Que no se apague el fuego

—¡Acampar es tan divertido! —gritó Elías mientras asaba un malvavisco en la fogata.

—Sí —afirmó Jazmín—.  Quisiera que no tuviéramos que volver mañana a casa.  Papá, ¿no nos podemos quedar hasta el domingo?

—Temo que no —contestó su padre—.  Me comprometí a ayudar a servir el café y los bocadillos en la iglesia el domingo.

Elías suspiró.

—Me parece que siempre tenemos que regresar rápido a la casa y dejar de hacer cosas divertidas para que podamos ir a la iglesia el domingo.  No veo por qué es tan importante que vayamos todas las semanas.

—Mmm —murmuró papá mientras tomaba un largo palo para empujar un pedazo de leña y apartarlo del fuego—.  Observa qué pasa con este leño mientras terminas con tus malvaviscos y después hablaremos de la iglesia.

—Se va a apagar —indicó Elías, y tenía razón.  Cuando los niños terminaron de comer sus golosinas, él apuntó el pedazo de leña—.  Sabía que dejaría de arder.

Su padre asintió.

—Cuando sacamos una brasa del fuego, esta pierde su brillo y su calor, y lo mismo puede pasarles a los cristianos que no se reúnen regularmente con otros creyentes.  Adorar a Jesús y aprender sobre Él con otros cristianos nos ayuda a sentir el calor de Su amor.  La iglesia nos ayuda a brillar con la luz de Jesús al recordarnos que le pertenecemos a Él.

—Pero mucha gente ya está viejita o enferma, y no puede ir a la iglesia —comentó Jazmín—.  ¿Eso significa que ellos perderán su brillo y su calor?

—Buena pregunta —admitió papá—.  Creo que el Señor provee otras formas de mantener vivo el fuego en esas brasas, si no pueden ir.  ¿Se te ocurre alguna?

—Bueno, escuchar sermones por internet podría ayudar —sugirió Elías—.  Nuestra iglesia transmite el culto de la mañana para que quienes no puedan asistir escuchen de todas maneras.

—Leer la Biblia y orar también ayudaría —expresó Jazmín—.  Todos debemos pasar tiempo con Jesús a solas.

—Y a veces, cuando estamos de vacaciones, solemos tener nuestro propio culto familiar —aseguró Elías—.  Cantamos y leemos juntos la Biblia, y hablamos sobre Dios.

El padre asintió.

—Sí, todas esas cosas ayudan para que no se apague el fuego en las brasas y que nuestra fe siga brillando.  Pero los que sí podemos asistir a la iglesia no deberíamos caer en el hábito de faltar —papá empujó el leño para volver a meterlo en la fogata—.  Necesitamos el calor y la luz que nos ofrece el estar con el pueblo de Dios.  —  LOUISE CUNNINGHAM

ASISTE REGULARMENTE A LA IGLESIA

VERSÍCULO CLAVE: HEBREOS 10:25 (PDT)

ALGUNOS ESTÁN FALTANDO A LAS REUNIONES, Y ESO NO ESTÁ BIEN. REUNÁMONOS PARA ANIMARNOS UNOS A OTROS.

¿Vas regularmente a la iglesia?  Es una parte importante de la vida cristiana.  La iglesia es donde los creyentes pueden adorar juntos a Dios, animarse unos a otros en su fe y orar unos por otros.  Es donde tus hermanos en Cristo pueden recordarte del amor de Dios, para que juntos puedan hacer brillar Su luz en el mundo.  No dejes que se apague el fuego de tu fe.  Asiste a la iglesia para que tu fe brille con fuerza.

Clave de Hoy
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