Por el desagüe

—¿Quieres ir a nadar ahora, Lorena? —le preguntó Melisa después del almuerzo. Su prima había venido a pasar la semana con ella.

—Niñas, pueden irse a nadar después de ayudar a lavar los platos —indicó la madre de Melisa—. No les tomará mucho tiempo. Solo tienen que enjuagarlos y ponerlos en la lavadora de platos. Después de eso, limpien el mesón, la mesa y el fregadero, y entonces podrán hacer lo que deseen.

—Está bien —contestó Melisa mientras llevaba la vajilla al fregadero—. ¡Qué asco! —exclamó cuando dejó los platos—. Hay lechugas mojadas y cáscaras de papas en el fregadero. ¡Guácala!

—¡Sí, y también hay fideos y pedacitos de carne molida! —agregó Lorena.

—¡Mamá! —refunfuñó Melisa—. ¿Puedes, por favor, limpiar el fregadero?

Su madre rio.

—Quería enjuagar todas esas cosas antes de comer, pero obviamente me olvidé. Lo haré ahora mismo y dejaré que el triturador de basura se encargue de los residuos.

—Gracias —expresó Lorena—. ¡No hay nada peor que la basura en el fregadero!

—Eso no es cierto —opinó la madre con una sonrisa—. ¡El pecado es mucho peor!

—Oh, no —Melisa sonrió—. ¡Mientras esperamos, vamos a escuchar un sermón!

La madre volvió a reír.

—Sí —afirmó—. Ustedes dicen que no soportan mirar el fregadero hasta que haya lavado la basura. Bueno, el pecado es tan malo que Dios no soporta mirarlo. Tuvo que ser lavado por la sangre de Jesús.

—Aun si hacemos nuestro mejor esfuerzo por ser buenas y tratamos con todas nuestras fuerzas de no hacer cosas malas, eso no nos hace lo suficientemente buenas para Dios, ¿verdad? —preguntó Lorena.

Mamá negó con la cabeza.

—Todas las buenas obras que hagamos no compensan las cosas malas que hemos hecho. Es más, la Biblia dice que cuando tratamos de hacernos buenos a través de nuestros propios esfuerzos, las cosas buenas que hagamos son como trapos de inmundicia ante los ojos de Dios. La única manera en que nuestros pecados pueden ser lavados es confiar en Jesús —la madre abrió el grifo del agua—. Así como yo estuve dispuesta a lavar el fregadero y empujar la basura por el desagüe con el agua, Jesús voluntariamente derramó Su sangre cuando murió en la cruz para lavar nuestro pecado. Necesitamos que Él nos limpie. Solo así podremos ser buenos ante los ojos de Dios y seremos capaces de compartir Su bondad con quienes nos rodean, por medio de nuestras acciones.

Lorena sonrió.

—Me alegra que Jesús haya lavado la basura de mi pecado cuando puse mi confianza en Él.

Melisa asintió.

—¡A mí también!

SARA L. NELSON

DIOS ABORRECE EL PECADO

VERSÍCULO CLAVE: HABACUC 1:13 (PDT)

TUS OJOS [DE DIOS] SON DEMASIADO PUROS COMO PARA MIRAR EL MAL. SERÍAS INCAPAZ DE OBSERVAR LA MALDAD.

¿Crees que eres muy bueno? Según los estándares humanos, puede que seas bueno. Pero la verdad es que, según los estándares de Dios, eres un pecador. Dios aborrece el pecado, pero te ama y ha abierto un camino para que tu pecado pueda ser lavado. Confía en Jesús para que quedes limpio del pecado, y Él te hará bueno ante los ojos de Dios. (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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