de cómo te sientes ni de lo que haces, sino de nuestro Dios Todopoderoso.

HAZEL W. MARETT

PUEDES SABER QUE ERES SALVO

VERSÍCULO CLAVE: 1 JUAN 5:12

EL QUE TIENE AL HIJO TIENE LA VIDA, Y EL QUE NO TIENE AL HIJO DE DIOS, NO TIENE LA VIDA.

¿Alguna vez has tenido dudas de tu salvación? ¿Esperas que tus pecados ojalá estén perdonados, pero no lo sabes? Puedes saberlo y estar seguro. No depende de tus esfuerzos ni de cómo te sientas. Jesús pagó el precio para salvarte. Confía en Él como tu Salvador. Dios es fiel y cumplirá Su promesa de perdonar. Él te limpiará de todos tus pecados y te dará vida eterna. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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