¡Salvados!

Kawi sonreía mientras el sol se reflejaba en el agua en su lugar favorito junto a las cascadas.  Al niño le encantaban el ruido que hacía el chorro de agua al golpear las rocas y la risa de los muchos niños que visitaban las cascadas cuando iban de vacaciones con sus familias.  La atención de Kawi se enfocó en un niño pequeño, que tenía aproximadamente la mitad de su edad, quizá de unos cinco o seis años, que tenía el cabello dorado.  Kawi se acomodó su cabello oscuro y meneó los pies en el agua fresca.

Kawi levantó la mirada y gritó de la sorpresa al ver que el pequeño se tropezaba al borde de la cascada.  Como era del lugar, Kawi sabía que esa no era el área en la que uno debía saltar al agua.  Milagrosamente, el niño se había agarrado de una raíz en medio de las cascadas y se aferró a ella con más fuerza que un mono araña.  Pero la implacable caída del agua le haría perder su agarre en poco tiempo.  Kawi gritó a todo pulmón y agitó sus brazos con fuerza, para tratar de alertar a los adultos que estaban cerca, pero sus gritos eran ahogados por el rugido de las cascadas.

Sin vacilar un minuto más, Kawi se lanzó a la cascada, detrás del pequeño.  Un fuerte dolor atravesó su pie cuando aterrizó en una roca afilada que sobresalía del agua, pero eso no importaba… ¡tenía que salvar al niño!  Kawi rodeó la diminuta cintura del pequeño con su brazo y se las arregló para esquivar la caída del agua para no ser arrastrados al fondo de las cascadas.

Al llegar a la poza de agua, al instante a ambos niños los rodearon los adultos que se dieron cuenta de lo ocurrido y fueron en su ayuda.  Una mujer que sollozaba apartó al pequeño de los brazos de Kawi y envolvió a los dos niños con una toalla.

—¡Gracias!  ¡Mi hijo pudo haber muerto!  ¿Cómo pudiste ser tan valiente?

Kawi sonrió.

—Hace dos años, un amigo mío me contó sobre Jesús.  Él me ama tanto que fue tan valiente para morir en una cruz y así tomar el castigo por todo lo que yo he hecho mal… ¡y después resucitó de la tumba!  Decidí poner mi confianza en Jesús y ahora Lo sirvo a Él.  Soy valiente porque Jesús está conmigo.

El niño pequeño puso su mano en el brazo de Kawi y susurró:

—Jesús te salvó a ti… ¡y tú me salvaste a mí! 

SAVANNAH COLEMAN

SOLO JESÚS TIENE EL PODER PARA SALVAR

VERSÍCULO CLAVE: ROMANOS 10:9 (NVI)

SI CONFIESAS CON TU BOCA QUE JESÚS ES EL SEÑOR Y CREES EN TU CORAZÓN QUE DIOS LO LEVANTÓ DE ENTRE LOS MUERTOS, SERÁS SALVO.

¿Crees que necesitas que alguien te salve?  Todos pecamos cuando hacemos cosas malas, y el pecado nos separa de Dios.  por eso, Dios envió a Su Hijo, Jesús, para tomar el castigo por nuestros pecados.  ¡Al confiar en Él, nos convertimos en hijos de Dios y recibimos en regalo gratuito de la vida eterna!  Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.  La única forma de salvarnos es a través de Él.  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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