Personas que parecen palomitas de maíz

—¡Estas palomitas de maíz están tan deliciosas! —exclamó Avelina mientras se servía el maíz reventado que su maestra de escuela dominical había hecho para su clase en la cocina de la iglesia—.  Son mucho más sabrosas que las palomitas de microondas.  Creo que podría comerme toda la olla.

—Yo también —afirmó Emma.

—¡Ay! —se quejó Carlota, justo cuando su maestra les pedía a los niños que se reunieran—.  ¡Acabo de morder un maíz quemado y duro!

—Lo siento, Carlota —expresó la señorita Jiménez—.  Pero ahora veamos una lección corta, antes de regresar con sus padres al auditorio —la maestra hizo una pausa mientras los niños se sentaban y después preguntó— ¿Quién sabe qué es lo que marca la diferencia entre los granos duros de palomitas, como el que mordió Carlota, y los deliciosos que disfrutamos todos?

—Eh… los granos buenos se reventaron, pero los otros, como el que mordió Carlota, no reventó —contestó Gerardo.

—Correcto —aseguró la señorita Jiménez—.  ¿Tienen alguna idea de por qué esos granos no reventaron?

Los niños pensaron en la razón.

—En realidad, no lo sé —admitió Emma—.  El calor los hace reventar, pero todos se calentaron, ¿verdad?

La maestra asintió. 

—Sí, todos se calentaron igual y algunos de los granos respondieron al calor, pero otros, no.  Y de eso quiero hablarles hoy, cómo las personas son parecidas a las palomitas de maíz. 

Los niños miraron a su maestra, sorprendidos.

—¿Las personas parecen palomitas de maíz? —preguntó Avelina—.  No entiendo.

—Los granos de maíz necesitan ser cambiadas —explicó la señorita Jiménez— y las personas también.  Las palomitas cambian cuando responden al calor.  ¿Qué creen ustedes que cambia a las personas?

—Yo sé —indicó Carlota—.  ¡Jesús!  Somos cambiados cuando nos hacemos cristianos, ¿cierto?

—Así es —respondió la maestra—.  Las personas que escuchan el mensaje del amor de Dios y la salvación y confían en Jesús son cambiadas.  Jesús llena sus corazones con Su amor y se convierten en personas nuevas.  Pero aquellos que oyen el evangelio y rechazan su mensaje son como los granos duros que no revientan, que sintieron el calor, pero no respondieron —ella miró a su grupo—.  El amor de Dios es como el calor de la estufa.  Él ama a todas las personas y nos ofrece a cada uno el regalo de la vida eterna a través de Su Hijo, Jesús.  Es mi oración que cada uno de ustedes sean como las palomitas de maíz reventadas, que respondan al amor de Dios y pongan su fe en Jesús.  —  JAN L. HANSEN

RESPONDE AL EVANGELIO

VERSÍCULO CLAVE: 2 CORINTIOS 5:17 (NTV)

TODO EL QUE PERTENECE A CRISTO SE HA CONVERTIDO EN UNA PERSONA NUEVA. LA VIDA ANTIGUA HA PASADO; ¡UNA NUEVA VIDA HA COMENZADO!

¿Has respondido al mensaje del evangelio, a las Buenas Nuevas de que Jesús murió y resucitó, para que puedas recibir la salvación y tener vida eterna?  ¿O sigues sin cambiar, duro y sin ceder?  Cuando pones tu fe en Jesús, te conviertes en una persona nueva.  No endurezcas tu corazón hacia el mensaje del gran amor de Dios por ti.  ¡Confía en Jesús hoy mismo!  (Haz clic aquí para que conozcas las Buenas Nuevas que Dios tiene para ti).

Clave de Hoy
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